-----------------------------f- LA LUCHA DE HITLER CONTRA EL DESEMPLEO. ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

domingo, 9 de julio de 2017

LA LUCHA DE HITLER CONTRA EL DESEMPLEO.



Por ACGS.

Uno de los más graves problemas de las economías financiero – capitalistas, es sus crisis periódicas que inciden negativamente en el nivel de empleo. Las últimas crisis que se han sufrido desde el comienzo del siglo XXI, entre las que podemos nombrar la “crisis de las puntocom”, la “gran recesión” del 2007 al 2010, la “crisis de la deuda de Europa” ocurrida entre el 2009 y el 2010, y la “guerra de divisas y desequilibrios mundiales” del 2010; producen en las masas trabajadoras no solamente un descenso de su nivel de vida, sino la pérdida de sus empleos y de los bienes vitales como sus propiedades inmobiliarias, en manos de los agentes financieros.

En cierta forma se puede decir que el desempleo, dentro de un sistema capitalista envenenado por las finanzas, es una forma de enriquecimiento de aquellos que poseen el capital.

La solución que dan los teóricos del liberalismo es aumentar la inversión y dejar actuar al mercado, lo cual implica dejar al trabajador y sus familias totalmente desprotegidos frente a la situación. Las ayudas gubernamentales, no sólo son parciales, por ser escasas económicamente y limitadas en el tiempo, sino que además atentan contra la dignidad de quien las recibe, que se ve reducido a la escala de un simple mendigo frente al Estado.

Por su parte las soluciones marxistas no son menos ineficaces y destructivas para el conjunto de la nación. Por un lado se aprovecha la situación de angustia del trabajador para incitarlo contra la “clase capitalista”, pero cuidando de no identificar al enemigo real. Toda la confrontación queda reducida al espacio nacional y a la lucha del obrero nacional con el capitalista nacional. Nada se dice de la usura, del capital prestamista, del verdadero poder detrás del dinero.

A su vez como soluciones plantean la extensión de los seguros por desempleo y las reducciones de las jornadas laborales. Se aumenta por tanto el gasto y se baja la producción nacional, estirando una agonía sin atacar las causas reales. Es que a nadie le sirve más que al marxismo, la situación de desempleo del pueblo trabajador.

Hubo un país que supo lidiar con el mayor desempleo de la historia mundial en su momento. Ese país fue Alemania y el gobierno que llevó adelante la acción fue el Nacionalsocialista. Su modelo ha tratado de ser ocultado y falsificado para evitar que sirva de ejemplo a las generaciones actuales. Vamos a realizar un vistazo rápido del mismo, aclarando dudas y falsas afirmaciones.

¿Cuál era la situación en ese momento? El Presidente del Reich, Hindenburg, designó a Adolf Hitler como Canciller el 30 de enero de 1933. En su discurso posterior a la nación alemana, Hitler subrayó que dos problemas eran los más graves de todos los que asolaban a la sociedad alemana. Su solución exigía la atención y la energía completas de la nación. En los términos más claros posibles, Hitler planteó estos dos problemas: el desempleo y la difícil situación del campesino. Ambos se levantaron como espectros de las ruinas de la República de Weimar. Ambos llamaron a los nacionalsocialistas a la acción.

¿Qué tan graves eran las circunstancias en Alemania? Entre 1929 y 1932, el promedio anual del desempleo oficialmente reconocido aumentó de 1,8 millones a la sorprendente cifra de 6,1 millones, de una fuerza de trabajo de 18 millones, con una tasa de desempleo del 34%. La cifra de 6 millones se alcanzó ya en febrero de 1932, que vio a los trabajadores de pie en largas filas fuera de las oficinas de empleo del gobierno. Berlín, capital del Reich, tenía una población de 4,2 millones, de los cuales 650.000 estaban desempleados (casi el 11% del total del desempleo alemán, aunque Berlín tenía menos del 7% de la población alemana). Estas cifras sin embargo,  subestiman realmente la miseria, porque los trabajadores agrícolas y los empleos domésticos no se incluyeron en las estadísticas de desempleo. A estas cifras hay que añadir los 3 millones de los que trabajaban en diciembre de 1932, en un régimen de sub empleo, con cortas jornadas laborales.

Aproximadamente un tercio de la fuerza de trabajo alemana en 1932 no tenía un papel activo en la economía de la nación. Los ingresos de los empleados cayeron de $ 5.7 mil millones en 1929 a $ 2.62 mil millones en 1932. Las estadísticas de la renta nos dicen que de cerca de 31 millones de alemanes que tenían ingresos, 69.2% recibieron menos de $ 286 anuales; 22.7% recibieron entre $ 286 y $ 714 anualmente. Sólo el 8,1% recibió más que eso. De una fuerza de trabajo de 18 millones, unos 12 millones tenían puestos de trabajo. De los seis millones sin trabajo, más de un tercio fueron excluidos del seguro de desempleo. Como beneficiarios de la asistencia social, se les dio un promedio de $ 13.09 mensuales. La consecuencia fue que el estado en 1932 repartió alrededor del 16% de todos los sueldos y salarios, o el 9% de los ingresos totales del pueblo alemán.

La siguiente tabla pone de manifiesto el éxito sin precedentes del ataque nacionalsocialista contra el desempleo y lo compara con la situación al mismo tiempo en Estados Unidos.

A principios de 1938, los desempleados estadísticamente en Alemania sólo alcanzaban los 507.000 ó el 2,8%, cifra que el New Deal de Roosevelt no igualó hasta febrero de 1943, 14 meses después de que Estados Unidos entrara formalmente en la guerra.

Después de la Segunda Guerra Mundial el extraordinario logro nacionalsocialista de Alemania fue menospreciado por el uso de mentiras fantásticas. A la gente se le dijo que el éxito de los años 30 sólo se debía al rearme que supuestamente comenzó inmediatamente después de que Hitler asumiera el cargo. Pero nos tomamos el interés de averiguar cuando en realidad comenzó el rearme real y la remilitarización alemana, podemos ver que la tabla anterior cuenta una historia muy diferente. Cuando el reclutamiento universal se introdujo a finales de 1935, más de 4 millones de los desempleados ya estaban otra vez con empleo. A fines de 1938, el Ministro de Trabajo informó que más de 1 millón de empleos no encontraban quién los ocupara. Ya no había desempleo: el problema a partir de entonces era la escasez de trabajadores.

El éxito único del ataque alemán contra el desempleo no se debió a una "decisión solitaria" tomada en los círculos más altos del gobierno, sino a una asociación ideal de "espíritu de equipo" que incluyó al Estado, la industria, el partido y los trabajadores en sí mismos. Los líderes políticos se reunieron con los especialistas económicos pertinentes para darse cuenta en la práctica de lo que los especialistas habían recomendado a la luz de su experiencia. Para dominar la crisis y crear empleos, el estado gastó $ 1.33 mil millones adicionales durante este período, es decir, hasta 1935. La creación de puestos de trabajo se volvió hacia esta regla de acción: "Primero, a cada uno un trabajo, y después a cada uno sus trabajos".

La plena significación de la hazaña realizada desde 1933 hasta 1935 sólo puede entenderse verdaderamente cuando se considera a la luz de la situación política exterior, Fue cuando se realizó  la primera declaración de guerra contra Alemania, que el London Daily Express de 24 de marzo de 1933 anunció en su portada con el titular "Judea declara guerra a Alemania". Lo que esto realmente significó para el nuevo comienzo de Alemania se encuentra en el texto del artículo :
“Todo Israel en todo el mundo cierra las filas para declarar la guerra económica y financiera a Alemania ... Catorce millones de judíos, en cada rincón del mundo, se han unido para declarar la guerra a los perseguidores alemanes de sus correligionarios ... Alemania tendrá un alto precio pagar. El Reich se enfrenta a un completo boicot en el comercio, las finanzas y la industria”.

No obstante, lo que Alemania consiguió – pese esta "declaración de guerra" - fue reconocido con admiración en el extranjero (Churchill, por ejemplo, en Inglaterra) y por cada de uno de los principales teóricos de la economía alemana, empezando por el anterior Ministro Federal de Economía bajo la dirección de Helmut Schmidt, a saber, el Prof. Dr. Karl Schiller, miembro del Partido Socialdemócrata, quien en 1935, cuando era estudiante de la Universidad de Heidelberg, escribió su tesis doctoral (homenajeada con la summa cum laude) titulada “Creación del Trabajo y Orden Financiero”. Para citarlo:
“El ataque organizado alemán contra el desempleo ha aumentado y ampliado el concepto de creación de empleos desde su significado literal de trabajo de socorro a algo más allá de la mera estimulación de la economía hasta que haya una contribución superpuesta de todas las fuerzas de la vida económica ... Después de los comienzos estatutarios en junio 1931 y julio de 1932, y después de la revolución nacionalsocialista, el esfuerzo se convirtió en un servicio integral y una empresa educativa de toda la nación: el logro supremo de esta empresa era que debidamente incorporaba a los trabajadores”.
¿Por qué la Alemania Nacionalsocialista tuvo un éxito tan espectacular en el restablecimiento del pleno empleo, mientras que las grandes democracias - Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia - tuvieron que emplear una guerra mundial para poner fin a sus miserias económicas? [1] Curiosamente - o quizás no tan extrañamente - esta pregunta se formula raramente.

Hitler respondió a la pregunta. Hablando con su círculo de invitados en la tarde del 12 de noviembre de 1941, dijo:
"Este es el secreto de mi plan de cuatro años: ¡He involucrado a la gente en una economía autárquica! No he resuelto el problema [del desempleo] a través de la industria de la guerra". [2]

La visión de moda luego de la Segunda Guerra Mundial, es que los nacionalsocialistas lograron el pleno empleo convirtiendo a Alemania en una fortaleza. El historiador inglés A.J.P. Taylor habló justamente de esta visión típica:
"El pleno empleo que la Alemania nazi fue el primer país europeo en lograr, dependía en gran medida de la producción de armamentos...". [3]
Pero su siguiente cláusula modifica esta afirmación:
"...pero podría haber sido proporcionada igualmente bien (y en cierta medida) por otras formas de obras públicas  como la construcción de carreteras y grandes edificios".
Su siguiente oración diluye aún más la afirmación:
"El secreto nazi no era la producción de armamento”.
Taylor se aferraba a este punto sin necesidad alguna, porque 29 páginas antes, había admitido, aunque tal vez involuntariamente que:
“…incluso en 1939 el ejército alemán no estaba preparado para una guerra prolongada. Y en 1940 las fuerzas de tierra alemanas eran inferiores a las franceses en todo menos en el liderazgo". [4]
Si el "pleno empleo dependía en gran parte de la producción de armamentos", ¿no debería Alemania estar equipada en 1939 para una guerra prolongada"? ¿Debían sus fuerzas terrestres en 1940 ser "inferiores a los franceses en todo menos en el liderazgo"? Las estadísticas reales, citadas por el historiador económico John Kenneth Galbraith, responden a estas dos preguntas:
“Incluso en mayo de 1940 la industria de armas [alemana] representaba menos del 15 por ciento de la producción industrial total (¡esto, ocho meses después del comienzo de la guerra!). En 1941 la cifra era del 19 por ciento, en 1942 el 26 por ciento, en 1943 el 38 por ciento y finalmente en 1944 alcanzaba el 50 por ciento”. [5]
La respuesta a la pregunta básica, planteada en la primera oración de este comentario, tiene tres partes básicas:
  1. Gasto deficitario keynesiano (Opinión John Kenneth Galbraith).
  2. Los trabajadores atraídos hacia la economía para convertirse en una parte entusiástica de la misma (Opinión del Prof. Dr. Schiller);
  3. Autarquía, en la medida de lo posible (Opinión de Adolf Hitler).

En el capítulo final del segundo volumen de “La decadencia de Occidente”, Oswald Spengler, en su manera inimitablemente fascinante y perspicaz, afirma:
“...La vieja lucha entre la economía productora y la economía conquistadora se eleva hasta convertirse ahora en una silenciosa y gigantesca lucha de los espíritus en el suelo de las urbes cosmopolitas. Es la lucha desesperada entre el pensamiento técnico, que quiere ser libre, y el pensamiento financiero”. 
La dictadura del dinero progresa y se acerca a un punto máximo natural, en la civilización fáustica como en cualquier otra. Y ahora sucede algo que sólo puede comprender quien haya penetrado en la esencia del dinero. Si éste fuese algo tangible, su existencia seriaeterna. Pero como es una forma del pensamiento, ha de extinguirse tan pronto como haya sido pensado hasta sus últimos confines el mundo económico, y ha de extinguirse por faltarle materia. Invadió la vida del campo y movilizó el suelo; ha transformado en negocio toda especie de oficio; invade hoy, victorioso, la industria para convertir en su presa y botín el trabajo productivo de empresarios, ingenieros y obreros. La máquina, con su séquito humano, la soberana del siglo, está en peligro de sucumbir a un poder más fuerte.Pero, llegado a este punto, el dinero se halla al término de sus éxitos, y comienza la última lucha, en que la civilización recibe su forma definitiva: la lucha entre el dinero y la sangre”.
Estaba escribiendo inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, cuando la actividad económica era mucho menos febril de lo que es hoy. La implicación de sus palabras nos recuerda que cada fiebre tiene su final. Hay una coyuntura oculta en la que los nuevos incrementos de energía humana, inventiva, visión, valor, resolución, clarividencia, trabajo, optimismo y especulación; ingredientes esenciales para mantener el comercio al nivel deseado o atornillarlo a un nivel un tono más alto, misteriosamente carecen de su potencia habitual o incluso fallan completamente para estar presentes. En esta coyuntura empieza el descenso aterrador: una aventura cuyos comienzos no pueden estar muy lejos. Como parte del siguiente gran movimiento histórico, el mundo volverá en sus respectivas partes, sean estas naciones o grupos de naciones, a la autarquía, como Hitler deseaba sensatamente para el pueblo alemán. Lo estamos viendo hoy día con la nueva política económica estadounidense, y en cierta medida con el “brexit” inglés. En algún momento en el futuro nuestras economías nacionales interdependientes, actualmente susceptibles a paroxismos de temblores de todas las grandes tormentas del exterior, serán consideradas como la superstición que siempre fueron: el mito de la post guerra de la Fuente de la Juventud. A principios de los años 30, esta fuente se había quedado seca para Alemania. Ahora se seca para el mundo. No se olvidará el ejemplo alemán para hacer frente y superar este problema. 

Puede leer más sobre el tema del desempleo 
y su solución en el Tercer Reich AQUI.
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Notas

Traducido y con un comentario de Ronald Klett
En este artículo se ha expresado el desempleo alemán en porcentajes, agregado las estadísticas comparables del desempleo para los Estados Unidos (según lo publicado por el Departamento de Trabajo de los EEUU), y convertido el Reichmark en dólares de los EEUU a la tarifa oficial de un RM = 23.8 Centavos.

[1] Para las democracias, la Segunda Guerra Mundial fue, en el sentido económico, una solución sumamente eficaz. El economista estadounidense John Kenneth Gaibraith es contundente al respecto: "La Gran Depresión estadounidense no terminó de hecho hasta que Estados Unidos entra en la Segunda Guerra Mundial”. "Dinero: De dónde viene,  a donde va”. (Boston: Houghton Mifflin, 1975), p. 234.

[2] Adolf Hitler, Monologe en Führerhauptquartier 1941-1944: Die Aufzeichnungen Heinrich Heims herausgegeben de Werner Jochmann (Hamburgo: Albrecht Knaus Verlag, 1980), p. 137. El Plan de Cuatro Años al que se refiere Hitler fue el segundo, anunciado en 1936, que debía establecer una economía alemana en gran medida autárquica. Hitler, plenamente consciente de la actitud cada vez más amenazadora de los países vecinos, también instruyó a Goering que la economía y las fuerzas armadas de Alemania estarían listas para la guerra en 1940. Estas instrucciones no se cumplieron.

[3] A.J.P. Taylor, Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial (Nueva York: Atheneum, 1962), p. 104.

[4] Ibid., P. 75.


[5] Werner Maser, “Nuremberg: una nación en juicio” (Nueva York: Scribners, 1979), p. 138. Las abundantes estadísticas adicionales de producción de guerra citadas por Maser en este párrafo abruman al lector con lo que ya es obvio. Para una luz fascinante sobre la supuesta disposición de Alemania para la guerra general en 1939, y una refutación completa de esta acusación, se deben consultar los testimonios en el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg del General Karl Bodenschatz, el Mariscal Erhard Milch y el Coronel General Alfred Jodl: Vea las páginas 127-30 y 136-39 del libro de Maser. Una revisión más detallada e informativa de la preparación de Alemania para la guerra en 1939, en comparación con la disposición de sus enemigos circundantes, se encuentra en el capítulo "La norma alemana de armamento en el año 1939" de  Udo Walendy, “La verdad para Alemania: La culpa Cuestión de la Segunda Guerra Mundial” (VIotho / Weser: Verlag für Volkstum und Zeitgeschichtsforschung, 1981). 256-90. Aunque Galbraith comete el error de insinuar que el gasto militar desempeñó un papel más importante de lo que realmente lo fue, sus comentarios sobre la economía nacionalsocialista antes y durante la guerra son atractivos por su cordura general: “Money”, pp. 225-26, “La sociedad afluente” (Nueva York: Houghton Mifflin, 1958), pp. 162-63.

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