-----------------------------f- 11 DE AGOSTO - 480 A.C. - BATALLA DE LAS TERMÓPILAS. CUANDO LOS EUROPEOS SABÍAN DEFENDERSE DE LOS INVASORES. ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

viernes, 11 de agosto de 2017

11 DE AGOSTO - 480 A.C. - BATALLA DE LAS TERMÓPILAS. CUANDO LOS EUROPEOS SABÍAN DEFENDERSE DE LOS INVASORES.



La fecha de hoy 11 de agosto.  Cuatrocientos ochenta años antes de nuestra era, este día del calendario  fue la batalla de Las Puertas Calientes o Termópilas. En ella algo más de 5000 griegos y espartanos lucharon valientemente contra un ejército de cientos de miles de persas. La fecha es disputada pero el 11 de agosto es la más viable entre las que tienen en consideración los historiadores.

Durante la antigüedad, Grecia estaba fragmentada en casi 700 pequeños estados. Lo que común a todos ellos era que su biotipo era ario y estaban divididos en dos etnias: los jonios en Atenas fundamentalmente y los dorios, en casi toda la península afianzados como conquistadores y cuya ciudad más representativa era Esparta. Pese a esas diferencias de etnias, cultural y biológicamente la península era sumamente homogénea. Grecia colindaba con el más poderoso imperio de ese momento, que era Persia, el cual  se extendía hasta la India al este y comprendía un quinto de la población de la tierra. La península de Anatolia, tradicionalmente colonizada en sus costas por los jonios, había sido objeto de la conquista imperial y muchas ciudades estados de raza jonia no se rendían ante la dominación persa.

En 499, estos estados griegos se rebelaron contra los persas y también fueron apoyados por Atenas, ya que esta ciudad era de raíz jonia. La revuelta tuvo éxito y los griegos de Anatolia  tuvieron un éxito fugaz que fue ahogado por un contra ataque de las fuerzas imperiales. El rey persa Darío, ante la osadía ateniense de aliarse a las ciudades rebeldes, decidió que toda Grecia debía estar bajo control persa  e intentó conquistarla, siendo derrotado en Maratón.

Darío murió y su hijo Jerjes se apoderó del Imperio Persa. Jerjes estaba decidido a tener éxito donde su padre había fracasado y, por lo tanto, dedicó cinco años a reunir al mayor ejército que el mundo ha visto hasta ese momento. Hombres de todas las razas y de todos los rincones del reino se reunieron para subyugar a los griegos de una vez por todas. Las cifras acerca de cuántos hombres constaba el ejército de varía de 150.000 a varios millones. Lo cierto es que era un ejército gigante. Según el historiador Herodoto, el ejército secó todos los ríos donde vivaqueó, al beberse toda su agua.

Sea cual fuere el número y aunque Herodoto exagere, lo cierto es que ninguno de los estados griegos podía resistirse a este enorme contingente persa por sí solo. Por lo tanto, se intentó crear una alianza donde Esparta y Atenas fueron los principales protagonistas. Solamente 70 de los 700 estados escucharon la llamada y apoyaron al Rey de Esparta, Leónidas. Que fuera Leónidas quien se convirtiera en líder del ejército griego no fue una coincidencia. Los espartanos tenían una larga historia de guerra detrás de ellos y eran conocidos como los mejores guerreros. Ya a la edad de siete años, comenzaban a entrenar a los niños en el arte de la guerra.

Siguiendo la tradición, Leónidas recibió el consejo de un oráculo, que informó de que solamente si el rey de Esparta moría en la batalla, su ciudad se salvaría de la aniquilación. Obviamente, los espartanos no estaban contaminados con el marxismo cultural y el individualismo, por lo que el hecho de que Esparta fuera destruida no era una alternativa. Leónidas aceptó la perspectiva de su propia muerte como sacrificio por su ciudad, pero condicionó esa muerte a que fuera de forma honorable, en batalla y con el objetivo de retrasar y diezmar lo más posible al ejército invasor. Según la ley, los guerreros espartanos no podían huir del campo de batalla, debiendo siempre luchar por la victoria o la muerte. Como Leónidas sabía que perderían la batalla, escogió a sólo 300 hombres para la misma. Los restantes se quedarían y defenderían a Esparta. Leónidas escogió a 300 de sus mejores hombres y también tuvo el criterio de que todos tenían que ser padres para que su sangre  pudiera seguir viviendo cuando murieran. Este hecho no es menor, y nos muestra el profundo sentido racial que tenían los antiguos griegos y en particular los espartanos.

Además de los 300 hoplitas lacedemonios, el ejército se vio incrementado por unos 4900 griegos aliados. Por lo tanto, las probabilidades no eran las mejores: 5200 hombres contra cientos de miles en el ejército persa. Los griegos que cuidadosamente siguieron los movimientos del ejército persa pudieron adivinar que tomarían el camino al estrecho de las Termópilas  para acelerar su llegada a Atenas. El paso en Termópilas era angosto, con cerca de 10 metros de ancho. Leónidas erigió barricadas para facilitar la defensa.  Al tratar de forzar el paso, los persas sólo podrían usar una pequeña parte de su ejército, siéndoles imposible el flanqueo.

Cuando Jerjes llegó a las Termópilas con su ejército gigante y vio a los 5.000 soldados de los griegos, asumió que no habría sacrificio de vidas y envió un mensajero para que entregaran sus armas. Su respuesta fue: "¡Venid y tomadlas!"

Jerjes le preguntó a su consejero Demaratus si los griegos realmente podían imaginar desafiarlo. Demaratus explicó que Esparta nunca se rendiría voluntariamente. Los espartanos, independientemente de si las probabilidades estaban a su favor o en su contra, estaban allí para luchar hasta el último hombre.

Jerjes se rió de Demaratus, señalando que los griegos estaban en una desesperada desventaja numérica. Al mismo tiempo  mostró su enojo, pues consideró una falta de respeto hacia él, que enviaran un contingente tan pequeño para enfrentarlo. Durante cuatro días, esperaron sin que los griegos se movieran a alguna parte. Finalmente, al quinto día, terminó la paciencia de Jerjes y decidió atacar a los griegos.

5000 arqueros persas dispararon tal cantidad de flechas que se dijo que las mismas lograron cubrir el sol. Sin embargo las flechas fueron ineficaces contra las armaduras y escudos. Después de eso, 10.000 personas cargaron contra el paso de la montaña donde los griegos, con los 300 espartanos en la línea de frente,  se habían colocado a lo largo del ancho del paso con los escudos que se solapaban y las puntas largas de sus lanzas dirigidas al enemigo. Gracias a la habilidad táctica superior de los espartanos, los persas no pudieron romper la línea de defensa griega. Como no tenían ninguna posibilidad de flanquear a su enemigo, el  número superior no jugó ningún papel importante y los atacantes sufrieron pérdidas enormes. Miles de persas murieron antes de que fueran forzados a la retirada degradante con sólo dos o tres espartanos muertos como resultado.

Jerjes aumentó su ira y envió 10.000 de sus mejores tropas, los llamados “Inmortales”. Cuando se acercaron a los griegos, estos  pretendieron retirarse y a continuación, dieron vuelta rápidamente y sorprendieron a los inmortales. La masacre fue total.

Leónidas estaba muy satisfecho y Jerjes muy contrariado. Sin embargo, el rey lacedemonio sabía que había un talón de Aquiles en su defensa. Porque existía un camino de montaña que conducía alrededor del paso. Con la esperanza de que los persas no pudieran encontrar el camino apostó solamente 1.000 griegos para defenderlo.

Los persas no conocían el atajo y no fue  hasta el tercer día de batalla cuando un griego llamado Efialtes vendió a su gente guiando a las fuerzas de Jerjes a cambio de riqueza... Veinte mil  hombres del ejército persa comenzaron a recorrer el paso de montaña. Cuando los griegos descubrieron esto, se lo comunicaron inmediatamente a Leónidas. Éste ordenó a sus fuerzas que emprendieran la retirada, pero eligió quedarse con sus espartanos en el paso. Alrededor de setecientos soldados de Tespias se negaron a seguir las órdenes de Leónidas y en vez de retirarse, eligieron plantar cara a los persas junto a sus camaradas de armas de Esparta. Ellos sabían que era una misión suicida, pero el sentido del honor los impulsaba.

Leónidas ahora sabía que la muerte estaba muy cerca y la batalla terminaría pronto. Para retrasar al máximo al ejército persa y matar a tantos persas como le fuera posible antes de que su corazón dejara de latir, optó por retirar sus fuerzas  del paso de montaña, donde eran blanco fácil de las flechas de quienes rodearon el mismo, y luchar de manera más abierta.

Ambas partes sufrieron fuertes pérdidas y los espartanos estaban totalmente rodeados por los persas.  Al final de la misma Leónidas da la orden de replegarse hacia una colina, donde los últimos espartanos se enfrentaron a la muerte empuñando sus lanzas primero, sus espadas después y al final simplemente con sus puños, cuando lanzas y espadas yacían quebradas en la tierra.

Leónidas cayó muerto entre sus compañeros y por tres veces, su cadáver fue robado por los persas y rescatado por los espartanos.

Cuando la lucha hubo acabado y el último de los hoplitas yacía muerto, Jerjes identificó el cadáver del rey espartano, lo mutiló salvajemente e incrustó su cabeza en una estaca. Era un comportamiento bárbaro, que dos milenios después las plutocracias occidentales revivirían en Nüremberg. Pero el rey persa también tuvo cuidado de enterrar a todos los muertos griegos. No por dignidad, sino por vergüenza, ya que no quiso que nadie viera el pequeño número de hombres que había tenido en jaque durante días a su multitudinario ejército.

Los persas se dirigieron luego al sur, tomaron Atenas y la Acrópolis fue quemada. Leónidas no había logrado detenerlos, pero su valor y sacrificio quedó como un ejemplo y modelo para el resto de los griegos. Pronto los persas morderían el polvo de la derrota en Salamina y en Platea y occidente no sería amenazado por una invasión de tal magnitud, hasta casi dos mil años después cuando los turcos sitiaran Viena. Existe acuerdo en que inicialmente los griegos habrían sido incapaces de repeler a los persas. Pero la actitud heroica de Leónidas estableció un nuevo ejemplo de resistencia que rápidamente fue asimilado por el resto de Grecia. Su ejemplo sigue vivo hasta el día de hoy y mientras existan hombres blancos sobre la faz de la tierra, vivirá en su memoria.


2 comentarios :

  1. Para que veas AGCS, vas a comparar a patriotas de la Crecía clásica con los de ahora? cuando estos últimos sobre todo de España y de la Europa occidental están rindiendo la espada, y en vez de dar la cara por los valores que 'supuestamente' representan, prefieren huir a otro país! ya lo dijo sabiamente nuestro Fuhrer, "Los pueblos cobardes no sobreviven en el mundo" Honor y gloria a los héroes de Termopilas!! aunque si estos valerosos hombres viesen como son la borregada civilización 'Europea actual' se volverían a sus tumbas sin dudarlo.

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    1. Es real lo que dices. La situación actual es consecuencia de la Derrota Mundial de 1945. Los vencedores sembraron el derrotismo y el espíritu de sumisión, como en siglos pasados, las potencias coloniales lo sembraron en los pueblos que conquistaron. Sin embargo el colonialismo terminó. Hay que seguir luchando y mantener la llama. En algún momento se transformará en incendio. Sieg heil!!!

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