-----------------------------f- 10 DE OCTUBRE - 1946 - LA ÚLTIMA CARTA DE HERMANN GÖRING ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

martes, 10 de octubre de 2017

10 DE OCTUBRE - 1946 - LA ÚLTIMA CARTA DE HERMANN GÖRING



El 10 de octubre de 1946, Herman Göring escribió su última carta, dirigida al ex Primer Ministro británico Winston Churchill. Unas horas después de escribir esta carta, Göring, heroico piloto en la Gran Guerra y sucesor de Adolf Hitler, acabó con su vida, quitándoles a los aliados el placer de ejecutarlo en la horca.
Sr. Churchill: 
Usted hoy tendrá la satisfacción de sobrevivir a mí y mis compañeros de infortunio. No dudo en felicitarlo por este triunfo personal y la finura con la que lo ha logrado. Ha llegado muy lejos a fin de asegurar este éxito, para usted y Gran Bretaña. Si yo lo creyera a usted tan ingenuo como para considerar este éxito algo más que un espectáculo, en detrimento de el Gran Imperio Alemán, un show para el pueblo y sus aliados bolcheviques- judíos que fueron dirigidos por usted hacia la guerra, entonces lo declarado por mi durante la última hora de vida sería visto a los ojos de la posteridad como algo inmerecido.
Mi orgullo como alemán y como uno de los principales dirigentes responsables me prohíbe desperdiciar una sola palabra en una disputa de tanta importancia histórica y sobre la desgraciada bajeza de los métodos utilizados por los vencedores respecto a cómo han sido esos procedimientos hacia mi persona.
Sin embargo, como es la obvia y anunciada intención de los administradores de la ley de lanzar a el pueblo alemán al abismo de la ilegalidad y robarles de una vez y por siempre la posibilidad de defenderse a sí mismos quitando de en medio a los hombres responsables del estado nacionalsocialista, tendré que agregar unas cuantas palabras a la sentencia ya premeditada por usted y sus aliados.
Yo dirijo a usted estas observaciones, ya que es uno de los más informados sobre las verdaderas y ocultas razones de esta guerra y las posibilidades de haberla evitado, al menos de una manera tolerable al futuro europeo, y aún negó su testimonio y su juramento a su propio Tribunal Superior de Justicia. 
Por lo tanto, no voy a fallar, mientras que todavía hay tiempo, de llamarle frente al tribunal de la historia y dirigir mis palabras hacia usted, porque sé que ese mismo tribunal un día le expondrá como el hombre que con ambición, inteligencia y energía, ha arrojado el destino de las naciones europeas a los pies de potencias extranjeras.
En usted identifico ante la historia al hombre que tuvo la habilidad de derribar a Adolf Hitler y sus logros políticos, el hombre que, sin embargo, no tuvo la habilidad de elevar un escudo de protección contra la invasión de Europa por los asiáticos.
Fue ambición suya la de justificar el Tratado de Versalles con respecto a Alemania. Se demostrara fatal para usted haberlo conseguido. Usted personificó la endurecida obstinación de su antigua aristocracia, y también personificó la terquedad de su vejez, oponiéndose al último y gigantesco esfuerzo del rejuvenecido poder germano para decidir el destino de Europa en las estepas de Asia con el fin de salvaguardar ese futuro europeo. Mucho tiempo después de que mi responsabilidad haya encontrado su juez imparcial, se le cargara a su historial que el pasado sangriento de esta guerra -SGM- no habrá sido el último que tuvo que ser combatido en el continente para posibilitar la misma existencia de sus naciones.
Tendrá que responder por el hecho de que la sangrienta guerra de ayer será seguida por una aún mayor y que las naciones europeas no serán gobernadas en el Volga, pero en los Pirineos.
Es mi más ferviente deseo de que usted pueda vivir por lo menos para ver el día en que el mundo, y las naciones occidentales, en particular, se den cuenta de la amarga verdad de que era usted y su amigo Roosevelt quienes vendieron el futuro al bolchevismo a cambio de un barato triunfo personal sobre una Alemania nacionalista. Ese día puede llegar antes de lo que le gustaría, y que a pesar de su avanzada edad, será lo suficientemente vigoroso para ver un rojo amanecer sobre las Islas Británicas.
Estoy convencido de que le llevará todos los terrores inimaginables de los que escapó esta vez gracias a la buena suerte de la guerra, o bien a través del rechazo de la manera que Alemania condujo la guerra y a una completa degeneración de los métodos para combatir a gente de una misma raza. Mi conocimiento sobre el tipo y la cantidad de armas y proyectos de nosotros, que - gracias a su ayuda militar al Ejército Rojo - han caído en manos de ellos, me permite formar esta suposición.
No cabe duda de que - según acostumbra - pronto escribirá buenas memorias y lo hará cada vez mejor pues ya no hay nadie que le impida poner o quitar lo que usted guste.
Usted cree que es muy inteligente presentar esta verdad histórica a la astucia de un puñado de ambiciosos jóvenes abogados a fin de que la transformen en un rápido tratado dialéctico, a pesar de saber cómo británico y hombre de leyes que con esto la existencia de problemas entre los pueblos no se pueden resolver y juzgar, ni en el pasado ni en el futuro.
Tengo una muy bien fundada opinión de su poder y la astucia de su inteligencia como para creer que usted daba crédito a la propaganda vulgar con la que motivo a la guerra contra nosotros y con la que ha glorificado la victoria en un fantástico show.
Yo digo aquí y enfatizo como uno de los más altos militares, dirigentes políticos y económicos de el Gran Imperio alemán lo siguiente: Esta guerra no pudo ser evitada, porque la política de Gran Bretaña - bajo la influencia de su persona y aliados - persistieron constantemente para impedir los intereses vitales y desarrollo natural del pueblo alemán- llenos de una ambición senil para afianzar la hegemonía británica - prefirieron la Segunda Guerra Mundial a un entendimiento, ya que de nuestro lado intentamos una y otra vez conseguir algo beneficioso para las más importantes naciones de Europa.
Declaro una vez más y de la manera más enfática que la culpabilidad del pueblo alemán en esta guerra - en la que se vieron involucrados por usted - sólo consiste en tratar de poner fin a la eterna dificultad de su existencia como nación, que usted astutamente ha instigado.
Sería inútil ir con usted a cualquier controversia sobre las causas, las condiciones de retención y los motivos que llevaron en el transcurso de la guerra a las complicaciones políticas y militares y que sus abogados supieron tan bien como usarlas de una manera tendenciosa cargando los costos a él régimen nacionalsocialista. Las devastadas regiones de la cultura europea y sus tesoros robados aún hoy dan testimonio del amargo desdén y subestimación de ustedes hacia lo que grandes gentes en el pasado fueron capaces de hacer sacrificios para su existencia. El día de mañana van a declarar que por solo una fuerza avasalladora de ustedes se les pudo quitar sus derechos y llego su subyugación. El día después de mañana, los rusos serán testigos de la traición, que entregó Europa a los rojos asiáticos.
La Alemania que han conquistado se tomara venganza a través de su caída. Usted no ha producido ni una mejor política ni mostrado más valor que nosotros. Usted no ha ganado la victoria debido a mejores cualidades o la superioridad de su fuerza o estrategia, sólo lo consiguió después de seis años con el predominio de sus aliados. No crea que su victoria es todo eso que se le ha dicho al mundo. Usted y su mano pronto cosecharan los frutos de su arte político. Lo que usted como un cínico experimentado no nos reconocerá - es que nuestra lucha en el Este fue un acto urgente de legítima defensa, y no sólo para Alemania sino para toda Europa, y que los alemanes peleando esta guerra, que constantemente usted ha condenado, estaba justificados. Su aliado y amigo de hoy, Stalin, pronto se mostrara a usted y al Imperio Británico como lo que es.
Entonces usted va a experimentar lo que significa luchar contra este enemigo, y usted aprenderá que la necesidad no conoce ley, que no podrá luchar exitosamente contra Stalin usando tratados ni con el peso de Gran Bretaña y sus enanos europeos.
Usted ha declarado al pueblo alemán que la principal preocupación es la restauración de su modo de vida democrático. Pero no ha dicho una sola palabra sobre regresarle sus cimientos vitales y que se les ha negado a ellos estos últimos 25 años. Su nombre está escrito en todos los documentos esenciales de esta época de falta de comprensión hacia Alemania y celos hacia ella. Su nombre también aparecerá en donde se escriba el resultado con el que se ha impugnado a Alemania en lugar de la existencia de Europa.
Mi creencia en la vitalidad de mi pueblo no puede ser sacudida. Ellos serán más fuertes y vivirán más tiempo que usted. Sin embargo, me tranquiliza saber que indefensos en sus manos, ellos también pertenecen ya a las victimas desafortunadas que gracias a la victoria aliada no se dirigen a un futuro de trabajo progresivo que los lleve a lograr una meta común con inteligencia. Pero más bien se dirigen a la más grande catástrofe de su historia compartida.
No quiero discutir sobre ultrajes, que le atribuyen con razón o sin ella a nosotros y que no estamos de acuerdo ni coinciden con la comprensión del pueblo Alemania. deseo hablar de las atrocidades que han cometido ustedes y sus aliados a millones de alemanes, porque sé que usted ha hecho de este pretexto a todo el pueblo alemán el objeto de una indignación colectiva de una proporción nunca conocida en la historia. Aunque no hubiera razón de utilizar este pretexto, también sé que usted no habría actuado de forma diferente con respecto a su tratamiento de Alemania, ya que desde 1914 no se han conformado con nada menos que la destrucción del imperio alemán. Este, su objetivo histórico le niega el derecho de erigirse en un juez sobre las evitables e inevitables consecuencias causadas por sus incansables intenciones y que fueron siempre bienvenidas por usted como prueba posterior para la justificación de sus acciones.
Hoy en día me lamento y arrepiento de mi error y el de mi gobierno nacionalsocialista, el error fatal de creer en su discernimiento como estadista. Lamento haber confiado en que usted reconocería la necesidad político mundial de aceptar a una Alemania floreciente y pacífica para la existencia de una Inglaterra también floreciente. Lamento que nuestros medios no han sido suficientes para convencerle aun en el último momento que la liquidación de Alemania podría ser también el comienzo de la liquidación de Gran Bretaña. Empezamos a actuar - cada uno según su propia ley, yo en consonancia con una nueva, para la cual Europa está ya muy vieja - ustedes aferrándose a la vieja ley y para la cual Europa ya no es lo suficientemente importante.
Voy a saber cómo enfocar mi fin en la absoluta convicción de un nacional-socialista alemán y considerando todo lo demás, haber sido un mejor europeo que usted. Dejo el juicio de todo esto a la posteridad con una mentalidad relajada. Espero sinceramente que usted permanezca en este mundo por un largo tiempo y tanto como el destino le pueda conceder - como lo ha hecho conmigo - cuando usted se niega en dejar a la posteridad una verdad.

Herman Göring.




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