-----------------------------f- LA RELIGIÓN JUDÍA COMO ARMA DE CONQUISTA. ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

lunes, 14 de agosto de 2017

LA RELIGIÓN JUDÍA COMO ARMA DE CONQUISTA.




Por ACGS.

La religión ha sido desde siempre el arma fundamental del pueblo judío para ejercer su dominio sobre la comunidad en la que parasita. Incluso más que el manejo del poder económico, la religión aparece como el arma maestra de ataque y posterior esclavización de  otras razas.

La religión es la cubierta perfecta para la supremacía  racial de los judíos. Si expresaran por cualquier otro motivo, ser la “raza elegida” y proclamaran que los miembros de otros pueblos son seres inferiores, habrían despertado hace siglos el resentimiento y la ira del resto de las personas.  Los pueblos arios más allá de su grado de civilización, se caracterizaron por ser tolerantes con muchas supersticiones ajenas, con dioses extraños y con creencias diversas. La intolerancia religiosa aparece en los pueblos arios con la imposición del monoteísmo judío en el imperio romano. A partir de allí, no se tolerará ninguna otra confesión religiosa. Volviendo a la religión judía en sí, sus prosélitos desarman aún más el posible rechazo que puedan despertar, afirmando que cualquier persona que se convierta puede compartir su estatus de “raza elegida”.  Sin embargo “convertirse” es tan difícil, debiendo el hombre pasar por severas mutilaciones sexuales que cualquier persona con sentido común la rechaza. Solo algunas mujeres con la cabeza lo suficientemente hueca  como para ser marionetas útiles de los judíos, aceptan la conversión. Su sentido de superioridad innata, queda de esta manera lo suficientemente a salvo de los goyim.

La religión proporciona la mejor cobertura para ocultar las conspiraciones judías. Si una raza o pueblo, insertado en una comunidad que acepta hospedarlos, mantuvieran estrecho contacto entre sí y actuaran monolítica y solidariamente tanto fuera como dentro de esa comunidad, basados en alguna otra actividad que no fuera la religiosa, rápidamente serían identificados como elementos extraños y hostiles. La excusa de que tienen el interés común de adorar a un mismo dios los protege de esta acusación. Entonces la solidaridad racial queda protegida por el manto de la religión.

La religión es la excusa perfecta para asegurarse que los judíos serán perseguidos. El éxito de los judíos radica justamente en su capacidad para lograr que los persigan. La victimización del pueblo judío es fundamental en el plan judío. El papel de minoría  desvalida encubre el verdadero poder que tienen y le permiten aprisionar a sus víctimas ahogándolas como lo hace la hiedra con el abedul. La compasión es el veneno que inoculan en el pueblo que pretenden devorar y les permite usar a ese pueblo contra sus propias personas, cuando estas descubren la verdad y se rebelan.

El caso de la persecución en Egipto es paradigmático y se ha repetido decenas de veces en la historia humana. Los judíos se pintan como seres morales y religiosos perseguidos por paganos malvados.  De esa forma esconden del conocimiento de la masa, sus depravaciones y malevolencia, que son la verdadera causa de que los pueblos huéspedes monten en justa ira y los expulsen

No podemos afirmar que la religión judía haya sido diseñada a propósito como una cobertura perfecta para los planes de infiltración o dominio, pero lo cierto es que funciona como tal. Se trata de una religión que al imponer prácticas irracionales y tabúes absurdos a sus prosélitos, hace prácticamente imposible que los miembros de otros pueblos acepten voluntariamente la conversión. Eso garantiza la separación racial, que fuera dictada ya en el 480 AC por Esdrás y Nehemías.

En este contexto se han dotado de textos sagrados repletos de reglamentos específicos, redactados específicamente para lograr la solidaridad inter grupal, pero que se han vendido a los gentiles como principios de aplicación universal. De esta manera se presentan como una comunidad temerosa de dios, que obedece su dictado incluso en la relación con el resto de la humanidad. Esta noción les ha permitido  engañar a los arios de forma tal que disculpan a los judíos sus prácticas exclusivistas, que sin embargo condenan en cualquier otra comunidad o raza y hoy incluso en ellos mismos. Esto es fundamental para lograr la aceptación del matrimonio endogámico, pero lo es aún más para ocultar los asesinatos rituales. Les dicen a los goyim que su dios les prohíbe el sacrificio humano o el beber sangre y los gentiles lo aceptan sin discusión, rechazando los cientos de pruebas en contrario. El simple examen de la historia, donde se puede ver claramente que toda nación en la que los judíos han posado sus tentáculos ha sido destruida por la subversión interna y la corrupción de sus costumbres, es supinamente ignorado. Al contrario, no falta quien se pregunte estúpidamente: ¿cómo podrían los judíos hacer daños a sus anfitriones? De esta manera, el pueblo judío ha logrado ser el único para el cual  las reglas de las evidencias no son válidas. Nadie analiza en qué medida el cuerpo extraño alojado en la nación fue responsable de su desintegración y su destino final. Los arios están condicionados a eximir automáticamente de responsabilidad a los judíos por sus actos.

Pero la religión como arma de infiltración es aún más peligrosa, ya que permite penetrar en los círculos de poder más cerrados. Alcanza con que un judío se lave la cabeza con agua bendita y afirme renegar de su religión, para que el ario ya no lo considere judío y lo acepten como un miembro pleno de su comunidad. Nunca el agua tuvo tanto poder de limpieza. Sin embargo es la propia religión mosaica la que autoriza su negación y apostasía de la boca para afuera, si las condiciones así lo reclaman. Es una religión diseñada para facilitar la infiltración de sus adeptos en las sociedades infestadas.

Otra faceta no menos poderosa de la religión judía, es su fama de estar en contacto pleno con entes sobrenaturales. Ello le proporciona una gran efectividad en actividades de brujería, hechicería y supersticiones de todo tipo. Desde el medioevo, incluso desde el Imperio Romano tardío, los judíos se caracterizaron por la práctica de la magia y las artes oscuras. Esa actividad siguió hasta bien entrado el Renacimiento, al punto tal que muchos judíos y judías no fueron llevados a la hoguera por su condición de tales sino por sus actividades vinculadas a la brujería y la hechicería. Lo peor de todo fue que estos magos, adivinadores, astrólogos y demás embaucadores, encontraron cobijo y oídos atentos entre la clase gobernante europea. De esta forma las artes oscuras se transformaron en un instrumento de dominación tan efectivo como la usura y las prácticas comerciales deshonestas para lograr la decadencia del orden europeo. Los orígenes de sociedades secretas como la masonería o grimorios de magia de la época, se encuentran plagados de elementos religiosos judaicos. Dentro de ellos la Cábala juega un papel fundamental, y ha sido especialmente adaptada para imponerla en determinados círculos gentiles enfermos de superstición y de elitismo.

La capacidad de infiltración que la religión judía tiene en otras religiones a través de falsos conversos, les ha permitido deteriorar las bases religiosas de los pueblos donde se asientan, pervirtiéndolas e incluso creando discordia entre sus fieles al punto de llevarlos a guerras fratricidas. Desde la conquista de Babilonia por Ciro el Grande, cuando los judíos operaron como su quinta columna, logrando que la ciudad cayera en manos del invasor sin un asedio, hasta los judíos asentados en la península ibérica durante el reino de los godos y conspirando con el invasor musulmán, pasando por los judíos de Polonia apoyando la invasión soviética; siempre han conspirado contra los pueblos anfitriones a favor de su conveniencia. La interferencia de los judíos en las religiones de sus pueblos se da a través de conversos que judaízan los preceptos de esa religión y crean discordias internas que llevan a rupturas, cismas y muchas veces a enfrentamientos armados. Mientras el judaísmo se mantiene monolítico, los judíos conversos y los cripto judíos en el catolicismo y las distintas corrientes protestantes, han logrado judaizar una religión que gracias a los griegos había logrado limpiarse bastante del virus judío hacia el año mil de nuestra era, dando lugar a las gestas caballerescas, a grandes empresas militares y al renacimiento cultural del siglo XIII.

Un ejemplo claro de esto fue la reforma protestante. La misma desde un punto de vista histórico fue una auténtica calamidad para nuestra raza, que fue diezmada de sus mejores hombres, empobreciéndola genéticamente. Los judíos observaban esta lucha con alegría y haciendo grandes negocios con ambas partes en conflicto. Lutero es el caso claro de un monje bien intencionado rodeado de consejeros judíos. Recién en los últimos años de su vida se dio cuenta que había sido usado por ellos, y de esa época son sus conceptos visceralmente antisemitas. Si bien no existen pruebas históricas que permitan afirmar tajantemente que el cisma religioso y los tres siglos de sangrientas guerras posteriores fueron de exclusiva responsabilidad judía, si podemos decir que las intrigas y los contubernios judíos contribuyeron fuertemente a su acaecimiento. Un hecho de no menor importancia es que al final de los enfrentamientos entre católicos y protestantes, las grandes bancas en manos de europeos habían desaparecido y el negocio de la banca estaba ya en manos totalmente judaicas. Desde allí hasta la salida de los guetos de los judíos, transcurrirá menos de un siglo.

La religión de los judíos, se vende a los goyim como inherente a un sentido de justicia. De esa forma sirve como arma para llevar adelante la subversión económica y social y la destrucción de las naciones donde se enquistan. Lo primero que hace el judío es descubrir y explotar los factores de conflicto dentro de una sociedad. Para ello incitan a las clases y a los grupos sociales a profundizar su antagonismo, llevándolos al punto del propio enfrentamiento armado y la guerra civil. En estas circunstancias siempre aparecen judíos en posiciones claves en los grupos subversivos. El judío de esta forma logra que los integrantes de una sociedad ya no sientan nada en común que los una con el cuerpo total de la comunidad. Ello implica la muerte de la nación. La técnica judía siempre ha sido la misma y se puede encontrar en varios versículos de la Tora. Primero se encuentran grupos significativos de gentiles que puedan ser aislados del cuerpo social en base a factores de diversa índole, como pueden ser los económicos, laborales, regionales, sexuales, raciales o religiosos. Se los persuade entonces de que en realidad están siendo oprimidos por el resto de la sociedad. Se inculca el odio y el resentimiento en sus mentes y corazones. Se exacerba la envidia y la codicia y se los convence de que deben saciar los mismos, “exigiendo sus derechos”. Así una sociedad, una nación antes unida, monolítica y fuerte, se fragmenta en grupos antagónicos, donde el odio campea y donde se termina indefectiblemente en la guerra civil y las masacres.  Cuando  el temporal pasa, el único en pie es el judío. Así pasó en la revolución soviética, así paso antes en la Revolución Francesa, donde la banca judía terminó de consolidarse como la dominante en Occidente. Así pasó en todos los procesos revolucionarios en Europa en la etapa de entre guerras, pero fundamentalmente así pasó luego de la Derrota Mundial que sufriera Occidente en 1945, donde Judea surgió como el único ganador del mayor conflicto entre blancos de toda la Historia Universal,

La religiosidad judía, sumamente exclusivista hacia dentro de la colectividad, facilita a su vez el sentimentalismo y el idealismo suicida entre las naciones blancas. Bajo el pretexto de “lograr un mundo mejor”, el judío nos vende la idea que la naturaleza humana puede ser cambiada por arte de magia. Es más, nos vende la peregrina idea de que existe una sola naturaleza humana, más allá de diferencias biológicas. Aparece el concepto vago de humanidad, opuesto al concepto de pueblos, razas y naciones. Todos ellos, salvo por supuesto el pueblo judío, deben abdicar sus derechos en pro de una “humanidad mejor”. El igualitarismo, la fraternidad, el pacifismo, son los venenos que invaden a nuestra raza, haciéndonos pasto de otros grupos humanos que no creen en absoluto en esas abstracciones y que sólo quieren nuestra destrucción.  De esta manera son judíos los que escriben libros, tratados y canciones de paz y amor para consumo del hombre blanco. Y son también judíos los que editan la música y la literatura negra que llama a matar al hombre blanco. Así siembran el odio y el salvajismo entre los negros, y la cobardía y el sometimiento entre los blancos. Lo mismo sucede con el complejo de culpa del hombre blanco y el odio por las maldades sufridas en el hombre negro. Siempre detrás de estos hechos, está la sombra del judío y su sentido de “justicia” mosaico. La misma situación entre negros y blancos, se repite con las poblaciones indígenas americanas y los blancos que en el continente habitan. El judío es el factor catalizador de los conflictos que surgen.

EN CONCLUSIÓN.

Toda idea religiosa expresa el sentido moral del pueblo al cual pertenece y a su vez lo vuelve a nutrir en un círculo de alimentación continua y recíproca.

El pueblo judío no es mejor que su religión y la religión judía es la única que ese pueblo podía llegar a concebir.

Siendo un pueblo nómade y esencialmente parasitario, su religión es también la del desarraigo y el parasitismo. Con el paso de los siglos se ha transformado en el elemento unificador de un pueblo que en virtud de su dispersión no pudo evitar la contaminación racial con los pueblos donde se asentó. A su vez ha servido de arma de supervivencia y de mimetización. Ha permeado a las sociedades contaminándolas con lo que sin temor a equivocarnos debemos llamar “el virus judío” y que hemos tratado de describir en sus características generales en las líneas anteriores.
La defensa de un pueblo debe ser ante todo biológica, evitando la contaminación de la sangre con elementos extraños, pero a su vez esa defensa debe también tener en cuenta los factores culturales y de entre ellos el religioso es si se quiere el más importante.

De esta forma, ninguna comunidad nacional aria estará a salvo si no identifica, junto con la agresión política, de costumbres y económica judía, la agresión religiosa que también ejercen.

1 comentario :

  1. Igual que cuando se inventaron lo del marxismo, perseguir y destruir los Estados nacionales si no están gobernados por los del pueblo elegido de Dios. En Israel no hay lobbys gays, ideología de géneros, Multiculturalidad, ni otras decadencias visibles, los antifascistas que visitan este blog de manera asidua no se lo preguntan? Porque en Europa lo debemos tolerar todo eso? Y en ese Estado artificial no? en cualquier caso, el Nacional Socialismo por mucho que les duela a nuestros enemigos, fue quien desenmascaro y lucho contra el diablo que hoy quiere imponer su dictadura demoníaca y destruir todo rastro que moleste sus intereses oscuros. Porque los "Nazis" y Hitler, siguen hasta día de hoy pasado mas de 70 años tan criminalizados en todos los ámbitos financiado por capital judio? la respuesta, es que la judiada no perdona, a quien se rebela contra su poder!

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