-----------------------------f- "EL AJEDREZ JUDÍO Y EL AJEDREZ ARIO"- UN ARTÍCULO DE ALEXANDER ALEKHINE. PRIMERA PARTE. ~ DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

miércoles, 10 de mayo de 2017

"EL AJEDREZ JUDÍO Y EL AJEDREZ ARIO"- UN ARTÍCULO DE ALEXANDER ALEKHINE. PRIMERA PARTE.


Publicado en el  diario "Pariser Zeitung" los días 21, 22, 23 de marzo de 1941. El "pariser zeitung fue un periódico editado en parís, francia en lengua alemana durante la ocupación alemana en la segunda guerra mundial).

Un estudio psicológico que se fundamenta en la experiencia de las luchas sobre el tablero y confirma la carencia judía de valor y personalidad.

Alexandre Alekhine.
El campeón del mundo de ajedrez, Dr. Alekhine ha regresado recientemente de los Países Bajos después de haber obtenido un gran duelo con el Dr. Euwe, de Amsterdam. Alekhine nació en Rusia y trasladó luego su residencia a París, no sólo para medir sus fuerzas con todos los grandes maestros, sino también con el ánimo de estudiar el juego de éstos, sus cualidades humanas y su fuerza creativa.

Le ha sorprendido encontrar en sus oponentes judíos una carencia total de valor y personalidad. en estos artículos, así como en otros escritos para el "Deutsche Zeitung in den Niederlanden", se ocupa Alekhine de las características del arte ajedrecístico ario.

Con posterioridad a la guerra, Alekhine muere en extrañas circunstancias en 1946. Según el certificado forense, murió axfisiado por atragantamiento. Sin embargo todas las circunstancias hacen que esta versión sea por lo menos sospechosa. Las hipótesis que se manejaron fueron tres, todas coincidentes en el acaecimiento de un asesinato: por la KGB soviética, por miembros de la resistencia francesa o por elementos judíos.

En todos los casos, la serie de artículos que está por leer, sin lugar a duda tuvo incidencia en el final del famoso ajedrecista.

1ra parte. 21 de marzo de 1941.

El ajedrez judío y el ajedrez ario.

¿Se puede esperar que después de la muerte de Lasker - el segundo y muy probablemente el último campeón mundial de ajedrez de origen judío - encuentre al fin el ajedrez ario su camino, después de haberse extraviado por influencia del pensamiento defensivo judío?

Permítaseme decir que no es posible aún ser optimista al respecto. Lasker ha hecho escuela y ha dejado detrás de sí algunos epígonos que aún pueden dañar el pensamiento ajedrecístico. La gran culpa de Lasker como líder del ajedrez mundial (sobre él como persona y como "filósofo" no tengo nada que decir, ni quiero hacerlo) tiene múltiples aspectos. Después de ganar a Steinitz, 30 años más viejo que él, gracias a su destreza táctica (es significativo que ambos, habilidosos tácticos, hayan logrado hacer creer a la comunidad ajedrecística que eran consumados estrategas y descubridores de ideas nuevas), no se preocupó ni por un instante en proporcionar al mundo del ajedrez un concepto creativo personal: se limitó, en este campo, a una serie de conferencias dictadas en Liverpool y editadas más tarde como libro bajo el título "El sentido común en ajedrez".

Lasker, plagiador del gran Morphy.

En estas conferencias Lasker plagió al gran Morphy, en particular las ideas de éste sobre lucha y valentía y sobre la agresividad como un valor en sí misma. Para el gran maestro Lasker la idea de agresividad era algo totalmente ajeno, casi cómico, y en este aspecto puede considerársele un natural continuador de Steinitz, el más grotesco personaje de la historia del ajedrez.
Registro fotográfico del apartida de Morphy -izquierda - con Lowenthal
¿Cómo es en realidad el ajedrez judío? ¿Cuál es el concepto judío del ajedrez? estas preguntas no son difíciles de contestar:
1) Ganancia de material a toda costa. 
2) Oportunismo. El especial oportunismo del que ve un peligro en cada mínima sombra, y en consecuencia desarrolla la idea - si puede llamársela así - de la defensa a ultranza.

Con esta "idea", que en su forma de lucha se identifica casi con el suicidio, ha cavado el ajedrez judío la fosa de sus propias posibilidades de futuro.

Con una defensa a ultranza se puede ocasionalmente no perder (¿cuántas veces?), pero ¿cómo ganar? Existe una respuesta: esperar el error del adversario. Pero ¿qué hacer cuando ese error no se produce? En ese caso sólo le quedará al "defensor a ultranza" el argumento de reclamar que su juego ha sido "impecable".

No es fácil responder a la pregunta de cómo se ha formado esa escuela de pensamiento defensivo. En Europa existió un período intermedio entre las batallas, plenas de fuego y espíritu, libradas por La Bourdonnais y Mac Donnell y la aparición de Anderssen y Morphy.

Este período crepuscular del ajedrez tiene su punto culminante en el encuentro Staunton/Saint Amant, finalizado con la victoria del primero.  Con este triunfoSstaunton se ganó un puesto de privilegio en la historia del ajedrez del siglo XIX.

Mientras escribo este artículo tengo ante mis ojos un libro de Staunton que relata las vicisitudes del primer torneo internacional de ajedrez, el que se jugó en Londres en 1851 y que fue ganado por el genial maestro Adolf Anderssen. El "teórico" Staunton presentó el resultado de esta prueba y su derrota ante Anderssen como un hecho casual, motivado por razones de salud, sobrecarga de trabajo organizativo, etc, etc. La clásica y conocida orquesta de disculpas.

Nosotros, en cambio, podemos afirmar que este torneo significó la victoria de nuestro agresivo ajedrez frente a la concepción anglo-judía. En la primera ronda Anderssen destrozó al judío polaco Kieseritzky. La derrota de Staunton frente a Anderssen tuvo un alcance muy superior al que es propio de un enfrentamiento decisivo entre dos maestros; realmente significó la derrota del pensamiento defensivo anglo-judío frente a la idea de agresividad germano-europea.

El drama del ajedrez europeo.

Poco después de la victoria de Anderssen llegó a Europa el drama con Paul Morphy, el genio de New Orleans. Esta circunstancia no hubiera debido ser negativa, pues el ajedrez de Morphy era ajedrez en el verdadero sentido de la palabra. Si tuvo malas consecuencias fue por las siguientes razones:
a) En primer lugar, Morphy se volvió loco poco después de sus fulgurantes victorias, y desapareció para el mundo del ajedrez. 
b) En segundo lugar, dejó "tocado" a Anderssen, quien no tuvo tiempo de recuperarse y perdió el cetro del ajedrez en 1866 frente al judío Steinitz.

Antes de poder contestar a la pregunta de quién era realmente Steinitz y cómo pudo jugar un papel tan decisivo, debemos formularnos la cuestión del carácter profesional del ajedrez.
Adolf Anderssen.
En todo arte - y el ajedrez es, independientemente de su carácter de lucha, un arte creativo - existen dos clases de profesionales:
a) Aquellos que ofrendan todas las demás actividades que pueden servir como medio de vida en aras de su inclinación o afición, a la que se dedican apasionadamente. Esta actitud no puede ser reprochada, ya que busca el pan a través del ejercicio de la propia vocación y proporciona a sus semejantes gozos estéticos y espirituales. 
b) el profesional tipo "judío oriental". En el campo del ajedrez, Steinitz, un judío nacido en Praga, fue el primero de esta clase y muy pronto formó escuela.
¿Son los judíos una raza dotada para el ajedrez? después de 30 años de experiencia ajedrecística voy a contestar a esta pregunta del siguiente modo: sí, los judíos están sumamente dotados para el pensamiento ajedrecístico y para aprovechar las posibilidades prácticas que surgen de él. Pero hasta hoy no ha habido un sólo judío que fuese un verdadero artista. Por el contrario, quiero nombrar a los siguientes representantes del ajedrez ario: Philidor, La Bourdonnais, Anderssen, Morphy, Chigorin, Pillsbury, Marshall, Capablanca, Bogoljubov, Euwe, Eliskases y Keres, por citar sólo a algunos de los mejores. En el mismo período histórico en que vivieron estos maestros la "cosecha" judía resulta, en cambio, últimamente escasa.

Exceptuando a Steinitz y a Lasker, que son en cierto modo destacables, durante el dominio del segundo de los nombrados (1900-1921) surgieron tres maestros judíos: Janowsky, Schlechter y Rubinstein.

Partidas brillantes contra oponentes débiles.

Janowsky, judío polaco residente en París, fue el representante más típico de su grupo. Logró encontrar, en la capital francesa, a un mecenas: el "artista" holandés Leo Nardus, del que no se soltó durante 25 años.

Alguien mostró a ese Nardus algunas partidas con jugadas de sacrificio por Morphy en América; a partir de ese momento se convirtió en adorador de Morphy y comenzó a exigir a su protegido Janowsky partidas "hermosas" como aquellas. Janowsky se vio así obligado a jugar "nolens volens", partidas brillantes; pero como se demostraría pronto, sólo contra rivales flojos. Contra verdaderos maestros su estilo era tan secamente materialista, hablando en términos ajedrecísticos, como el del 99% de sus compañeros de raza.

No llegó a ser nunca un verdadero rival para Lasker, que le derrotó en varios matches. Una de las típicas cualidades del "talento" de Lasker fue la de eludir a los rivales peligrosos y jugar con ellos sólo cuando debido a la edad, a alguna enfermedad o a que se encontraban en baja forma, ya no eran peligrosos para él. Se podrían mencionar gran número de ejemplos de esta táctica; su evasiva a enfrentarse con Pillsbury, Maroczy o Tarrasch, la aceptación del desafío de este último en 1908, cuando ya no era aspirante al título, etc.

El caso de Schlechter es interesante; un jugador sin ansias de victoria, sin ambición, que siempre estaba dispuesto a conceder el empate, fue descrito por Lasker como "el hombre sin estilo". y la prueba más concluyente de los efectos negativos del predominio mundial Laskeriano es el ver que esa máquina de ajedrez, sin temperamento ni estilo, logró en el período 1900-1910 los más grandes éxitos en los torneos.

El tercero de los competidores judíos de Lasker fue el maestro Akiba Rubinstein. ortodoxo extremista, educado en el odio a los extranjeros, estaba obsesionado por ello desde el comienzo de su carrera. Su aproximación al ajedrez está signada por una especie de misión; de este modo, empezó de joven a estudiar ajedrez con el mismo afán que, cuando era niño, intentaba aprenderse el Talmud. Esto sucedía en un período de decadencia del ajedrez, en el que la escuela vienesa (cuyo secreto no radicaba en las victorias sino en el no perder) fundada por el judío Max Weiss y propagada por el trío Schlechter - Kaufmann - Fähndrich, dominaba la escena ajedrecística mundial.


Akiba Rubinstein.
No es de extrañar que Rubinstein, que en ese período se encontraba mejor preparado en aperturas que sus rivales de torneo, obtuviese impresionantes victorias casi inmediatamente después de hacer su debut en los torneos internacionales. Su éxito más significativo lo obtuvo al compartir el primer puesto en San Petersburgo, un torneo memorable que yo presencié cuando tenía 16 años (1909). Este sería el cenit de su carrera. a partir de ese momento comenzó el ocaso de Rubinstein, primero lentamente y más tarde de forma cada vez más clara. Cuando estudiaba sin desmayo obtenía como recompensa éxitos incomparables, pero se podía notar que ese esfuerzo era demasiado para un cerebro muy dotado para el ajedrez, pero mediocre.

Cuando llegué a Berlín, tras cuatro años de experiencia soviética, encontré en Rubinstein sólo la mitad de un gran maestro y la cuarta parte de un hombre. Su estado mental se aproximaba cada vez más a la demencia, unas veces delirando con grandes ilusiones y otras lleno de pensamientos paranoicos.

Educado en el odio contra el extranjero ("goim").

Quiero que sirva como ejemplo la siguiente anécdota: al final de ese mismo año (1921) se organizó un pequeño torneo, producto de los esfuerzos de Bogoljubow, con la participación de Rubinstein. Al concluir cada ronda se analizaban las partidas, como es costumbre. En una de esas ocasiones le formulé a Rubinstein -yo era director del torneo- la siguiente pregunta:
"¿Por qué ha hecho este movimiento de apertura? no es tan bueno como otro con el cual obtuve éxito contra Bogoljubow hace unos meses y que recuerdo haber analizado con usted después de la partida.
Sí, -contestó Rubinstein-; pero ése es el movimiento de un goyim”.
En aquel período su ajedrez apenas mostró aspectos destacados. En los últimos diez años de actividad (1920-1930) jugó algunas buenas partidas y consiguió algunos éxitos, pero su paranoia era cada vez más evidente. En los últimos dos o tres años acostumbraba a dejar su asiento cada vez que realizaba su jugada; se sentaba en cualquier lado, en una esquina de la sala del torneo, y no volvía al tablero hasta que su contrario había realizado su movimiento. Como el mismo explicaría, esto lo hacía "para no tener que someterme a la influencia maléfica del yo del contrario". Actualmente Rubinstein se encuentra en Bélgica, alejado para siempre del ajedrez.

El judío de Riga Aarón Mimzovitch coincidió poco con el período de esplendor de Lasker; más bien pertenece al de Capablanca. Su interpretación del ajedrez, estaba influida de manera notoria (sin su conocimiento y contra su voluntad) por el pensamiento agresivo de los ruso-eslavos (¡chigorin!); y digo sin su conocimiento porque él nos odiaba, tanto a nosotros los rusos como a los eslavos en general.

Nunca olvidaré el pequeño diálogo que mantuvimos al finalizar el torneo de Nueva Uork de 1927; Nimzovitch quedó por detrás de mí en el torneo y perdió contra el gran maestro yugoslavo prof. Vidmar. Enfadado por ello, no intentó, sin embargo, atacarnos directamente: pero una tarde sacó en una conversación el tema soviético y, dirigiéndose a mí, espetó: "quien habla de eslavos habla de esclavos". yo le respondí: "quien habla de judíos, en cambio, no necesita añadir nada más”.

En determinados círculos Nimzovitch adquirió prestigio como "profundo teórico", básicamente por dos libros a los que puso por título "Mi sistema" y "La práctica de mi sistema". Con profundo asombro, me di cuenta de que todo el "sistema de Nimzovitch", además de no ser original, se basaba en conceptos equivocados. Así pues, Nimzovitch comete no sólo el fallo de querer llegar a un final sintético a partir de un comienzo analítico, sino que va aún más allá en su error: basa sus análisis tan sólo en sus experiencias prácticas y presenta los resultados de ese análisis como la última verdad sintética del mundo ajedrecístico. Naturalmente que en las enseñanzas de Nimzovitch había algo de verdad: pero esa verdad no procedía de él sino de otros maestros, tantos antiguos como contemporáneos, que fueron plagiados, intencionadamente o no. Correcta es, por ejemplo, la idea de lucha por el centro, un concepto de Morphy que fue ilustrado por los grandes triunfos de Chigorin y por las partidas de Pillsbury y Charousek. También son correctas sus "verdades de M. de la Palise", como que es muy conveniente ocupar la séptima línea o que es mejor poder explotar dos debilidades enemigas que sólo una. Con boberías por el estilo consiguió hacerse Nimzovitch un nombre en la literatura ajedrecística, especialmente en Inglaterra y Nueva York (no en América, pues la ciudad judía de Nueva York, gracias a Dios, no es lo mismo que América).

Junto a estas pocas verdades hay en sus libros muchas cosas falsas, necesaria consecuencia de su actitud ante el ajedrez. Todo lo que es a medias original huele a fracaso; por ejemplo:
1) Su idea de "profilaxis" no es sino una formulación nueva de la antigua idea de Steinitz y Lasker de esperar a que el contrario cometa un fallo. 
2) La idea de "sobreprotección" (la prematura defensa supone puntos débiles) es una idea puramente judía, la de prevenir el ánimo agresivo; o sea, miedo a la lucha, dudas acerca de la propia fuerza espiritual, realmente un triste cuadro de la autodestrucción intelectual.
Con esta triste reducción del ajedrez se fue Nimzovitch a la tumba, dejando pocos seguidores y menos amigos aún (excepto algunos compañeros de raza) detrás de sí.

Richard Reti tuvo un indudable mérito: el de haber llevado al absurdo los pensamientos de sobreprotección de Nimzovitch. Aplicó la teoría de los puntos débiles incluso en la apertura; creía que se debía desarrollar los alfiles por los flancos, estrategia que el gran maestro alemán Richard Teichmann - dueño de una sensibilidad ajedrecística muy delicada y a la vez poco corriente-  ya había bautizado como "teoría del doble agujero".

Cada vez se ha ido haciendo más notoria la impopularidad de los pensamientos ajedrecísticos puramente destructivos de los judíos (Steinitz, Lasker, Rubinstein, Nimzovitch, Reti), que durante medio siglo han impedido el lógico desarrollo de la dimensión artística del ajedrez.


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