-----------------------------f- CRÍTICA DE ALFRED ROSENBERG A OSWALD SPENGLER ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

lunes, 5 de junio de 2017

CRÍTICA DE ALFRED ROSENBERG A OSWALD SPENGLER



En este artículo del año 1925 Alfred Rosenberg, gran filósofo del Nacionalsocialismo, señala las incoherencias e inconsistencias del filósofo conservador Oswald Spengler.

Rosenberg detecta muy bien los puntos débiles del pensamiento spengleriano, sobre todo en cuestiones raciales y lo identifica como el intelectual de escritorio que mira desde afuera los procesos históricos, sin inmiscuirse, para luego subirse al carro de los vencedores y decir que sus ideas son la fuente nutricia de la nueva revolución.

Oswald Spengler se mantuvo siempre apartado del Nacionalsocialismo, al que despreciaba por su base popular y racial. Desde su óptica reaccionaria-conservadora, fue incapaz de comprender la importancia de la comunión que Adolf Hitler mantenía con el pueblo. Sujestivamente era gran amigo de Gregor Strasser.

La visión de Spengler, será la misma que la de otros representantes de lo que en su época se llamó “revolución conservadora”. Desde ese sector, claramente reaccionario – pese a su nombre – vendrán la mayoría de los complots anti nacionalsocialistas en época de guerra, terminando con la traición del 20 de julio de 1944.

Desde el punto de vista doctrinal la teoría de la decadencia de las culturas de Spengler no se puede combinar con la cosmovisión nacionalsocialista, ya que esta, lejos de compartir la visión pesimista de Spengler, reafirma el poder de regeneración que hay en cada pueblo gracias a la fuerza de su sangre. Mientras la visión de Spengler es simplemente la de aceptar la muerte de toda una cultura y la raza que la sustenta, por “causas naturales”, el Nacionalsocialismo proclama la posibilidad de que las razas sean eternas, siempre y cuando sean conscientes de su esencia y la protejan.

Oswald Spengler, autor de “la decadencia de occidente”.

Publicado originalmente en Der Weltkampf , mayo de 1925.

La personalidad de Oswald Spengler ha destacado por años en el centro del interés público, desde la aparición de su obra principal La Decadencia de Occidente (en 1918). Sin duda este famoso trabajo está encriptado con múltiples fallas. No hay duda de que hay algo desconcertante sobre recibir tantas visiones ajenas expuestas aparentemente como propiedad intelectual de Spengler. A pesar de todo, su ataque al dogma catedrático ha tenido un efecto refrescante y ha puesto en movimiento muchas fuerzas opuestas y concordantes, engendrando nueva vida. Y esto, en el atolladero espiritual del presente, no puede ser sino bienvenido.

No quiero debatir aquí la cosmovisión spengleriana en general. Sólo una cuestión será elegida: Spengler se supone a sí mismo un irracional (v.gr. es contrario al juicio racional puro). Busca el alma y la forma, pero en el transcurso de su obra gira hacia un dogmatismo naturalista puro con el que llega a la conclusión de la decadencia interna y externa de nuestra cultura, partiendo en mayor o menor medida sobre la base de observaciones francamente racionales, y sobre esto dilucida la forma y el alma de lo que antes era un enigma.

Spengler expone el ascenso y caída de las culturas como un suceso similar a la vida y muerte de una planta, pero olvida en la aducción de esta comparación superficial que las razas de las plantas como tales no mueren si no son destruidas, mutiladas o mezcladas con géneros hostiles. La “raza” del abeto persiste a pesar de que el abeto muera. La “raza” del tilo es la misma desde hace miles de años. Y las razas de los hombres pueden permanecer eternamente jóvenes, si sangre hostil no es combinada en ellos, si oposiciones espirituales inasimilables no son enfrentadas y combinadas, si han sido capaces de no mezclarse.

Así es como el tratamiento de la historia por parte de Spengler permanece unido a una teoría ambientalista emocional; su doctrina del grupo cultural (Kulturkreislehre) carece de algo esencial: los prerrequisitos orgánico-raciales, y, mezclado a ellos, la encarnación de las fuerzas espirituales que crean este grupo cultural.

Es significativo sobre todo que Spengler combate vigorosamente el ideal volkish (del pueblo), desecha el antisemitismo, y sin embargo, pese a todas estas protestas… sucumbe, y de una manera de tal envergadura que convierte casi todas las posiciones políticas volkish en su propiedad, aun sin admitirlas, sin siquiera una palabra.

En primer lugar, Spengler compagina con nosotros en el rechazo a la orientación política y espiritual de nuestra colectividad de partidos políticos. La Democracia, para él, también está inherentemente muerta; el Parlamentarismo, condenado por toda la eternidad; el Marxismo, es la marca de la decadencia, hostil a la vida.

Sólo una turba de partidos sin escrúpulos permanecen, para los que la valoración de Spengler sólo encuentra palabras como cobardía (Feigheit), vulgaridad (Gemeinheit), villanía (Schurkereo),  etc. Sobre la república Alemana nacida el 9 de Noviembre de 1918 dice en su libro Reconstrucción del Reich Alemán:
“Bajo el miedo de compartir el botín surgió, entre los aterciopelados tronos de los grandes ducados y las cantinas de la Republica Alemana de Weimar, no una forma de gobierno, sino un negocio”.
“Ellos (los partidos) han hecho la constitución para sí mismos y sus distritos electorales, no para la nación, y han comenzado a dirigir un comercio vergonzoso sobre todo lo que pueda otorgarles ventaja, sobre la ruina del estado, en los residuos de la economía, en nuestro honor, nuestra alma, nuestra voluntad de poder”.
“A partir de ahora ya no existe ninguna ley que sus propios autores no hayan pisoteado bajo sus pies, como aquella sobre las elecciones presidenciales; no ha habido inmundicia, cobardía o mentira que no hayan convertido en acontecimiento rutinario. Y mientras la indignación, la mofa sobre el país conjura el miedo en que algún día no podamos contenernos a nosotros mismos, han creado las Leyes de Protección (Schutzgesetz), la ley para la protección de sus negocios”.
Spengler continua y también ataca la parte nacionalista, y en efecto con un punto vulnerable. Dice que el “ethos” y la experiencia en gobernar están ahí, pero también una deficiencia de inteligencia, de la comprensión del mundo (Welteinschaetzung), de amplitud de miras. En tanto que la nobleza terrateniente y los representantes de la industria no hayan engendrado talento para el arte de la política, la fuerza de los partidos nacionalistas permanecerán como un mero episodio.

Entonces, Spengler se embarca en su crítica de los partidos volkish. Comienza con un paralelismo con la revolución Francesa, en la cual, durante 1794 y 1799 un retroceso a una era sangrienta y terrorífica tomó parte, cuando la naciente “Jeunesse dorée” (Juventud dorada) quiso hacer política con el puño y garrote -a través de la destrucción-. El mismo rol, según Spengler, es adoptado por el movimiento volkish de hoy, quien a través de la “sinceridad y estrechez de miras” traerán el desastre, trabajando (inadvertidamente) para Francia. Dice Spengler:
“Opiniones infantiles cortan al movimiento volkish y con ello a la poderosa fuerza de impacto, residente de manera tan completa en todo lo que debe ser tomado en serio política y económicamente por el talento, la experiencia, el poderío y la influencia (Beziehungen)”, que una peligrosa contracorriente debe tomar parte. Es incorrecto, dice, el desear construir una política verdadera (realpolitik) bajo el sentimiento racial (Rassegefühl) y el no desear tratar a los poderes financieros existentes como poderes. La política no es hecha por cabezas huecas sino por lo que se les enseña. No se puede reinar sobre naciones con tamborileros y flautistas. Los espectáculos y desfiles no son el camino; sino la anulación de estos, dado que incluso Bismarck ejerció bajo la más solitaria reclusión”.
Mientras que Spengler se inclina a que la Action Française y el Fascismo son el nuevo estilo de la política, ridiculiza a la misma voluntad de su propio pueblo. ¡Spengler no comprende lo que Hitler ha hecho! Este hombre reconoció que debe posicionarse a sí mismo en medio de su pueblo; debe crear un movimiento del pueblo, darles la ilusión en una nueva fe, fijarles una nueva meta. Apoyado por su pueblo con este movimiento como fuerza, puede obtener la influencia política que de otra manera nunca hubiera sido posible. Cómo una política ajena a la posesión de esta fuerza hubiera debido ser conducida, ha sido comprensiblemente poco discutida; que hubiera tenido que tener muchas precauciones en acuerdo con la situación no es algo que deba ser subrayado. Es certero, sin embargo, el que en la política doméstica otros principios hubieran podido ser establecidos en contraste a aquellos que rigen hoy.

Ya en está cuestión Spengler muestra ese característico cambio de forma en los procesos mentales que comienzan con una afirmación y terminan con otra completamente diferente. Pues, habiendo rechazado a la Jeunesse dorée (Juventud Dorada), después conviene con el principio Fascista, alaba la “astuta juventud” entre nosotros como “nuestro futuro”, como “la Alemania más joven” etc. ¡Ahora Spengler debería preguntarse a sí mismo de que lado estos “jóvenes astutos” están hoy!

Sobre la cuestión racial, Spengler sólo es ambiguo. Pues, habiendo rechazado primero con notable burla el conocimiento de los instintos raciales como factores determinantes, entonces habla de un “sentimiento Germánico del mundo” refiere una cantidad de “magníficos hombres de raza” entre nosotros, habla de un derecho que es “nacido con la sangre”, y declara que el “sentimiento de la vida Nórdica” de los góticos, francos y sajones han creado el tipo de las naciones presentes. La justicia nació supuestamente de un “sentimiento fundamental Germano”, alimentado de una fuente que no deriva de contemplaciones puramente utilitarias. En efecto, Spengler se deja llevar al punto de exclamar que la así llamada “joven Alemania” ha despertado como la mejor heredera (Erbe) de los años del ascenso del Reich.

Adicionalmente, también aquí se contradice, explícitamente incluso, cuando designa a la política Británica como afluencia de la esencia Nórdica, y al mismo tiempo alaba el instinto Inglés que ha puesto al Judío Disraeli-Beaconsfield a cargo. Spengler parece estar inadvertido de que este hombre admitió por sí mismo que estaba llevando a cabo políticas raciales judías en combinación con el poder Inglés. La conexión de la alta finanza con la bolsa de valores londinense ha sido confinada herméticamente desde entonces.

Que Spengler está, en muchos aspectos, desafortunadamente correcto con su afirmación de que la sinceridad está a la par con la estrechez de miras en el movimiento volkish, viene primordialmente del hecho de que los infinitamente inteligentes permanecen al margen por años, debido a que a pesar de destilar gustosamente el ideal de las carnicerías de los siglos pasados mientras están sentados en un escritorio, en la lucha presente sólo esperan noblemente a ver en que se convierten en última instancia estas “ideas infantiles”. Una vez que se han “convertido en algo”, entonces el sabio erudito probará con la precisión del grosor de un cabello que sólo podía ser de está manera y de ninguna otra. Sólo unos pocos de estos hombres ricos en “talento y experiencia” han dejado que su instinto hable y se han unido al naciente movimiento de fermentación, y luchado por los medios de su realización. Pero eso pronto cambiará, e incluso Spengler no será capaz de escapar al poder orgánico, y entonces, por supuesto, proclamará que hemos cumplido con sus ideas.


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