-----------------------------f- EL SOCIALISMO Y EL ORDEN MUNDIAL JUDÍO ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

martes, 11 de julio de 2017

EL SOCIALISMO Y EL ORDEN MUNDIAL JUDÍO



Por ACGS.

El término “socialismo” ha sido uno de los más polisémicos de nuestro lenguaje. Esto no es casual. En realidad, como bien decía George Orwell, la tiranía comienza con la manipulación del lenguaje. Veamos la situación actual donde las “palabras policía” y las “palabras tabú” sobrevuelan nuestro modo de expresarnos y comprobaremos que esto es así.

El concepto de socialismo ha sido cargado de connotaciones propagandísticas y su manipulación ideológica no tiene nada que envidar a otros como “raza”, “democracia”, “libertad” o “sexo”.

La primera manipulación que identificamos respecto al “socialismo” es su intento de monopolización por parte de una sola fuente ideológica, que es el marxismo. Esta fue realizada desde hace ya mucho tiempo. Se puede decir que con la Primera Internacional se comenzó a igualar socialismo y marxismo, aprovechando además las fuertes implicancias que el adjetivo “científico” tenía en una sociedad totalmente positivista.

La realidad es que el socialismo existía desde mucho antes que el judío Marx escribiera su “Manifiesto Comunista” y su “El Capital”, en sociedades tan antiguas y tradicionales como la espartana.

La gran maniobra talmúdica de Marx y sus continuadores, fue mezclar con un modo de vivir tan arraigado en nuestros pueblos, ideas como la lucha interna a muerte dentro de la comunidad y por otro lado la solidaridad de una parte de sus miembros con otros miembros de otras sociedades totalmente diferentes. Lucha de clases e internacionalismo, son los dos venenos que fueron vertidos a un concepto tan simple y lógico que puede ser expresado en una sola frase: “bien común por encima de beneficios individuales”.

La mentira del internacionalismo socialista empezó a demostrarse en la Primera Guerra Mundial y luego, con el derrumbe del socialismo internacional, aún los más recalcitrantes social marxistas, no tuvieron más remedio que aceptar la impracticabilidad del mismo. Ni una sola organización del proletariado marxista de Occidente corrió en ayuda del modelo que durante setenta años les había servido de guía.

El judío buscaba con este socialismo internacional quebrar las lealtades nacionales en todos los Estados de Occidente, sin embargo, cada vez que la nación se vio en peligro, las respectivas clases proletarias acudieron en defensa de sus patrias. Por eso hoy el quiebre de esas lealtades se busca de forma diferente, introduciendo elementos extraños, de culturas diametralmente opuesta y de sangre totalmente extraña, para vaciar de contenido humano esas patrias.

El socialismo internacional y clasista no es más que un SOCIALISMO KOSHER, concebido a favor del universalismo y en contra de las lealtades comunitarias basadas en la sangre. Es en ese universalismo donde el judío se siente “como pez en el agua”. Su sueño es que la única lealtad nacional que sobreviva en el mundo sea la de su propio pueblo en favor de su raza, de su etno estado y de su religión exclusivista.

El liberalismo no sólo no ha sabido responder a estos retos, sino que además, habiendo sido el creador del nacionalismo como suplantación de la lealtad de las comunidad a las respectivas familias reinantes, hoy ha abandonado totalmente esta bandera. Su lealtad se ha trasvasado desde las respectivas naciones hijas de los movimientos revolucionarios liberales, a las ganancias productos de la industrialización y las finanzas. También aquí la influencia judía tiene mucho que decir al respecto.

Adolf Hitler, luego de haber vivido la comunidad en las trincheras, donde el destino de uno dependía del destino de los demás, entendió muy bien el cruce de caminos al que su Alemania se enfrentaba. Se hizo consciente de que el nacionalismo era la única base para un socialismo auténtico. Percibió que cuando las circunstancias se tornan adversas, los individuos luchan por su propia sangre y no por esquemas utópicos e intelectuales. Rechazó el liberalismo en todos sus aspectos, pero sobre todo en dos: basar las decisiones en los deseos de mayorías anónimas y basar las acciones de gobierno en la economía y no en las personas. Hitler entonces logró la combinación perfecta al vincular el socialismo a la comunidad de sangre, o sea, la raza. Desde este punto de partida se redefinieron conceptos tales como democracia y participación. Esa fue su gran revolución.

Identificó al imperialismo judío vinculado al socialismo marxista en sus dos manifestaciones: imposición de la lucha de clases a nivel interno en cada nación e internacionalismo mundialista a nivel externo. De ahí la definición de su propuesta política: NACIONALSOCIALISMO, que realmente traducido al castellano es SOCIALISMO NACIONAL.

Los dos grandes pilares de su definición ideológica, sirven a su vez para definir el verdadero socialismo: 
1 – Bien común por encima del beneficio individual. 
2 – Quebrantamiento de la servidumbre al interés usurario del capital financiero. 
En esos dos conceptos queda entonces definido el verdadero sentido de una forma comunitaria de vivir, tan antigua como nuestros propios pueblos.

Hoy, luego de ocurrida la más grande conflagración en la historia del hombre, y con casi un siglo de perspectiva, vemos que HITLER TENÍA RAZÓN al vincular socialismo a nacionalismo. Sea cual sea la forma de vida que planteemos para nuestros pueblos, socialismo o capitalismo, lo importante es que las mismas estén referidas a lo nacional. Después de todo, las recetes capitalistas, si son aplicadas al beneficio de la nación, pasan a socializarse, como sucedió en el Tercer Reich, donde la propiedad de los medios de producción no necesitaron ser estatizados o colectivizados, para que existiera una auténtica sociedad socialista.

En esta perspectiva que nos da el tiempo, vemos palmariamente demostrado que HITLER TENÍA RAZÓN también en su denuncia del imperialismo judío. Lo estamos sufriendo en carne propia con un nivel de ferocidad nunca antes visto. El orden mundial judío se ha establecido en la vida de los pueblos. La humanidad es hoy esclava de este pueblo y de sus líderes. Nuestros hijos y nietos verán, si no hacemos algo al respecto, una sociedad donde el relativismo y la amoralidad talmúdica reinarán sobre sus vidas. Donde los hombres no serán hombres, ni las mujeres, mujeres. Donde hablar contra el sistema será considerado una enfermedad y quien lo haga será internado para evitar el contagio. Donde los únicos que vivirán en libertad serán nuestros amos judíos, ejerciendo su poder desde Jerusalen, Nueva York o quizás Beijing.

El camino para dar vuelta la situación es claro: denunciar y combatir el imperialismo judío y proponer un socialismo nacional.


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