-----------------------------f- abril 2016 ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

sábado, 30 de abril de 2016

DISPOSICIONES FINALES DEL FÜHRER

TESTAMENTO PERSONAL Y ÚLTIMA VOLUNTAD.

Como consideré que no debía aceptar la responsabilidad, durante los años de conflicto, de contraer matrimonio, ahora he decidido, antes de concluir mi carrera en la tierra, tomar en matrimonio a la mujer, quien después de muchos años de fiel amistad, entró a la sitiada ciudad por su propia voluntad, con el propósito de compartir su destino conmigo.  Por su propio deseo, ella irá a la muerte como mi esposa.  Eso nos compensará, por lo que ambos perdimos por mi trabajo al servicio del pueblo.

Lo que poseo, pertenece en su debido grado al Partido.  Si este ya no existe, al Estado; si el Estado también es destruido, no hace falta una última decisión mía.

Mis pinturas, de las colecciones que he comprado durante el curso de los años, nunca fueron coleccionadas con propósitos privados, sino como una extensión de la galería de mi casa en Linz a.d. Donau.

Es mi más sincero deseo que este legado sea debidamente ejecutado.

Designo como mi Albacea, a mi más fiel camarada del Partido, Martin Bormann. A él le doy mi máxima autoridad legal, para que tome todo lo que tenga un valor sentimental o que les sea necesario para mantener una vida modesta y simple a mis hermanos y hermanas, sobre todo también para la madre de mi esposa y mis colaboradores que son bien conocidos por él, principalmente, mis secretarias sin igual, Frau Winter, etc. quienes por muchos años me ayudaron en mi trabajo.

Yo, personalmente, y mi esposa, para escapar a la deshonra de la deposición o capitulación, hemos escogido la muerte.  Es nuestro deseo que seamos incinerados inmediatamente, en el lugar donde he llevado a cabo la mayor parte de mi trabajo diario, en el curso de doce años al servicio de mi pueblo.

Dado en Berlín, el 29 de Abril de 1945 a las 4:00 AM.





TESTAMENTO POLÍTICO

Desde 1914, cuando como voluntario realicé mi modesta contribución a la guerra mundial impuesta al Reich, han pasado ya más de 30 años. En estas tres décadas, sólo el amor que siento hacia mi pueblo y la lealtad que me inspira han guiado mi persona y mis pensamientos, mis actos y mi vida. Me ha dado la fuerza necesaria para tomar las decisiones más graves jamás impuestas a un mortal. He agotado todo mi tiempo, mis energías y mi salud en estas tres décadas. No es cierto que yo o cualquier otra persona en Alemania deseáramos la guerra en 1939. Ésta sólo la deseaban y la instigaron aquellos estadistas internacionales que eran de origen judío o bien trabajaban para los intereses judíos. Yo he realizado numerosas propuestas de limitación y control de armamentos que la posteridad no podrá negar eternamente para que la responsabilidad de haber iniciado la guerra recaiga sobre mí. Además, nunca he deseado que, después de la primera y trágica guerra mundial, hubiera una segunda contra Inglaterra, por no decir Norteamérica. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y nuestros monumentos artísticos, el odio volverá a crecer de nuevo hacia las personas en última instancia responsables, hacia aquellos a quienes tenemos que agradecer todo esto: el pueblo judío internacional y aquellos que lo ayudan.

Tan sólo tres días antes del estallido de la guerra germano-polaca, le sugerí el embajador británico en Berlín una solución para el problema alemán similar a la adoptada para el distrito de Saar, bajo control internacional. Tampoco esa oferta se puede negar. Su rechazo se debió únicamente a que las personas que tienen una influencia decisiva en la política británica deseaban la guerra, en parte porque esperaban ventajas comerciales, en parte por la influencia de la propaganda organizada por los judíos internacionales. También dejé claro que si, volvía a contemplarse nuevamente a los pueblos de Europa como meros accionistas de los conspiradores internacionales del dinero y las finanzas, entonces las personas verdaderamente culpables de esta guerra asesina tendrían que responder por ello: los judíos. Tampoco dejé ninguna duda de que esta vez no debía suceder que millones de hijos de las naciones europea y aria murieran de hambre, que millones de hombres adultos fallecieran y cientos de miles de mujeres y niños fueran abrasados y bombardeados hasta la muerte en las ciudades, sin que los verdaderos responsables pagaran por su culpa, aunque fuera de una forma más humana.

Después de seis años de “lucha” que, a pesar de todos los reveses, pasarán a la historia como una de las manifestaciones más gloriosas y valientes del deseo de supervivencia de una nación, no puedo abandonar la ciudad que es la capital de mi país. Dado que nuestras fuerzas son demasiado pequeñas para seguir oponiéndose al ataque enemigo en este lugar y dado que el valor de la resistencia personal está viéndose reducido y tergiversado por la actuación de personas sin principios, deseo que, al permanecer en esta ciudad, mi destino se sume al que millones de otras personas han asumido también el suyo.

Además, no quiero caer en manos de unos enemigos que, para entretenimiento de las masas alimentadas por la propaganda del odio, esperan un nuevo espectáculo organizado por los judíos. Por lo tanto, he decidido permanecer en Berlín, y en este lugar, escoger la muerte voluntaria en el momento en que crea que la sede de la oficina del Führer y a la vez Canciller no pueda seguir siendo defendida. Muero con el corazón lleno de alegría consciente de las inconmensurables acciones y gestas de nuestros soldados en el frente, de nuestras mujeres en casa, de los logros de nuestros campesinos y obreros y de la contribución, única en la historia, de las juventudes que llevan mi nombre.

No hace falta decir el agradecimiento que, en el fondo de mi corazón, siento hacia todos ellos, y que es mi deseo que, a pesar de todo, no abandonen la lucha bajo ninguna circunstancia, sino que sigan batallando contra los enemigos de la Patria allí donde estén, fieles a los principios del gran Clausewitz. Del sacrificio de nuestros soldados y de mi propia camaradería con ellos hasta la muerte, de una u otra forma, un día crecerán en la historia de Alemania las semillas de un glorioso renacimiento del movimiento nacionalsocialista y, por lo tanto, de la realización de una verdadera comunidad nacional.

Muchos hombres y mujeres de gran valor han decidido que su vida dependa de la mía hasta el final. Les he pedido y, finalmente, ordenado que no lo hagan, y que sigan adelante con la lucha de la nación. Pido a los comandantes de los ejércitos, de la armada y de las fuerzas aéreas que refuercen de todas las formas posibles el espíritu de resistencia de nuestros soldados en el espíritu del nacionalsocialismo, poniendo especial énfasis en el hecho de que yo mismo, como fundador del movimiento, también he preferido la muerte a una cobarde huida o, peor aún, una capitulación.

Que un día pase formar parte del código de honor del oficial alemán, como ya lo forma del de nuestra armada, el principio por el cual la rendición de un distrito o o una población resulte impensable y por el que, por encima de todas las cosas, los líderes deban dar brillante ejemplo de devoción a su tarea hasta la muerte.

Antes de morir, expulso al antiguo mariscal del Reich Hermann Goering del partido y lo privo de todos los derechos de que pueda gozar en virtud del decreto de 29 de junio de 1941, y también en virtud de mi proclama en el Reichstag el 1 de septiembre de 1939. Nombro en su lugar al Gran Almirante Doenitz presidente del Reich y Comandante supremo de las fuerzas armadas.

Antes de morir, expulso al anterior jefe de las SS del Reich y Ministro del Interior, Heinrich Himmler, del partido y de todos su cargos estatales. En su lugar nombro al Gauleiter Karl Hanke como jefe de las SS y de la Policía alemana, y al Gauleiter Paul Giesler ministro del Interior del Reich.

Goering y Himmler han causado un daño inconmensurable al país y a toda la nación, al negociar en secreto con el enemigo sin mi conocimiento y contra mi voluntad, y al intentar hacerse ilegalmente con el poder del Estado, por no hablar del acto de deslealtad hacia mi persona. Para dar al pueblo alemán un gobierno compuesto de hombres honorables, un gobierno que cumpla su cometido de continuar la guerra con todos los medios disponibles, nombro como líderes de la nación a los siguientes miembros del nuevo gabinete:
Presidente del Reich: Doenitz
Canciller del Reich: Doctor Goebbels
Ministro del Partido: Bormann
Ministro de Asuntos Exteriores: Seyss-Inquart
Ministro del Interior: Gauleiter Giesler
Ministro de la Guerra: Doenitz
Comandante en jefe del Ejército: Schoerner
Comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas: Greim
Jefe de las SS y de la Policía Alemana: Gauleiter Hanke
Economía: Funk
Agricultura: Backe
Justicia: Thierack
Educación y Culto Público: Doctor Scheel
Propaganda: Doctor Naumann
Finanzas: Scwerin-Crossigk
Trabajo: Doctor Hupfauer
Municiones: Saur
Líder del Frente de los Trabajadores Alemanes y miembro de Gabinete del Reich: ministro del Reich Doctor Ley.

Aunque alguno de estos hombres, como Martin Bormann o el Doctor Goebbels, etc., junto con sus esposas, se han sumado a mi iniciativa por voluntad propia y no quieren abandonar la capital del Reich bajo ningún concepto, sino que están dispuestos a perecer aquí conmigo, debo pedirles, sin embargo, que obedezcan mis exigencias y que, en el caso presente, antepongan los intereses de la nación a sus propios sentimientos. Con sus obras y su lealtad seguirán estando cerca de mí después de mi muerte como camaradas, igual que espero que mi espíritu siga entre ellos y siempre los acompañaré. Que sean duros, pero no injustos; sobre todo, que no permitan nunca que el miedo se convierta en consejero de sus actos y que estimen el honor de la nación por encima de todo lo demás en el mundo. Por último, que sean conscientes del hecho de que nuestra tarea de edificación de un estado nacionalsocialista es obra de los siglos venideros y que ello impone a todas las personas la obligación de servir siempre al interés común y subordinar a él su propia ventaja. A todos los alemanes, todos los nacionalsocialistas, hombres, mujeres, a todos los soldados de las fuerzas armadas, les pido que sean fieles y obedientes hasta la muerte al nuevo gobierno y a su presidente.

Sobre todo, encargo a los líderes de la nación y a las personas a su mando que observen escrupulosamente las leyes raciales y que se opongan sin piedad al envenenador universal de todos los pueblos: los judíos internacionales.

Berlín, 29 de abril de 1945 
4 h 00 minutos Adolf Hitler







viernes, 29 de abril de 2016

30 DE ABRIL - LA MUERTE DEL FÜHRER.




La muerte de Adolf Hitler, se produjo el 30 de abril de 1945. Hitler se suicidó por medio de un disparo en la cabeza junto a su esposa, Eva Braun, que recurrió al envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso.

En 1992, la publicación de los registros mantenidos por la KGB soviética y por la FSB rusa confirmó la versión ampliamente aceptada de la muerte de Hitler, como fue descrita por el historiador británico Hugh Trevor-Roper; sin embargo, los archivos rusos no muestran lo que sucedió con el cadáver de Hitler.

Horas finales.

Hitler estableció su residencia en el búnker de la Cancillería el 16 de enero de 1945, desde donde ejerció la presidencia de un Tercer Reich atacado en todos los frentes por sus enemigos. Para finales de abril, las fuerzas soviéticas habían entrado en Berlín y estaban librando una lucha hacia el centro de la ciudad, donde se encontraba la Cancillería.

Hitler desde los inicios de la guerra había comprometido su palabra de honor de obtener la victoria o morir en el intento. Siempre había despreciado a los políticos que en noviembre pactaron la rendición, a los que popularmente se les conocía como “los criminales de noviembre”. En varias ocasiones manifestó su decisión ya tomada de compartir el destino final, en caso de derrota, de los soldados alemanes que habían muerto en la contienda, a quienes consideraba sus camaradas de armas.

Tres días antes de su muerte, era ya evidente para el Führer que cualquier expectativa de reacción y contra ataque debía ser descartada y que la derrota era inminente. Enfrentado a los hechos le solicitó al médico Werner Haase que le recomendara un método confiable de suicidio. Haase le sugirió combinar una dosis de cianuro seguida de inmediato con un balazo en la cabeza. Hitler tenía una reserva de cápsulas de cianuro que había obtenido por medio de las SS.

Es un hecho incuestionable que la resistencia física del Führer se encontraba muy disminuida. Estaba enfermo, tenía graves problemas digestivos, y el atentado de 20 de junio de 1944 le había dejado secuelas que se agravaban con los esfuerzos sobre humanos que le exigía la conducción de la guerra.  Muchos historiadores hablan de un quiebre emocional de Hitler en las horas previas a su suicidio, sin embargo el testimoni de secretarias y edecanes contradice esta afirmación. Es obvio que Hitler se vio afectado por lo que consideró desde su perspectiva, una traición por parte de Himmler o del Mcal. Göering. Pero más allá de la indignación que pueda haber sentido, todos son acordes en afirmar que estaba espiritual y racionalmente muy sereno. Su determinación de morir no era algo nuevo, sino un compromiso asumido mucho tiempo antes. A su vez las noticias sobre el linchamiento de Mussolini y la profanación por las turbas comunistas de su cadáver, lo reafirmaron en lo acertado de la decisión.

En la medianonoche del 29 de abril de 1945, Hitler se casó con Eva Braun en una pequeña ceremonia civil en el interior del Búnker, teniendo como testigos a Magda y Joseph Goebbels, con la presencia de Traudl Junge, su secretaria, quien preparaba lo necesario para el testamento político. Antony Beevor sostiene que, después de tomar un modesto desayuno de bodas con su esposa, Hitler llevó a su secretaria Traudl Junge a otra habitación y le dictó su última voluntad y testamento. La redacción duró algo más de dos horas y se prepararon cuatro copias, que salieron inmediatamente a sus destinos. Firmó estos documentos a las 04:00 y luego se retiró a dormir.

El final

Al amanecer del 30 de abril de 1945, Hitler pidió reunir a todo el cuerpo médico y se despidió de él, ante la estupefacción y sollozos de los presentes. Según Junge, Hitler quedó contemplando pensativo un cuadro de Federico el Grande en su despacho y luego a continuación ordenó que el personal que no fuese indispensable abandonara el Búnker. Hizo llamar a Otto Günsche y a Heinz Linge, sus ayudantes, y les dio estrictas instrucciones de cómo debían actuar en el momento del suicidio y qué hacer con su cuerpo y el de Eva Braun. Günsche inició los preparativos y llamó a Erich Kempka, el chófer de Hitler, para que de inmediato subiera bidones de gasolina hacía la salida del jardín de la cancillería.

Hacia el mediodía, se reunió con sus secretarias y almorzó silenciosamente una comida basada en pastas; luego se despidió de cada una de ellas. Posteriormente se despidió de la familia Goebbels, sin hacer caso a las peticiones de Magda Goebbels de que no se suicidase.

Hacia las 15:30 horas, Hitler y Eva Braun se reunieron frente a la sala de mapas contigua al despacho privado y se despidieron de sus edecanes, Heinz Linge y Otto Günsche, quienes cerraron la puerta; un par de minutos después se escuchó un solo disparo ahogado.

Los edecanes esperaron unos 15 minutos y encontraron a Hitler doblado sobre sí mismo en un sillón, con una pistola Walther PPK de 7,65 mm caída de su mano derecha y con un hilo de sangre manchando la cara del líder. Eva Braun no alcanzó a percutir su arma y estaba tendida a lo largo del diván con los ojos aún abiertos; el efecto del cianuro no le permitió el uso del arma.

Linge relató de primera mano lo que vio en el despacho de Hitler:
“Cuando abrí la puerta de su habitación, me encontré con una escena que nunca olvidaré: a la izquierda del sofá estaba Hitler, sentado y muerto. A su lado, también muerta, Eva Braun. En la sien derecha de Hitler se podía observar una herida del tamaño de una pequeña moneda y sobre su mejilla corrían dos hilos de sangre. En la alfombra, junto al sofá, se había formado un charco de sangre del tamaño de un plato. Las paredes y el sofá también estaban salpicados con chorros de sangre. La mano derecha de Hitler descansaba sobre la rodilla, con la palma mirando hacia arriba. La mano izquierda colgaba inerte. Junto al pie derecho de Hitler, había una pistola del tipo Walther PPK calibre 7,65 mm. Al lado del pie izquierdo, otra del mismo modelo, pero de calibre 6,35 mm. Hitler vestía su uniforme militar gris y llevaba puestas la insignia de oro del Partido, la Cruz de Hierro de Primera Clase y la medalla de los heridos de la Primera Guerra Mundial; además, llevaba puesta una camisa blanca con corbata negra, un pantalón de color negro, calcetines y zapatos negros de cuero”.  
Heinz Linge.
Destino final de sus restos.

De inmediato los asistentes de Hitler sacaron ambos cuerpos envueltos en una alfombra. Linge y Günshe transportaron el cuerpo de Hitler en la alfombra, mientras que Martin Bormann y Erich Kempka trasladaron el cadáver de Eva Braun. Los cadáveres fueron subidos hacia el patio de la Cancillería del Reich, siendo depositados en un agujero de obús; Otto Günsche roció ambos cuerpos con unos 200 litros de gasolina sacada de los automóviles que aún se hallaban en los sótanos de la Cancillería. Ante la imposibilidad de acercar una cerilla a causa del fuerte viento, Bormann elaboró una antorcha que prendió y se la pasó a Erich Kempka, con lo cual éste pudo poner fuego a los cadáveres. Estaban presentes Joseph Goebbels y otros dignatarios.

La caída de obuses del Ejército Rojo en el patio impidió a los edecanes seguir en el exterior, por lo cual no pudieron supervisar que los restos se consumieran completamente; ante ello, los jefes allí presentes optaron por enterrar ambos cadáveres, aunque debido a las prisas del momento sólo lograron hacerlo superficialmente.

Cuando el 1 de mayo el almirante Karl Dönitz anunció por radio la muerte de Hitler en su búnker, Stalin mostró escepticismo y formuló presión directa a la NKVD y al jefe de ésta, Lavrenti Beria, para que las unidades de la NKVD en Berlín hallasen los presuntos restos de Hitler en el plazo más breve posible. Una unidad especial soviética de la SMERSH se encargó de una exhaustiva búsqueda en la Cancillería del Reich y allí lograron encontrar los cadáveres de Hitler y Eva Braun el 9 de mayo. Las piezas dentales de ambos cráneos se hallaban intactas y fueron comparadas con archivos dentales suministrados por una ayudante del dentista de Hitler; asimismo se realizaron interrogatorios detallados a todos los edecanes y ayudantes capturados en el Führerbunker, con lo cual los hallazgos de la SMERSH quedaron ratificados.

De todos modos, el gobierno de la Unión Soviética no divulgó mayor información sobre la muerte de Adolf Hitler, e inclusive Stalin negó ante diplomáticos estadounidenses tener alguna certeza de la muerte de Hitler. El régimen stalinista consideró conveniente mantener dudas sobre el cadáver del Führer como arma de propaganda durante la Guerra Fría, acusando a los gobiernos de EE. UU. y Gran Bretaña de ocultar un presunto "escape" de Hitler hacia España o Sudamérica, sea en un submarino o bajo una identidad falsa. Esta incertidumbre, aumentada por el hecho que el gobierno soviético rehusaba dar información detallada sobre el cadáver de Hitler o el de Eva Braun, desencadenó toda suerte de mitos sobre el destino final de Hitler que perduran hasta el día de hoy.

Tras la muerte de Stalin en 1953, la política oficial de la URSS se basó en mantener dudas sobre la muerte de Hitler, en línea con la propaganda del régimen, aunque en 1969 un periodista soviético logró publicar un libro detallado sobre el destino de los cadáveres del Führer y su esposa.

Revelaciones tras el fin de la URSS.

Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 se permitió el acceso de investigadores extranjeros a los archivos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, pero éstos no arrojaron nuevas informaciones en tanto el destino final de los restos de Hitler seguía siendo calificado como información de alto secreto. Paulatinamente, documentos desclasificados de la KGB permitieron reconstruir lo sucedido, y acreditar que la NKVD sí descubrió e identificó los restos de Hitler pocos días después de cesar la Batalla de Berlín, junto a los restos de la familia Goebbels.

Las autoridades de la NKVD ordenaron llevar los restos a un cuartel de la propia NKVD en la ciudad de Magdeburgo (en territorio de Alemania Oriental), junto a los restos de la familia Goebbels, y en febrero de 1946 los enterraron en cajas de madera dentro de un jardín del cuartel. Sólo la máxima jerarquía de la NKVD (y de su sucesora, la KGB) sabían el contenido de esas cajas, así como su ubicación precisa.

En 1970 la KGB cedió el control de sus instalaciones de Magdeburgo al gobierno de la República Democrática de Alemania, pero antes de ejecutar el traslado el primer ministro soviético Yuri Andrópov envió desde la URSS un equipo especial de la KGB a Magdeburgo para destruir secretamente los cadáveres enterrados allí en 1946. Tras desenterrar las cajas en abril de 1970, los agentes soviéticos quemaron los restos de cadáveres que encontraron dentro, y luego trituraron las cenizas, arrojándolas inmediatamente después al río Biederitz, un tributario del Elba.

La leyenda sobre su huida.

Hemos visto cómo los principales artífices de la leyenda sobre un posible escape de Adolf Hitler fueron los soviéticos, que pretendían de esa forma endilgar a sus socios capitalistas, la intención de protegerlo.

Esta acción de contra inteligencia y desinformación se enmarcó primero en la Guerra Fría, pero la sobrepasó al poco tiempo, comenzando a actuar en otros niveles del gran combate que se libra en el mundo. Los principales interesados en mantener la versión de un Hitler que huyó, son los judíos. De esta forma logran desmitificar la figura del Führer. Ya no se trata de un líder que muere con su pueblo, sino de un hombre que en su ruindad, deja a su pueblo en la estacada y huye en procura de su propia seguridad.

La sobrevivencia del Führer les habría venido muy bien a los judíos y a Israel para mantener temor a un   resurgimiento “nazi”, que justifique medidas represivas, disfrazadas como preventivas.

Los rumores que cada tanto surgen sobre la huida de Adolf Hitler pretenden simplemente descalificar su figura. Empequeñecerla como héroe histórico del pueblo alemán y como guía de toda nuestra raza.
Hitler con su suicidio cumplió su palabra de no sobrevivir a una derrota. ¿Alguien  que se llame nacionalsocialista, puede pensar que habría sido capaz de escapar dejando a quien fuera su hombre más fiel y mejor amigo, Joseph Goebbels, a su esposa Magda y a sus hijos, a los cuales amaba y que lo llamaban “tio”, para que murieran en el búnker?

Un nacionalsocialista que duda sobre la muerte del Führer es igual a un cristiano que piensa que Cristo no murió en la cruz. Es exactamente la misma situación. Una contradicción en sí misma.

Desde estas páginas inclinamos nuestras banderas como muestra de respeto y admiración hacia el hijo más grande de nuestra raza: Adolf Hitler.
¡Sieg Heil!

Este artículo fue publicado originalmente el 30 de abril de 2016.


LA COMPARTIMENTACIÓN COMO FORMA DE PROTEGER LA SEGURIDAD DE NUESTRA ORGANIZACIÓN.


Existen tres elementos en los que debemos hacernos expertos a la hora de decidir trabajar en forma clandestina: 
  • La creación de células operativas, 
  • La estructura general organizativa y 
  • La compartimentación.

En estas líneas trataremos el tema de la compartimentación y en próximas los dos restantes, aunque en realidad es muy difícil separar uno del otro.

Empecemos por entender qué es compartimentación.

En asuntos relacionados con la inteligencia militar, tanto del sector público como privado, la compartimentación de información da a entender que hay un limitado acceso a determinada información para personas que tienen que saber directamente dicha confidencia para llevar a cabo ciertas tareas.

El principio básico para la compartimentación es que si muy pocas personas conocen los detalles de una asignación o cometido, el riesgo o probabilidad de que dicha información pueda ser comprometida o que caiga en manos de la oposición se reduce. Así pues, existen diversos niveles de autorización dentro de las organizaciones (en este caso, las agencias de inteligencia). No obstante, aunque alguien tenga la más alta autorización, cierta información impuesta a determinados documentos bajo las palabras "Eyes Only" o "Sólo para ser leído" pueden estar restringidos para determinados operadores, incluso de rango inferior.

En la administración de inteligencia, los oficiales creen que es útil mantener una estrecha vigilancia sobre los "métodos y fuentes" de información para poder evitar la revelación de las personas implicadas y sus actividades, cuyas vidas pueden estar en peligro si tal información se desclasificara públicamente o si cayera en manos de la oposición.

Cuando decidimos organizar una organización clandestina, nos encontramos ante una necesidad ineludible: la de establecer vías adecuadas de comunicación. Sin una comunicación eficiente, la organización se verá resentida en su funcionamiento, en su capacidad de acción, de reacción y respuesta, en su crecimiento y en definitiva en su seguridad.

Por ello debemos establecer un sistema que permita la comunicación necesaria entre sus elementos. Aquí aparece la palabra clave: necesaria. Cada integrante de la Organización, debe tener claro que no integra un club social. Que no se une a la misma para conseguir nuevos amigos, una novia, una esposa o para salir los fines de semana a tomar cerveza o ir a ver un partido de fútbol. Se une a la Organización para llevar adelante la Revolución Nacionalsocialista cuyo objetivo es asegurar el futuro de nuestra raza.

Por tanto la comunicación entre los miembros de la misma debe ser la justa y necesaria para asegurar la consecución de sus objetivos y siempre debe estar explicitada por la jerarquía correspondiente.

Es así que aparece el concepto de compartimentación, que proviene como la palabra lo dice, de “compartimientos”, o sea de lugares separados y aislados. La compartimentación se adopta para dotar de la mayor seguridad posible al conjunto de la Organización. Implica por ello que el contacto físico, verbal, teléfónico o por la web o cualquier otro medio de comunicación entre los miembros de la misma sea el mínimo posible.

De la misma forma, se debe limitar aún más el conocimiento personal entre los miembros de la Organización. Cuanto menos sepa uno de los otros, menor será el daño que la Organización sufrirá, en el caso de que un miembro sea detenido por el enemigo.

La intensidad de la compartimentación será mayor, cuanto mayor sea la persecución que la oposición haga de nuestra Organización. Esto, como veremos, puede llegar a niveles donde la seguridad afecte la eficacia de la misma, pero aún en esa instancia, serán las jerarquías, la que deberán ponderar la situación y tomar las decisiones que consideren correctas.

Cuanto mayores son las medidas de seguridad y compartimentación, más difícil se hace establecer las comunicaciones y ello causa una inercia hacia el quietismo que puede llegar a impedir a la Organización responder a una situación determinada. Pero repetimos, ese es un tema que el militante de base, o el jefe de célula no debe analizar, sino mantenerse en una estricta disciplina esperando que sean los órganos jerárquicos los que den solución a la cuestión.

Cuando los militantes realizan su actividad en la clandestinidad, aunque las mismas sean actividades legales, deben como primer elemento evitar el trato social con sus camaradas de grupo o célula.  Solamente deben reunirse para la planificación, ejecución o control de las actividades que se les encomienden y deben luego seguir su vida habitual, tratando de ser las personas más anónimas que sea posible. Un camarada comprometido en una acción clandestina debe renunciar a hacer pública su ideología. Eso sólo lo podrán hacer aquellos que sean designados para trabajar en las estructuras públicas de la Organización. Por tanto deberá de abstenerse de todo tipo de acción que pueda identificarlo como nacionalsocialista, como por ejemplo: posts en internet, conversaciones con amigos, incluso con familiares, etc. Si su función dentro de la Organización es la actividad clandestina, esta se da de narices con la función de captación de nuevos adeptos y de proselitismo, que corresponde, como dijéramos, a las estructuras públicas o visibles de la Organización.

Por ello la compartimentación exige una disciplina muy fuerte, impuesta desde arriba, pero más fuerte aún, impuesta sobre sí mismo por cada miembro de la Organización. O sea, exige una gran autodisciplina. La misma no puede sino provenir de un total convencimiento sobre la idoneidad del método de trabajo, la aceptación del liderazgo organizacional y la posibilidad de que frente al quiebre de las normas disciplinarias, puedan ser aplicadas las sanciones más graves.

Es necesario entender que cuanto más grande se hace una Organización, mayor es su vulnerabilidad por cuestiones de seguridad. La aparente inacción del enemigo no debe llevar a alentar equivocadas sensaciones de seguridad. Los servicios de inteligencia estatales, así como los de determinadas organizaciones no estatales, se mueven con gran profesionalidad y son expertos en la infiltración de nuestras organizaciones. La historia así lo demuestra. El caso del NPD alemán, un partido político sin actividad clandestina proporciona la prueba más irrefutable. Fue llevado al Tribunal Constitucional para obtener la declaración de ilegalidad, en base a determinadas acciones que había realizado y que podían constituir delitos, pero se probó que los dirigentes que habían ordenado esas acciones, eran agentes de la Fiscalía Estatal infiltrados. ¡La infiltración había llegado a los niveles más altos y habían copado la dirigencia del partido!

Esto no debe desanimarnos en la acción, sino más bien por el contrario, animarnos a ser responsables y precavidos, disciplinados y metódicos en nuestra militancia. Lógicamente los que deben tener un mayor grado de estas cualidades, son los que integran la dirección jerárquica de la Organización, que son los que diseñan su estructura y los niveles de compartimentación adecuados.

Deberán tener en cuenta para ellos:
  • La naturaleza de las actividades que realizarán.
  • Los objetivos mediatos e inmediatos.
  • El ámbito geográfico de actuación.
  • Los recursos con que cuenten, tanto físicos como humanos.
  • El nivel de intensidad la acción represiva.

La estructura organizativa debe ser:
  • Conocida íntegramente sólo por la jerarquía máxima de la Organización.
  • Adaptable a distintas circunstancias.
  • Versátil: Capaz de poder sustituir sus estructuras unas con otras de forma rápida y eficiente.

Desde el punto de vista de la acción y realización de operaciones, la organización puede ser lineal, con una fuerte cadena de mando o estructurada en red. La conveniencia de la adopción de una u otra forma de organizarse, está condicionada por factores externos e internos. En una próxima nota explicaremos más profundamente estos dos modelos organizativos, que aceptan ambos, la compartimentación como modo de actuación.

La compartimentación no evita que nuestra Organización sea infiltrada por lo que vulgarmente se denomina “topos”, pero tiene la ventaja de limitar los daños de la misma. Quien se infiltra o quiebra la red de seguridad, sólo conocerá lo que el nivel de compartimentación  al cual se le haya permitido acceder.

Los elementos más débiles de toda Organización, no se encuentran en su modelo organizativo, sino en las personas. Sobre ellas hablaremos en un próximo artículo.

jueves, 28 de abril de 2016

28 DE ABRIL - A 72 AÑOS DE SU ASESINATO. WINSTON CHURCHILL EL VERDADERO ASESINO DE MUSSOLINI



El dictador italiano Benito Mussolini y su amante Clara Petacci intentaban salir del país con destino a Suiza. Eran los últimos días de la última gran guerra cuando Il Duce lo vio todo perdido. Su huida fue frustrada por un grupo de partisanos que reconocieron a la pareja, la fusilaron y la colgaron de unos ganchos para su exposición pública en Milán. Eso dicen los libros de historia. Pero un documental emitido el 29 de agosto  por la cadena RAI-3 puso en entredicho la versión oficial de la muerte del último César italiano.

No fueron los partisanos, sino agentes secretos británicos los que acabaron con la vida de Mussolini. Y lo hicieron cumpliendo una orden directa del mismísimo Winston Churchill. ¿De dónde sale ahora esta teoría? El documental emitido por la RAI, titulado “Mussolini, la última verdad” está basado en las investigaciones del ex espía estadounidense Peter Tomkins y la periodista italiana María Luisa Forenza. Pero también cuenta con un testimonio esencial: el del en aquel entonces octogenario Bruno Giovanni Lonati, el hombre que, según él mismo admite, apretó el gatillo que segó la vida del dictador el 28 de abril de 1945. Él fue quien disparó contra Mussolini y su compañero, un tal capitán John, asesinó a la amante de Il Duce.

Bruno Giovanni Lonati, finalmente, tenía algo más para agregar: si bien él efectivamente era un partisano y había disparado contra Mussolini, la orden de ejecución contra el dictador se la dieron directamente agentes del servicio secreto británico.

Esta confesión, que ha sido mantenida con firmeza por Lonati hasta su muerte, y avalada por algunos historiadores especializados en la II Guerra Mundial como el norteamericano Peter Tompkins, contradice la versión oficial que asegura que el autor de la muerte de Mussolini fue el partisano Walter Audisio, conocido como el 'coronel Valerio', junto a dos compañeros, Michele Moretti y Aldo Lampredi. En 2002 el periodista e historiador Luciano Garibaldi confimó la versión de Lonati gracias a nuevas pruebas publicadas en su libro “La pista inglesa. Quien mató a Mussolini y a Petacci” (Editorial Ares).

¿Por qué ese interés de Churchill de cerciorarse de la muerte de Mussolini cuando la guerra ya tocaba a su fin? Según el documental de la RAI, el líder británico tenía más cosas en común con el italiano de lo que a primera vista pudiera pensarse. Singularmente, un odio visceral al comunismo. Bajo esa premisa, Churchill y Mussolini habrían intercambiado correspondencia que, con la guerra a punto de acabar, el premier británico pretendía ocultar a cualquier precio.

Aquel 28 de Abril de 1945, todo se habría dado de "maravillas" para Churchill. Mussolini siempre viajaba con una valija cargada de su correspondencia más secreta y confidencial, también (obviamente) las cartas de Churchill. En aquella jornada se dio la chance de exterminar todo de un plumazo: Mussolini, su mujer y las cartas comprometedoras para el flemático e inmoral primer ministro inglés. Todo fue destruido. Y lo cierto es que, si las cartas existieron realmente, el primer ministro británico consiguió su objetivo porque de la supuesta bolsa con documentos confidenciales que Mussolini llevaba en el momento de su muerte, nunca más se supo. Incluso una investigación abierta hace veinte años por el Archivo del Estado Italiano para revisar documentos privados de los presidentes del país naufragó en su intento de localizar las misivas.

El documental relataba que, tras la efectiva acción de los dos agentes, los cadáveres del dictador y su amante habrían sido abandonados en un descampado y traslados posteriormente a la orilla del lago Como, donde los libros de historia situaban hasta ahora el fusilamiento.

Las revelaciones del anciano ejecutor del Duce, generaron opiniones a favor y en contra. Según informaba en su momento Efe, el historiador Aurelio Lepre, autor de una reciente biografía de Mussolini, ha mostrado su excepticismo sobre el asunto. sobre todo por sus dudas de que alguien tan listo como Churchill hubiera escrito cartas de su puño y letra al dictador italiano. El hecho es que las supuestas cartas que nadie ha visto son la clave de todo el tema.

Lo maquiavélico de los actos perpetrados por Winston Churchill, Primer Ministro británico durante los oscuros días de la segunda guerra mundial, no siempre han ocupado la primera plana de los diarios y mucho menos han sido los que más se han destacado en los relatos que hablan de lo que hizo o lo que dejó de hacer ese hombre que goza de gran reputación en la "historia oficial". Churchill fue un verdadero criminal, impulsó a Polonia a un enfrentamiento suicida con Alemania, fue el verdadero artífice del inicio de la Segunda Guerra Mundial, le tendió una trampa a Rudolf Hess en 1941, haciéndole creer que efectivamente estaba llevando adelante tratativas de paz, lo cual está expresamente previsto por la Ley Internacional como Crimen de Guerra. Fue el impulsor de los bombardeos terroristas y del ataque a submarinos alemanes que estuvieran auxiliando a náufragos. Todos su actos son los clásicos de un criminal de guerra. Debería haber sido el principal encausado en un Tribunal de Justicia por Crímenes de Guerra. 
Artículo publicado originalmente el 28 de abril del 2016.




miércoles, 27 de abril de 2016

HACIA UN VOLKSTAAT - EL PROYECTO ORANIA EN SUDÁFRICA.




N de R: Muchos camaradas son partidarios de la creación de comunidades blancas cerradas, como una solución a la pérdida de identidad cultural y racial. Esta nota, es un ejemplo de ello. No estamos seguros de que sea la solución final al peligro que se cierne sobre nuestra raza, pero considerarlo estratégicamente es necesario. También lo es informarnos sobre experimentos en marcha. América del Sur cuenta con muchos lugares donde los blancos podemos crear nuestras comunidades y cuantas más existan, mayor será la seguridad y fortaleza frente a ataques externos. 


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En base a “Alertadigital.com”.

Cuando Sudáfrica se hundía en el gobierno negro, nació Orania, una pequeña comunidad cerrada, que preserva la cultura y la lengua de los antiguos colonizadores europeos. Un lugar sólo para blancos.

“¿Se te hace extraño ver a blancos trabajando como albañiles?”. Robert se quita su gorra de estampado militar y se seca el sudor. “Sabrás que en Sudáfrica esto no es normal”, dice. Él y otros dos hombres construyen un muro de lo que será una casa unifamiliar. Cobran 180 rands al día, unos 13 euros. En Orania, un pequeño pueblo situado en el árido desierto del Karoo, sólo viven blancos. Fuera de sus límites es conocido como el pueblo de los racistas.

Si Henrik Verwoerd fue el arquitecto del apartheid y el hombre que encerró a Nelson Mandela, su yerno Carel Boshoff fue uno de los fundadores de Orania en 1991. Entonces, el régimen segregacionista sudafricano llegaba a su fin, y una parte de los afrikáners, blancos descendientes de los colonizadores europeos, reclamaban su Volkstaat, su Estado para el pueblo: una comunidad que preservase su cultura, lengua y religión al margen de la nación arco iris de Mandela.

“Los negros son más fáciles de mandar porque no discuten tanto”, se queja Strauss, uno de los constructores que emplean a trabajadores blancos por un bajo sueldo; sin embargo, eligió vivir en Orania “porque no hay negros”.

A través de una compañía creada para la ocasión, un grupo de afrikáners compró al gobierno sudafricano un terreno a orillas del río Orange. Allí, en una de las zonas más despobladas del país, los afrikáners, que representan el 5% de la población, podían ser mayoría en la región. Los compradores privatizaron y poblaron una zona árida, y hoy deciden quién puede vivir en Orania y quién no.


En busca de la paz

Más de dos décadas después, la comunidad blanca se ha consolidado. Lo que en un principio recordaba a una colonia se asemeja a un apacible camping eficientemente organizado. En Orania viven más de 1.100 personas, hay dos escuelas, bares, un pequeño centro comercial, una joyería, piscina y varias iglesias. Las calles están impecables, y los jardines se riegan a diario.

John Strydom y su mujer visten ropa de domingo. La iglesia a la que asisten es de confesión reformada neerlandesa, una antigua religión originaria de los Países Bajos. Después de la misa se sirve té y galletas de mantequilla. Antes de venir a Orania, Strydom se dedicaba a la medicina. Ahora, entre otras muchas tareas, gestiona las peticiones de residencia en el pueblo, que no son pocas: “Ahora mismo tenemos a 90 familias esperando respuesta”.

El mayor problema que afronta Orania es su crecimiento demográfico. La política de la comunidad sólo permite emplear a albañiles blancos, y los nuevos residentes tienen que esperar meses antes de poder ocupar una casa. En un país donde cada día se cometen 43 asesinatos, un lugar libre de violencia se vuelve atractivo: “Sudáfrica va camino de ser un Estado fallido, no funciona nada. Y eso se traduce en más afrikáners que quieren venir aquí”, cuenta Strydom.

Oficialmente, los requisitos para conseguir plaza son “abrazar la cultura afrikáner” y hablar la lengua afrikáans (mezcla de neerlandés, alemán, zulú y xhosa). Ser blanco es la condición no escrita.

Una nueva vida

Orania tiene moneda y bandera propias. El año pasado exportó nueces a China, y 27.000 turistas visitaron su resort con spa. La intención es seguir creciendo hasta conseguir una salida al mar. Más allá del proyecto político, hasta aquí llega gente en busca de algo más prosaico, como trabajo. En Orania el paro no existe.

Al centro de trabajo Elim acuden hombres blancos en busca de una nueva oportunidad. Hay tres normas: pagar la habitación, cero alcohol e ir a misa una vez a la semana. El centro es una fábrica de ciudadanos ejemplares para Orania.


Chrichton no tuvo problema en ser aceptado pese a no ser afrikáner. Aprendió la lengua y se enorgullece de que en Orania haya chicas leyendo la Biblia en los bancos: “Aquí todo el que quiera trabajar es bienvenido. Toda persona blanca, claro”. Primero, los residentes ocupan la habitación más pequeña y vieja. Conforme van trabajando, su salario mejora y pueden optar a una habitación mejor. Después de varios años consiguen un pequeño apartamento: la meta final es una lugar en la comunidad. La habitación de Sean Chrichton es una de las medianas. Fue empresario de éxito y, tras divorciarse de su mujer, abandonó su hogar y terminó en una misión religiosa. “Allí encontré a Dios, y un día me hablaron de Orania. Al día siguiente me subí a un autobús”, dice con un fuerte acento escocés. Antes llevaba traje a diario, aquí ha sido carnicero y obrero.

Fuera del Elim, Wimpie Strauss, que viste ropa de safari, recoge a algunos de sus trabajadores, que se sientan en la parte trasera de su pick-up. Strauss es uno de los constructores que dan trabajo, por un sueldo bajo, a los residentes del centro. Admite sin tapujos que vino a vivir aquí “porque no hay negros”. Sin embargo, le cuesta adaptarse a los trabajadores blancos: “Los negros son más fáciles de mandar porque no discuten tanto”.


Devoción y grietas

Atardece y la luz naranja lo abraza todo. La joven granjera Zoey, de 22 años, conduce su pick-up hasta un lugar sagrado para la comunidad. En lo alto de una colina, unos bustos de bronce colocados en semicírculo vigilan Orania: son las cabezas de los líderes afrikáners, llenas de tierra en polvo. Zoey las limpia con devoción: “Me encantaría poder hablar con ellos”, dice mientras aparta una telaraña de la oreja a Hendrik Verwoerd, ideólogo del apartheid.

“Orania no es un intento de volver al pasado ni de retrasar el reloj”, dice Carel Boshoff, quien, tras la muerte de su padre, el fundador, preside la comunidad.



El bar De Boer (“el granjero”) es el otro lugar de culto de Orania. Los Blue Bulls van perdiendo contra los Western Province. François aparta la mirada de la pantalla gigante después de que un jugador de su equipo reciba un duro placaje: “Los afrikáners que hay fuera todavía tienen trabajadores negros, como en el apartheid. Ellos son los conservadores. Nosotros, que tenemos nuestra propia fuerza laboral, somos los progresistas”. Marti, de 27 años, tercia: “Sudáfrica es un Estado fallido, y cuanto peor les vaya a ellos, mejor nos irá a nosotros. ¡Somos la salvación!”.

Al término del partido, empieza la música: canciones tradicionales afrikáners y Beyoncé. Jeff acaba de ser padre y lo ha estado celebrando. Habla del tiempo, de ovejas, de la calidad del agua. No le importa la política; ha venido a Orania porque cree que es un lugar seguro para sus hijos. De pronto, se levanta. Es un tipo grande y corpulento. Muestra unas cicatrices de bala en el torso. “¿Soldado?”. Niega con la cabeza. “¿Mercenario?”. Asiente. Jeff sigue al cronista al baño, cierra la puerta con pestillo y parece que se está pensando lo que va a decir. Respira hondo: “Por contarte esto alguien podría dispararme. Todo esto es una puta mentira”. Lo repite tres veces. “Aquí se odia a los negros, y si estás en contra de ello, te echan”, afirma.



En moto hacia el futuro.

Carel Boshoff sirve más café. Tras la muerte de su padre, hace cinco años, ostenta el cargo de presidente no electo de Orania. Vive en una villa a las afueras del pueblo, en una bonita casa con muebles antiguos y una doncella blanca. Aunque parece poco diestro en la cocina, se ha ofrecido a preparar un almuerzo. Está acostumbrado a que la prensa extranjera le visite para cuestionar su proyecto político. Huevos y tostadas con mermelada de naranja casera. El café y el queso los ha traído de su última visita a Amsterdam. De fondo, un disco de jazz fusión de una artista sudafricana de origen zulú. “Orania no es un intento de volver al pasado ni de retrasar el reloj. Nuestro sueño final es la independencia, el Volkstaat”, proclama.

Boshoff es un hombre de semblanza intelectual y entendido en filosofía. Es el encargado de hacer realidad el sueño que su padre inició en los noventa. Consolidados los cimientos de Orania, quiere dar más fuerza al motor que empuja la comunidad. “Mi próximo gran proyecto será una pequeña universidad”, señala.

Después del almuerzo, descubre su otra gran pasión: las motos. Se le dibuja una sonrisa cuando el tubo de escape de su Royal Enfield petardea. La ha desmontado decenas de veces pese a que le cuesta encontrar piezas originales en Sudáfrica. “Orania es esto, hacer tu propio trabajo. Hemos demostrado al mundo que eso es perfectamente viable”, explica.



Tras dos décadas de existencia en una Sudáfrica que lucha por dejar atrás la política del apartheid, que pese a las críticas internacionales convirtió al país en la única potencia africana, Orania es un elemento molesto y cada vez menos excéntrico. “Podríamos mejorar nuestra imagen exterior quitando los bustos de la colina –dice Boshoff–. Pero entonces también tendríamos que haber llorado la muerte de Nelson Mandela”.

DUR DEUTSCHES LAND -. CANCIÓN DE COMBATE DE LA SA


UNA MISMA MELODÍA PARA TRES CANCIONES.

DUR DEUTSCHES LAND es una canción de combate de la Sturm Abteilung. Hace referencia a la lucha por la tierra alemana, la lealtad a Adolf Hitler, el combate al judaísmo y al comunismo.

Se trata de una canción que exalta el valor del combate callejero, que amenaza con partir en dos al Frente Rojo y que previene sobre el hecho de que cuando las SA marchan, la calle debe estar libre, nada debe oponerse a su paso.

Las primeras apariciones de esta marcha de combate de la SA fueron registradas en Sajonia sobre el año 1929.

La melodía proviene de la canción militar titulada "Argonnerwald, um Mitternacht", escrita en 1915 y muy popular durante la  Primera Guerra Mundial. La misma habla del sentimiento de los combatientes, tanto del patriotismo y el heroísmo, como del dolor y la tristeza.

Durante la Segunda Guerra Mundial DUR DEUTSCHES LAND se entonó como marcha militar, bajo el nombre de “Im Osten nun marschieren wir”, o sea, “Ahora marchamos en el Este”. Se entona por los militares nacionalsocialistas que sirven en la campaña del frente soviético y oficia de recordatorio sobre los comienzos de la lucha nacionalsocialista y lo lejos que han llegado al cabo de los años en su lucha contra el comunismo.

La melodía original: "Argonnerwald um Mitternacht"


"Dur Deutsches Land"


La melodía en la canción militar "Im Osten nun marschieren wir"




martes, 26 de abril de 2016

SEGURIDAD INFORMÁTICA PARA LA ACCIÓN.



Si algo es necesario cuando emprendemos la realización de actividades discretas o clandestinas, es la seguridad informática, ya que el espionaje de esta naturaleza está cada vez más extendido en las distintas organizaciones que podemos considerar nuestras enemigas.

Les presentamos 10 consejos para aquellos que quieran realizar actividades de propaganda en forma segura. Es necesario adoptar un modo de vida comprometido con la seguridad y con la eficiencia, si queremos tener éxito en nuestra empresa. Debemos ser mejores que nuestros enemigos y a falta de recursos tecnológicos y económicos, la disciplina y el convencimiento son las armas que pueden proporcionarnos la diferencia entre la libertad y el encarcelamiento.

Por ello recomendamos:

1. Desactivar los servicios de localización de la cámara para que los investigadores no puedan determinar dónde fue hecha una imagen o
usar la aplicación Mappr o Photo GPS Editor para modificar la ubicación donde fue tomada la foto.

2. Usar teléfonos con encriptación como CryptoPhone o BlackPhone.

3. Usar el sistema operativo Tails. Este es un software que se puede instalar en prácticamente cualquier ordenador y su objetivo es preservar el anonimato y la privacidad. Provee herramientas para encriptar archivos, correos y servicios de mensajería.

4. Navegar a través de la red de Tor. Este mismo explorador es el usado para acceder a la Deep Web. Otro navegador sugerido es Aviator y una modificación de OperaMini llamada Yandex.

5. Para chatear, emplear Cryptocat, Wickr, PQChat, SwissCom y Telegram. No  se recomienda el uso de WhatsApp, por lo menos mientras no encriptó su información. Igualmente, teniendo en cuenta que pertenece a Facebook y por tanto al judío Zuckerberg, es mejor no usarlo.

6. Para enviar correos, acudir a herramientas como ProtonMail, HushMail y Tutanota Service. Para comunicaciones por voz, acudan a RedPhone y a Signal.

7. No usar Dropbox, en su lugar, acudir a servicios en la nube como Mega Service, SpiderOak, SugarSync y Copy.com

8. Usr VPN para encriptar la información e impedir que los proveedores de internet y las agencias de espionaje lean las comunicaciones. Se sugiere el uso de Telegram, Sicher y Freedome, una VPN de la empresa de seguridad filandesa F-Secure.

9. Se puede usar el sistema de mensajería de Apple, iMessage, pues se considera impenetrable para entidades externas.

10. Se recomienda usar TrueCrypt para encriptar los archivos de los computadores y dispositivos. Otras sugerencias: Bitlocker para Windows.