-----------------------------f- DOCTRINA NACIONALSOCIALISTA

Difusión y estudio del Nacionalsocialismo. Formación doctrinaria de los simpatizantes.

miércoles, 22 de febrero de 2017

DISCURSO DE ADOLF HITLER -1920 - LA RAZÓN DEL ANTI JUDAÍSMO.


¡Mis queridos compatriotas y camaradas!: Estamos muy acostumbrados a que se refieran a nosotros generalmente como monstruos. Y somos considerados particularmente monstruosos porque, en una cuestión sobre la cual ciertos caballeros en Alemania se ponen nerviosos, marchamos a la cabeza, a saber, en cuanto a la oposición a los judíos.

Nuestro pueblo entiende muchas cosas, pero éste es un problema que nadie quiere entender, y en particular porque, como un trabajador lo explicó, "¿Qué conexión hay en absoluto entre los trabajadores y el problema judío, cuando en realidad la mayor parte de la gente no tiene ni idea de lo que este problema significa?". La mayor parte de las personas se deja dirigir por sentimientos, y dicen: "He visto gente buena y mala entre ellos, tal como entre nosotros".

Muy pocos han aprendido a ver el problema sin emoción, en su forma limpia. Comenzaré al mismo tiempo con la palabra "trabajo".

¿A qué se le llama en realidad "trabajo"?. El trabajo es una actividad realizada no por propia voluntad de alguien sino por el bien de los semejantes. Si hay alguna diferencia entre el hombre y los animales, entonces ella existe particularmente en cuanto al trabajo, que no se origina en un instinto sino que proviene de la comprensión de una necesidad. Difícilmente alguna revolución tuvo un efecto tan profundo como aquella lenta revolución que gradualmente transformó al hombre perezoso del tiempo primitivo en el hombre que trabaja.
Hablando del trabajo, podemos suponer que esta actividad siguió estas tres fases: Primero, fue un efecto de un instinto simple de auto-conservación que también vemos en los animales. Más tarde, se desarrolló en la segunda forma del trabajo, la del egoísmo puro. También esta forma llegó a ser gradualmente sustituida por la tercera: el trabajo a partir del sentido ético del deber, donde un individuo no trabaja porque él sea forzado a ello. Lo vemos a cada instante. Millones de personas trabajan sin ser constantemente forzadas a ello. Miles de intelectuales están a veces comprometidos con sus estudios durante noches enteras sin fin, día a día, aunque ellos puedan no hacerlo por ganancias materiales. Cientos de miles de trabajadores alemanes después del final de su trabajo cuidan sus jardines. Y, generalmente, vemos hoy que millones de personas no pueden imaginar vivir sin alguna clase de ocupación.
Cuando dije que este proceso representa una lenta, pero quizás también la mayor de todas las revoluciones en la historia humana, entonces hay que asumir que también esta revolución tuvo que tener una causa, y esta causa fue la mayor Diosa de esta Tierra, la que es capaz de azotar a los hombres al máximo: la Diosa de la Necesidad.

Podemos ver esta privación en la temprana Prehistoria, sobre todo en la parte Norte del mundo, en aquellos enormes desiertos de hielo donde sólo la existencia más exigua era posible. Aquí, los hombres se vieron obligados a luchar por su existencia, por cosas que estaban, en el sonriente Sur, disponibles sin trabajar, y en abundancia. En aquellos tiempos el hombre hizo quizás su primer descubrimiento trascendental: En aquellas frías regiones el hombre fue obligado a encontrar un sustituto del único regalo del Cielo que hace la vida posible: el Sol. Y el hombre que produjo las primeras chispas artificiales más tarde apareció ante la Humanidad como un dios: Prometeo, el portador del fuego. El Norte forzó a los hombres a una actividad adicional: la producción de ropas, la construcción de moradas. Primero, fueron simples cuevas, más tarde cabañas y casas. En resumen, él creó un principio, el principio del trabajo. La vida no habría sido posible sin él.

Aunque el trabajo fuera todavía simple, tenía que ser planeado ya de antemano, y cada individuo sabía que si él no había hecho su parte, él moriría de hambre durante el próximo invierno. Al mismo tiempo siguió otro desarrollo: la terrible penuria se convirtió en un medio para la crianza de una raza. Quienquiera que fuera débil o enfermizo no podría sobrevivir al terrible período de invierno y moriría prematuramente. Lo que permaneció fue una raza de gigantes fuertes y saludables. Pero también nació otra característica de esta raza. Allí donde el hombre está amordazado exteriormente, donde su radio de acción es limitado, él comienza a desarrollarse internamente. Externamente limitado, internamente él se hace ilimitado. Mientras más el hombre, debido a fuerzas externas, debe depender de sí mismo, él desarrolla una vida interna más profunda y más él se vuelve hacia el interior.

Estos tres logros: el principio reconocido del trabajo como un deber, la necesidad, que no sólo surge del egoísmo sino para la preservación del grupo entero de la gente, un pequeño clan; segundo, la necesidad de la salud corporal y por lo tanto también de la salud mental normal; y tercero, la vida espiritual profunda. Todos éstos dieron a las razas del Norte la capacidad de ir al mundo y construir Estados.

Si este poder no pudo encontrar su expresión plena en el alto Norte, se hizo evidente cuando cayeron los grilletes de hielo y el hombre se volvió hacia el Sur a la Naturaleza más feliz y más libre. Sabemos que todos estos pueblos del Norte tenían un símbolo en común: el símbolo del Sol. Ellos crearon cultos de la Luz y ellos han creado los símbolos de los instrumentos para hacer fuego: el taladro de arco y la cruz. Usted encontrará esta cruz como una Hakenkreuz  [Cruz Angulada] tan lejos como en India y Japón, esculpida en los pilares de los templos. Es la Esvástica, que fue una vez un signo de las comunidades establecidas de Cultura Aria.

Aquellas razas, hoy llamadas arias, crearon todas las grandes culturas del mundo antiguo. Sabemos que Egipto fue llevado a su alto nivel cultural por inmigrantes arios. Del mismo modo, Persia y Grecia; los inmigrantes eran arios rubios de ojos azules. Y sabemos que fuera de estos Estados arios ningún Estado civilizado ha sido fundado. Allí surgieron razas mezcladas entre las razas del Sur —negras, de ojos oscuros y de color oscuro— y los inmigrantes, pero ellas fracasaron en crear algún Estado grande de cultura creativa.

¿Por qué es que sólo los arios poseyeron la capacidad para crear Estados? Fue debido, casi exclusivamente, a su actitud hacia el trabajo. Aquellas razas que, como lo primero, dejaron de ver el trabajo como el resultado de la coerción y lo vieron más bien como una necesidad nacida de cientos de miles de años de privaciones, tuvieron que llegar a ser superiores a otra gente. Y, además, fue el trabajo el que hizo que la gente se congregara y dividiera el trabajo entre ellos. Sabemos que en el momento en que el trabajo individual para sustentarse se convirtió en el trabajo dentro de las comunidades, la comunidad tendió a asignar un trabajo particular a aquellos particularmente talentosos, y con la creciente división del trabajo se hizo necesaria una todavía mayor integración en grupos aún más grandes. De este modo, fue el trabajo el que creó al principio parentescos, posteriormente tribus, y todavía más tarde, el que condujo a la creación de Estados.

Si vemos como el primer requisito previo para crear Estados la concepción del trabajo como un deber social, entonces el segundo ingrediente necesario es la salud y la pureza racial. Y nada ayudó más a los conquistadores del Norte contra las perezosas y decadentes razas del Sur que la fuerza refinada de su raza.

Los Estados permanecerían como un recipiente vacío si no estuvieran decorados con lo que normalmente llamamos la cultura. Si quitáramos todo y conserváramos sólo líneas férreas, barcos, etc.; si removiéramos todo lo que consideramos arte y ciencias, tal Estado llegaría a estar en realidad vacío y entenderíamos el poder creativo de las tribus del Norte. En el momento en que su gran e innata imaginación pudo actuar en áreas grandes y libres, ellas crearon por todas partes obras inmortales. Vemos este proceso repetido continuamente hasta en la escala más pequeña. Del mismo modo, sabemos que a menudo nacen grandes mentes en el fondo de la sociedad, incapaces de desarrollarse allí, pero, si tienen una oportunidad, ellas comienzan a crecer y a convertirse en líderes en las artes, las ciencias, y también en la política.

     Sabemos hoy que hay amplias inter-relaciones entre el Estado, la nación, la cultura, el arte y el trabajo, y sería locura pensar que cualquiera de estos elementos podría existir independientemente de los demás. Tomemos el arte —considerado como un dominio internacional— y veremos que es incondicionalmente dependiente del Estado. El arte floreció en aquellas áreas donde el desarrollo político lo hizo posible. El arte de Grecia alcanzó su nivel más alto cuando el joven Estado había triunfado sobre los ejércitos persas invasores. La construcción de la Acrópolis comenzó en ese tiempo. Roma se convirtió en la ciudad del arte después del final de las Guerras Púnicas, y Alemania construyó sus catedrales, como en Worms, Speyer y Limburg, cuando el Imperio germano bajo los salios había conseguido sus mayores triunfos. Podemos seguir esta conexión hasta nuestros tiempos. Sabemos que el arte, por ejemplo la belleza de las ciudades alemanas, siempre dependió del desarrollo político de estas ciudades; que fueron consideraciones políticas las que movieron a Napoleón III a regular los grandes paseos y a Federico el Grande a establecer el Unter den Linden. De manera similar ocurrió en Munich, donde era obvio que la ciudad no podía llegar a convertirse en un centro industrial, y entonces el arte fue elegido para elevar el status de la ciudad, que ahora todo el que quiera llegar a conocer Alemania debe visitar. Similares fueron los orígenes de la Viena de hoy.

     El caso fue similar con las otras artes. En el momento en que los pequeños Estados, carentes de poder, comenzaron a unirse en un solo Estado, entonces también comenzó a crecer un arte alemán, orgulloso de sí mismo. Las obras de Richard Wagner aparecieron en el período en que la vergüenza y la impotencia fueron sustituídas por un gran y unificado Reich alemán.

     Y de esta manera, no sólo el arte es dependiente del Estado, y de la política del Estado; ocurre lo mismo con el trabajo, porque sólo un Estado sano está en posición de dar la oportunidad de trabajar a sus ciudadanos y de permitirles usar sus talentos. Ocurre el caso contrario en el caso de la raza con relación a todo lo demás. Un Estado con una raza decadente, enfermiza e insalubre nunca producirá grandes obras de arte ni hará una gran política, o al menos no disfrutará de la abundancia. Cada uno de estos factores depende de los demás. Y sólo cuando todos ellos se complementan el uno al otro, podemos nosotros decir: hay armonía en el Estado, de la manera en que nosotros los germánicos la entendemos.

     Ahora tenemos que hacernos la pregunta: ¿y qué pasa con el judío como un constructor de Estados?. ¿Posee el judío el poder de crear un Estado?. Primero debemos examinar su disposición frente al trabajo, averiguar cómo él percibe el principio del trabajo, y perdónenme si ahora tomo un libro llamado la Biblia. No estoy afirmando que todos sus contenidos sean necesariamente verdaderos, ya que sabemos que la Judería fue muy liberal al escribirla. Una cosa, sin embargo, es cierta: no ha sido escrita por un anti-judío (risas). Esto es muy importante, porque ningún anti-judío habría sido capaz de escribir una acusación más terrible contra la raza judía que la Biblia, el Antiguo Testamento. Echemos un vistazo a una frase: "Por el sudor de tu frente comerás tu pan". Y esto dice que ello debería ser un castigo por la Caída del Hombre.

     ¡Señoras y Señores! Ya aquí vemos que nos separa un mundo entero; nosotros nunca podríamos concebir el trabajo como un castigo, pues de otro modo habríamos sido todos convictos. No queremos concebir el trabajo como un castigo. Debo admitir: yo no habría sido capaz de existir sin trabajar, y cientos de miles y millones habrían sido capaces de resistir quizás 3 ó 5 días, tal vez hasta 10, pero no 90 ó 100 días sin ninguna actividad. Si el Paraíso realmente existió, la Tierra de la Abundancia, entonces nuestra gente habría sido infeliz en ella. Nosotros los alemanes buscamos constantemente una posibilidad de hacer algo, y si no podemos encontrar nada, al menos de tiempo en tiempo nos golpeamos unos a otros en la cara (risas). Somos incapaces de soportar el descanso absoluto.

     Así vemos, ya aquí, una gran diferencia. Ya que un judío ha escrito esto, carece de importancia si es verdadero o no, porque esto todavía refleja la opinión que la Judería tiene sobre el trabajo. Para ellos el trabajo no es un deber ético obvio sino como máximo un medio de subsistencia. En nuestros ojos, esto no es el trabajo, porque en ese caso cualquier actividad que satisfaga la auto-conservación, sin consideración por el prójimo, podría ser llamada trabajo. Y sabemos que este trabajo, en el pasado, consistió en el saqueo de caravanas, y hoy en el saqueo planificado de agricultores, industriales y trabajadores endeudados. La forma ha cambiado pero el principio es el mismo. No lo llamamos trabajo sino robo.

     Cuando ya una noción tan básica nos separa, aquí viene otra. He explicado ya que durante un largo período en el Norte las razas se purificaron. Esto significa que todos los inferiores y los débiles gradualmente murieron y sólo permanecieron los más sanos. También aquí el judío se diferencia de nosotros porque él no se ha purificado, sino que en cambio él practicó la endogamia; él se multiplicó enormemente, pero sólo en círculos cerrados, y sin selección. Y por lo tanto vemos una generación que está plagada por defectos causados por practicar la endogamia.

     Finalmente, el judío no posee el tercer factor: la vida espiritual interior. No tengo que explicar aquí a qué se parece un judío generalmente. Todos ustedes lo conocen (risas). Ustedes conocen su constante inquietud que nunca le da una posibilidad de concentrarse y de tener una experiencia espiritual. En los momentos más solemnes él parpadea sus ojos, y uno puede ver que incluso durante la ópera más hermosa él está calculando dividendos (risas). El judío nunca ha tenido su propio arte. Su propio templo ha sido construído por constructores extranjeros: el primero fue construído por los asirios, y para la construcción del segundo emplearon artistas romanos. Él no ha dejado nada que pudiera ser llamado arte, ningún edificio, nada. En la música, sabemos que él solamente es capaz de copiar hábilmente el arte de los otros. No ocultaremos que hoy él tiene a muchos famosos directores de orquesta por cuya fama él puede agradecer a la bien organizada prensa judía (risas).

     Cuando una nación no posee estos tres rasgos, no es capaz de crear Estados. Y esto es verdadero porque a lo largo de los siglos el judío fue siempre un nómada. Él nunca ha tenido lo que podríamos llamar un Estado. Es un error que se extiende ampliamente hoy decir que Jerusalén fue una capital de un Estado judío de una nación judía. Por un lado, siempre hubo una gran sima entre las tribus de Judá y Caleb y las tribus israelitas del Norte, y sólo David, por primera vez, tuvo éxito en tender gradualmente un puente sobre dicho abismo por medio del culto unitario de Yahvé. Sabemos precisamente que este culto eligió muy a última hora para sí a Jerusalén como su única sede. Sólo a partir de aquel momento la gente judía consiguió un centro, como Berlín o Nueva York o Varsovia hoy. Ésa fue una ciudad en la cual el judío, gracias a sus talentos y características, consiguió gradualmente un predominio, en parte por la fuerza de las armas, en parte por el "poder de los trombones". Junto con ello, los judíos, ya en aquellos tiempos, vivían como parásitos en el cuerpo de otros pueblos, y tenía que ser así, porque son un pueblo que no quiere trabajar —el trabajo, a menudo difícil, de construír y mantener un Estado—, trabajar en minas, fábricas, en la construcción, etc.; todo esto era desagradable para el hebreo. Tal gente nunca establecerá un Estado sino que prefiere vivir en algún otro Estado donde los otros trabajan, donde él actúa como un intermediario en los negocios, como un distribuidor en el mejor de los casos, o dicho en buen alemán, como un ladrón, un nómada que emprende incursiones de robo tal como en los tiempos antiguos (aclamaciones y aplausos).

     Y de esta manera podemos entender ahora por qué el Estado sionista entero y su establecimiento no son nada más que una comedia. El señor Gran Rabino ha dicho ahora en Jerusalén: "El establecimiento de este Estado no es lo más importante; está lejos de ser seguro si esto en absoluto va a ser posible. Sin embargo, es necesario que la Judería tenga esta ciudad como su cuartel central espiritual porque la Judería materialmente y de hecho es el amo de varios Estados; los controlamos financiera, económica y políticamente". Y entonces el Estado sionista va a ser simplemente inofensiva arena en el ojo. Se han hecho esfuerzos para explicar por qué se encuentra que tantos y tantos judíos quieren ir allí como agricultores, trabajadores, o incluso soldados (risas). Si esta gente realmente tiene esta urgencia en ellos, Alemania hoy necesita a estos hombres ideales como cortadores de césped y mineros del carbón; ellos podrían tomar parte en la construcción de nuestras plantas hidroeléctricas, nuestros lagos, etc., pero esto no se les ocurre. El Estado sionista entero no será nada más que la perfecta universidad para sus criminales internacionales, y desde allí ellos serán dirigidos. Y cada judío tendrá, por supuesto, inmunidad como ciudadano del Estado palestino (risas), y él conservará por supuesto nuestra ciudadanía. Pero cuando sea atrapado in fraganti, él no será un judío alemán por más tiempo sino un ciudadano de Palestina (risas).

     Uno casi puede decir que el judío no lo puede evitar, porque todo proviene de su raza. Él no puede hacer nada sobre ello y, además, no importa si él es bueno o malo, ya que él debe actuar según las leyes de su raza, tal como lo hacen los miembros de nuestro pueblo. Un judío es en todas partes un judío; consciente o inconscientemente, él representa de manera decidida los intereses de su raza.

     Así podemos ver las dos grandes diferencias entre las razas: el Arianismo significa la percepción ética del trabajo y aquello que hoy tan a menudo oímos: socialismo, espíritu de comunidad, el bien común antes que el propio. La Judería significa la actitud egoísta frente al trabajo y por ende mammonismo y materialismo, lo opuesto del socialismo. Y debido a estas características él no puede pasar por encima de las mismas, ya que ellas están en su sangre y, como él mismo lo admite, sólo en estas características yace la necesidad del judío de comportarse incondicionalmente como un destructor de los Estados. Él no puede actuar de otro modo, lo quiera o no, y por lo tanto él es incapaz de crear su propio Estado, porque esto requiere mucho sentido social. Él es sólo capaz de vivir como un parásito en los Estados de otros. Él vive como una raza entre otras razas, en un Estado dentro de otros Estados. Y podemos ver muy precisamente que cuando una raza no posee ciertos rasgos que deben ser hereditarios, ella no sólo no puede crear un Estado sino que debe actuar como algo destructor, no importa si un individuo dado es bueno o malo.

     Podemos rastrear este destino de la Judería desde la prehistoria más temprana.

     No es importante si hay verdad en cada palabra de la Biblia. En general, ella nos da al menos un extracto de la historia de la Judería. Vemos cómo los judíos se representan a sí mismos, porque el judío escribió estas palabras de manera muy inocua. No le pareció a él escandaloso que una raza, por medio de la astucia y el engaño, invadiera y despojara a otras razas, que fuera siempre finalmente expulsada y, sin sentirse ofendida, buscara repetir lo mismo en otras partes. Ellos alcahuetearon y regatearon aun cuando se tratara de sus ideales, siempre listos a ofrecer incluso a sus propias familias. Sabemos que no hace mucho un caballero estaba aquí, Sigmund Fraenkel, que acaba de escribir que es completamente injusto acusar a los judíos de tener un espíritu materialista. Sólo habría que mirar la jovial vida de familia de ellos. Sin embargo, esta vida íntima de familia no impidió al Abuelo Abraham alcahuetear a su propia esposa ante el Faraón de Egipto a fin de ser capaz de hacer negocios (risas). Como fue el abuelo, así fue el padre, y así fueron los hijos que nunca descuidaron su negocio. Y usted puede estar seguro de que ellos no están descuidando el negocio mientras hablamos. El que entre ustedes haya sido un soldado, recordará Galitzia o Polonia: allí, en las estaciones de ferrocarril, estos Abraham estaban en todas partes (risas y aplausos).

     Este intento de penetrar y presionar sobre otras razas el judío lo realiza desde hace miles de años. Y sabemos muy bien que dondequiera que ellos permanecieron lo suficiente, aparecieron los síntomas de la decadencia, y los pueblos no podían hacer nada más que liberarse del huésped no invitado o desaparecer ellos mismos. Fuertes plagas aparecieron entre las naciones, nada menos que diez en Egipto —la misma plaga que experimentamos hoy de primera mano—, y finalmente los egipcios perdieron su paciencia. Cuando el cronista describe que los judíos estaban sufriendo cuando ellos finalmente se marcharon, sabemos que fue de manera diferente, ya que tan pronto como ellos se fueron, comenzaron a extrañar el regreso (risas). Parece que ellos no lo pasaron tan mal. Por otra parte, si es verdad que ellos habían sido obligados a ayudar a construír pirámides, eso equivaldría hoy a obligarlos a ganar su pan trabajando en nuestras minas, canteras, etc. Y así como usted no va a ver esta raza voluntariamente hacer eso, así no les quedó a los egipcios sino forzarlos. Lo que cientos de miles de otros hacen de manera rutinaria, aquello significa para el judío otro capítulo de sufrimiento y persecución.

     Todavía más tarde, el judío fue capaz de infiltrarse en el entonces ascendente Imperio romano. Todavía podemos ver sus rastros en el Sur de Italia. Ya 250 años antes de Cristo él estaba allí en todos los lugares, y la gente comenzó a evitarlos. Ya, en el mismo momento, él tomó su decisión más importante y se convirtió en un comerciante. Por numerosos textos romanos sabemos que él comerció, como hoy, con todo tipo de cosas, desde cordones de zapatos a muchachas. Y sabemos que el peligro creció, y que la insurrección después del asesinato de Julio César fue principalmente instigada por los judíos.

     El judío sabía ya entonces cómo hacerse amigos con los amos de esta Tierra. Sólo cuando éstos se hicieron inestables en su gobierno, él de repente se convirtió en populista y descubrió su amplio corazón abierto frente a las necesidades de las amplias masas. Así ocurrió en Roma, como sabemos. Sabemos que el judío usó el cristianismo, no por amor a Cristo sino en parte porque él sabía que esta nueva religión cuestionaba todo poder terrenal, y de ese modo ella se convirtió en un hacha en la raíz del Estado romano, el Estado que fue construído sobre la autoridad del servidor público. Y él se convirtió en su principal portador y propagador, sin llegar a hacerse cristiano. Él no podría hacer eso, él siguió siendo un judío, exactamente como hoy cuando, nunca rebajándose al nivel de un trabajador, permanece como un amo simulando ser un socialista (aplausos). Él hizo lo mismo hace 2.000 años, y sabemos que esta nueva Enseñanza no era nada más que una resurrección de la vieja obvia verdad de que la gente en un Estado debería tener derechos legales y, sobre todo, que a iguales deberes deberían concedérseles iguales derechos. Esta enseñanza obvia se volvió gradualmente contra el judío mismo, tal como la enseñanza similar del socialismo se ha vuelto contra la raza hebrea hoy, sus distorsionadores y corruptores. Sabemos que a lo largo de la Edad Media el judío se infiltró en todos los Estados europeos, comportándose como un parásito, usando nuevos principios y formas que la gente no conocía entonces. Y de ser un nómada él se convirtió en un ladrón avaro y sanguinario de nuestro tiempo. Y él llegó tan lejos, que pueblo tras pueblo se rebeló e intentó quitarse de encima esta plaga.

     Sabemos que es falso cuando la gente dice que el judío fue forzado a esta actividad; él podía adquirir fácilmente tierra. Y él realmente adquirió tierra, pero no para trabajarla sino a fin de usarla como un objeto comercial, tal como él lo hace hoy. Nuestros antepasados eran más sabios; ellos sabían que la tierra era sagrada, y excluyeron al judío de ello (enérgica ovación), y si el judío alguna vez hubiera tenido la intención de atender la tierra y construir un Estado, él podría haber hecho eso fácilmente entonces cuando nuevos continentes enteros fueron descubiertos. Él pudo haberlo hecho fácilmente si sólo hubiera usado una pequeña parte de su poder, habilidad, astucia, brutalidad y crueldad, así como algunos de sus recursos financieros. Porque si este poder fuera suficiente para someter pueblos enteros, hubiera sido más que suficiente para construir su propio Estado, si sólo él hubiera tenido la condición básica para esto, que es una voluntad para trabajar, pero no en el sentido del comercio usurero sino en el sentido en el cual millones de personas trabajan a fin de mantener un Estado funcionando. En cambio, lo vemos a él también hoy como un destructor. En estos días vemos una gran transformación: el judío fue una vez un judío de Corte, sumiso a su amo al que él sabía cómo doblegar a fin de dominar a sus súbditos. Para este fin él estimuló los apetitos de estos grandes hombres por cosas inaccesibles, amplió el crédito, y pronto los convirtió en deudores. De esta manera él mismo consiguió el poder sobre los pueblos. Y él jugó este juego con la misma crueldad —unos pocos años más tarde— del judío humanístico y filantrópico cuya riqueza no sufrió en absoluto cuando él mostró su humanitarismo y su espíritu de sacrificio a nuestro pueblo (grandes risas). Dije que él se transformó desde ser un Judío de Corte [Hofjude] a ser un Judío Populista [Volksjude]. ¿Por qué? Porque él sintió que la tierra comenzaba a ser removida bajo sus pies.

     Gradualmente, él también tuvo que conducir una lucha existencial contra el creciente despertar y la cólera de la gente. Esto lo obligó a poner sus manos en la estructura interna de los Estados si él quería permanecer como el amo de los pueblos. Vemos la destrucción resultante en tres áreas, a saber, aquellas mismas tres áreas que conservaban y desarrollaban a los Estados.

     La primera área era la lucha contra el principio del deber ético de trabajar. El judío había encontrado otra clase de trabajo para sí donde él podía ganar el oro sin mover prácticamente un dedo. Él desarrolló un principio que, a través de los milenios, hizo posible que él acumulara fortunas sin sudor ni trabajo duro, a diferencia de todos los otros mortales y, sobre todo, sin correr riesgos.

     ¿Qué significa realmente la palabra "capital industrial"?. ¡Damas y Caballeros!: La gente a menudo nos acusa, particularmente en las fábricas: "Ustedes no luchan contra el capital industrial, sólo contra el capital financiero y el capital de préstamo". Y la mayoría de las personas no entienden que no hay que luchar contra el capital industrial. ¿Qué es el capital industrial? Es un factor que cambia constantemente, un concepto relativo. Alguna vez fue una aguja e hilo, un taller y un par de centavos en efectivo que un sastre en Nuremberg poseía en el siglo XIII. Fue una suma que hacía posible el trabajo, es decir: herramientas, talleres y una cierta cantidad de dinero a fin de sobrevivir durante un periodo de tiempo. Gradualmente, ese pequeño taller se convirtió en una gran fábrica. Pero los talleres y las herramientas, las máquinas y las fábricas no tienen, en sí, ningún valor capaz de producir valor sino que son un medio para conseguir un fin. Lo que produce valor es el trabajo; y los pocos centavos que hicieron posible sobrevivir durante tiempos difíciles y comprar algunas telas, multiplicados a través del tiempo, están delante de nosotros hoy. Lo llamamos capital para el funcionamiento continuado en tiempos malos, que es el Capital de Trabajo.

     Aquí quiero enfatizar una cosa: las herramientas, el taller, la máquina, la fábrica —o el capital de trabajo, es decir, el capital industrial—, contra esto usted no puede luchar en absoluto. Usted puede quizás asegurarse de que no se abuse de ello, pero usted no puede luchar contra ello. Esta es la primera estafa importante que se hace a nuestro pueblo, y ellos lo hacen para distraernos de la verdadera lucha, para alejarla del capital que debería y deber ser combatido: el capital de préstamo y el capital financiero (ovación y aplausos). Este capital surge de un modo muy diferente. El pequeño maestro artesano era dependiente del destino que podía afectarlo cada día, de la situación general en la Edad Media, quizás del tamaño de su ciudad y su prosperidad, de la seguridad en dicha ciudad. También hoy es este capital, es decir el capital industrial ligado al Estado y a la gente, dependiente de la voluntad de la gente para trabajar, pero dependiente también de la posibilidad de conseguir materias primas a fin de ser capaz de ofrecer trabajo y encontrar compradores que realmente comprarán el producto. Y sabemos que un colapso del Estado, bajo ciertas circunstancias, deja a los mayores valores sin valor, los devalúa, a diferencia del otro capital, el capital financiero y el capital de préstamo, que acumula interés muy regularmente sin ninguna consideración de si el dueño mismo, por ejemplo, de 10.000 marcos, fallece o no. La deuda permanece en el Estado. Tenemos conocimiento de primera mano de que el Estado tiene deudas, por ejemplo, los certificados del Reich alemán por los ferrocarriles de Alsacia-Lorena; estas obligaciones deben ser portadoras de interés aunque los ferrocarriles ya no estén en nuestra posesión. Sabemos que este ferrocarril por suerte tiene ahora un déficit de unos 20.000 millones, pero sus bonos deben ser portadores de interés, y aun cuando ellos fueran vendidos, en parte, hace más de 60 años y hayan sido reembolsados ya cuatro veces, la deuda, el interés, sigue corriendo, y mientras una gran nación no gana nada en esta compañía, todavía debe desangrarse; el capital de préstamo sigue creciendo completamente independientemente de cualquier perturbación exterior.


     Aquí ya vemos la primera posibilidad, a saber, que esta forma de hacer dinero, que es independiente de todos los acontecimientos e incidentes de la vida diaria, debe necesariamente, porque nunca se ve dificultada y siempre funciona regularmente, conducir gradualmente a enormes capitales que son tan grandes, que ellos finalmente tienen sólo una falta, a saber, la dificultad de su acomodación posterior. Para acomodar este capital, usted tiene que proceder a la destrucción de Estados enteros, a destruír culturas enteras, a abolir las industrias nacionales, no para socializarlas sino para arrojar todo a las mandíbulas de esta capital internacional, porque este capital es internacional, como la única cosa en esta Tierra que es verdaderamente internacional. Es internacional porque sus portadores, los judíos, son internacionales gracias a su distribución como pueblo a través del mundo.

     Y ya aquí habría que golpearse en la cabeza y decir: si este capital es internacional porque su portador está distribuído internacionalmente, debe ser locura pensar que este capital puede ser combatido internacionalmente con la ayuda de los miembros de la misma raza que lo posee. El fuego no se extingue con fuego sino con agua, y el capital internacional que pertenece al judío internacional sólo puede ser destruído por una fuerza nacional (vítores y aplausos). De este modo, este capital ha crecido a proporciones increíblemente grandes, y hoy prácticamente gobierna la Tierra, todavía inquietantemente creciendo y —¡lo peor!— corrompiendo completamente todo el trabajo honesto. Porque es terrible que el hombre común que tiene que soportar la carga a fin de devolver el capital vea que, a pesar de su duro trabajo, diligencia, ahorratividad y a pesar del trabajo real, él es apenas capaz de alimentarse y todavía menos de vestirse, mientras este capital internacional devora miles de millones sólo en intereses, que dicha persona también debe suministrar, y al mismo tiempo se propaga en el Estado un estrato racial entero que no hace ningún otro trabajo aparte de recolectar los intereses y cortar cupones. Ésta es una degradación de cualquier trabajo honesto, ya que cada honesto hombre trabajador debe estar preguntándose hoy: "¿Tiene algún propósito en absoluto que yo trabaje? Realmente nunca voy a lograr nada, y hay gente que, prácticamente sin trabajar, puede no sólo vivir sino en la práctica incluso dominarnos, y ése es su objetivo".

     Sí, uno de los fundamentos de nuestra fuerza está siendo destruído, a saber, el concepto ético del trabajo, y ésa fue la idea brillante de Karl Marx al falsificar el concepto ético del trabajo; y la masa entera de la gente que gime bajo el capital debe ser organizada para la destrucción de la economía nacional y para la protección del capital internacional financiero y de préstamo (aplausos tempestuosos). Sabemos que estos capitales están enfrentados, y que hoy 15.000 millones de capital de la industria se las tienen que ver con 300.000 millones de capital de préstamo. Estos 15.000 millones de capital industrial son invertidos en valores creativos, mientras que esos 300.000 millones de capital de préstamo, que siempre conseguimos por cucharadas de 6.000 y 7.000 millones y que usamos en períodos de 1 a 2 meses para complementar nuestras raciones un poco, estos 6.000 a 7.000 millones hoy que están estipulados como trozos de papel casi sin valor, en una fecha posterior deberíamos nosotros alguna vez recuperarlos, tendrán que ser reembolsados en dinero de alta calidad, es decir, en un dinero detrás del cual haya trabajo práctico. Esto no es sólo la destrucción de un Estado sino ya la aplicación de una cadena, de una abrazadera en el cuello para tiempos posteriores.

     El segundo pilar contra el cual el judío como parásito se vuelve, y debe hacerlo, es la pureza nacional como fuente de la fuerza de una nación. El judío, quien es en sí mismo un nacionalista más que ninguna otra nación, que a través de los milenios no se mezcló con ninguna otra raza, usa la entremezcla sólo para otros, para degenerarlos en el mejor de los casos; este mismo judío predica cada día en miles de lenguas, desde 19.000 periódicos sólo en Alemania, que todas las naciones de la Tierra son iguales, que la solidaridad internacional debería unir a todos los pueblos, que ningún pueblo puede reclamar un estatus especial, etc., y, sobre todo, que ninguna nación tiene alguna razón para estar orgullosa de nada que sea llamado o sea nacional. Lo que una nación significa, él, que nunca sueña con descender hacia aquellos a quienes él predica el internacionalismo, lo sabe muy bien.

     Primero, una raza debe ser desnacionalizada. Primero debe desaprender que su poder está en su sangre, y cuando ha alcanzado el nivel donde no tiene más orgullo, el resultado es un producto, una segunda raza, que es inferior a la anterior, y el judío necesita disminuírla a fin de organizar su dominación mundial final. A fin de construírlo y mantenerlo, él disminuye el nivel racial de los otros pueblos, de modo que sólo él sea racialmente puro y capaz de eventualmente gobernar sobre todo los demás. Ésa es la degradación de la raza, los efectos de la cual podemos ver hoy en diversos pueblos del mundo. Sabemos que los hindúes en India son un pueblo mezclado, proviniendo de los altos inmigrantes arios y de los aborígenes oscuros. Y esa nación carga con las consecuencias, ya que es una nación esclava de una raza que puede parecer desde muchos puntos de vista casi como una segunda Judería.

     Otro problema es el problema de la descomposición física de las razas. El judío trata de eliminar todo aquello que él sabe que de alguna manera es reforzador y fortificador de los músculos, y elimina sobre todo lo demás aquello que él sabe que puede mantener a una raza tan sana que permanecerá determinada a no tolerar en medio de ellos a criminales nacionales, parásitos de la comunidad nacional, sino que bajo algunas circunstancias va a castigarlos con la muerte. Y éste es su gran temor y preocupación; ya que incluso los más pesados cerrojos de la prisión más segura no son tan resistentes, y la prisión no es tan segura como para que unos cuantos millones no pudieran abrirla finalmente. Sólo una cerradura es permanente, y aquélla es la muerte, y delante de ella él tiene el mayor temor. Y por lo tanto él procura abolir este bárbaro castigo en todas partes donde él vive como un parásito. Pero dondequiera que él ya esté, oh Señor, dicha pena es usada despiadadamente (fuertes aplausos).

     Y, mediante el deterioro de la fuerza física, él tiene excelentes medios a mano. En primer lugar, él tiene el comercio, que no debería ser nada más que distribución de productos alimenticios y otros artículos necesarios para el uso diario. Él lo usa para retirar estos artículos de la vida diaria, cuando es necesario, a fin de elevar los precios por una parte, pero también para retirarlos a fin de crear las condiciones para el debilitamiento físico que siempre han funcionado mejor: el hambre.

     De esa manera, los vemos organizar brillantemente, desde José en Egipto hasta un Rathenau hoy. En todas partes, lo que vemos detrás de estas organizaciones no es el deseo de hacer una organización brillante para el suministro de comida, sino para mediante ellas gradualmente crear el hambre. Sabemos que como político él nunca tuvo razón y motivo para evitar el hambre; por el contrario, dondequiera que el judío apareció en los partidos políticos, el hambre y la miseria fueron el único suelo en el cual él podía crecer. Él la desea, y por lo tanto él no piensa siquiera en aliviar la miseria social. Ésa es la base sobre la cual prospera.

     De la mano con esto hay una batalla en contra de la salud de la gente. Él sabe cómo trastornar todas las maneras normales sanas, cómo poner de cabeza las reglas higiénicas obvias; de la noche él hace día; él crea la infame vida nocturna y sabe exactamente que esto trabaja de manera lenta pero segura, destruyendo gradualmente la fuerza saludable de una raza, haciéndola débil; uno es destruído físicamente, otro espiritualmente, y en el corazón del tercero pone el odio, ya que éste tiene que ver a los demás dándose banquetes.

     Y finalmente, como último recurso, él destruye la capacidad productiva, y si es necesario, en relación a ello, los recursos productivos de una nación. Ése es el gran misterio de Rusia. Ellos han destruído fábricas, no porque ellos supieran que ellas ya no serían necesarias sino porque ellos sabían que la gente sería forzada, con enormes privaciones, a reemplazar lo que había sido destruído. Entonces el judío tiene éxito en explotar a la gente, en vez de las antiguas 9 y 10 horas, durante 12 horas. Para cuando el judío se convierte en amo y señor, él no reconoce el día de 8 horas; él reconoce su Sábado para su propio ganado, pero no para los golem, para los akum [no-judíos].

     Finalmente, él recurre al último método: la destrucción de toda la cultura, de todo lo que consideramos necesariamente como un aspecto coherente de un Estado civilizado. Aquí está su trabajo quizás más difícil de reconocer, pero aquí el efecto real es el más terrible. Estamos familiarizados con su actividad en las artes, ya que las pinturas de hoy se convirtieron en una caricatura de todo lo que llamamos la percepción interior verdadera (aplausos prolongados). Ellos siempre explican que usted no comprende la experiencia interior del artista. ¿No cree usted que también Moritz Schwind y Ludwig Richter experimentaron internamente cuando ellos crearon? (ovación y aplausos).

     ¿No cree usted, finalmente, que, por ejemplo, los acordes de Beethoven también surgieron de la experiencia y sentimiento interiores y que una sinfonía de Beethoven refleja su experiencia interior? Ésta es una experiencia interior verdadera, a diferencia de las otras, que son sólo un fraude superficial (aplausos), puestas en el mundo con la intención de destruír gradualmente en la gente cualquier idea sana y fustigar a la gente en un estado en el cual nadie puede entender si los tiempos se han vuelto locos o si él mismo está loco (grandes risas y aplausos).

     Tal como él trabaja en pintura, escultura y música, así él lo hace en poesía, y sobre todo en literatura. Aquí él tiene una gran ventaja. Él es el editor y, sobre todo, el publicador de más del 95% de todos los periódicos. Él usa este poder, y el que se ha convertido en un anti-judío tan brutal como yo mismo (risas), presiente, apenas toma el periódico en su mano, dónde el judío comienza; él sabe ya desde la portada que nuevamente aquél no es uno de nosotros sino uno de las "gentes ocultas" (risas). Sabemos muy bien que todas sus contorsiones y juegos de palabras sólo sirven para ocultar el vacío interior de su mente, y para esconder el hecho de que el tipo no tiene ninguna verdadera vida espiritual, y de que él carece de verdadero espíritu, que él sustituye con frases ampulosas, giros de palabras y distorsiones que parecen irrazonables; pero él cautelosamente explica desde el comienzo que el que no las entiende no está desarrollado mentalmente lo suficiente (risas).

     Cuando hablamos de literatura, también tenemos que saltar directamente a otro capítulo donde podemos admirar de sobra a Moritz y a Salomon Wolf y a Bær: nuestro teatro, los lugares que un Richard Wagner quiso alguna vez haber oscurecido para crear el más alto grado de consagración y seriedad, en los cuales él quería poner en escena obras que sería vergonzoso calificar como espectáculos, de manera que él las llamó "obras de consagración"; el lugar donde no debería haber nada más sino la elevación más alta, un aislamiento del individuo de toda la pena y miseria, pero también de toda la putrefacción que nos rodea en la vida, para elevar al individuo hacia un aire más puro. ¿Qué ha pasado con ello? Un lugar en el cual hoy usted está avergonzado de entrar si alguien pudiera percatarse del momento en que usted entra. Vemos que aunque Friedrich Schiller recibiera sólo 346 táleros por "María Estuardo", por "La Viuda Alegre" [de Franz Lehar] la gente hoy recibe 5,5 millones, de modo que la mayor cursilería hoy recauda millones por algo que un autor en la Grecia antigua habría sido probablemente expulsado del Estado mediante el ostracismo (fuertes aplausos).

     Y si el teatro se ha convertido en un semillero de vicio y descaro, del mismo modo ha ocurrido mil veces más con la nueva invención, que quizás proviene de la inspiración genial pero que el judío entendió en seguida que tenía que remodelarla para transformarla en el negocio más sucio que usted pueda imaginar: el cine (aplausos atronadores). Al principio la gente puso sus mayores esperanzas en esta brillante invención. Podría haberse convertido en un fácil transmisor del conocimiento profundo para toda la gente del mundo. ¿Y qué ha pasado con ello? Se convirtió en el transmisor de la más grande y más desvergonzada suciedad. Y así trabaja el judío.

     Para él no hay ninguna sensibilidad espiritual, y tal como su antepasado Abraham vendió a su esposa, él no encuentra nada especial en el hecho de que hoy él venda a muchachas; y a través de los siglos lo encontramos por todas partes, tanto en Norteamérica como en Alemania, en Austria-Hungría y en todo el Este, como el comerciante de mercancía humana, y eso no puede ser negado; incluso el mayor defensor del judío no puede negar que todos estos comerciantes de muchachas sean hebreos. Este asunto es atroz. Según el sentimiento germánico, habría sólo un castigo para esto: la pena de muerte, para la gente que juega a la ligera, considerando aquello como un negocio, como un artículo comercial, lo que para millones de otros significa la mayor felicidad o la mayor desgracia. Para ellos el amor no es nada más que un negocio del cual ellos hacen dinero. Ellos siempre han estado dispuestos a destrozar la felicidad de cualquier matrimonio, si de ello se pueden hacer 30 monedas de plata (ovación y aplausos).

     Ellos nos dicen hoy que todo lo que era conocido como vida familiar es una noción completamente anticuada, y sólo quien vio la obra "Schloss [Castillo] Wetterstein" pudo ver cómo desvergonzadamente lo más sagrado que todavía le quedaba al pueblo fue tratado como un "burdel". Entonces no deberíamos estar sorprendidos cuando él también ataca aquello ante lo cual muchas personas hasta hoy no son indiferentes, y que para muchos al menos puede dar una paz interior: la religión. También aquí vemos al mismo judío que en sí mismo no tiene suficientes costumbres religiosas, de las cuales los otros podrían burlarse fácilmente, pero nadie lo hace, por cuanto nosotros, en principio, nunca ridiculizamos la religión, porque es sagrada para nosotros. Pero él trata de destruír todo sin ofrecer un sustituto. Quienquiera que hoy, en esta época de engaño y del fraude más vil, sea desconectado de ella, para él sólo hay dos posibilidades más: o se cuelga por desesperación o se convierte en un criminal.

     Cuando el judío ha destruído el Estado según estos tres aspectos principales, cuando él ha debilitado, primero, el poder formador y mantenedor del Estado, segundo, la concepción ética del trabajo, y tercero, la pureza racial de un pueblo y su vida espiritual, él pone el hacha a la autoridad de la razón en el Estado y pone en su lugar la llamada autoridad de la mayoría de la muchedumbre, y él sabe que esta mayoría bailará cuando él silbe, porque él tiene los medios para dirigirla: él tiene la Prensa, no quizás para registrar la opinión pública, sino para falsificarla, y él sabe cómo explotar a la opinión pública por medio de la Prensa a fin de dominar el Estado. En vez de la autoridad de la razón, entra la autoridad de la gran mayoría esponjosa conducida por el judío, porque el judío siempre pasa por tres períodos.

     Primero, autocráticamente dispuesto, listo para servir a cualquier príncipe; él luego desciende hasta el pueblo, que lucha por la democracia, de la cual él sabe que estará en su puño, y conducida por él; él se adueña de ella, y se convierte en un dictador. Y vemos esto hoy en Rusia, donde un Lenin acaba de asegurar que los concejos ya están anticuados, y que ahora no es absolutamente necesario que un Estado proletario sea conducido por un concejo o un parlamento, que es suficiente que dos o tres personas orientadas hacia los proletarios gobiernen ese país. Estas personas orientadas hacia los proletarios son algunos millonarios judíos, y sabemos muy bien que detrás de dos o tres proletarios finalmente hay otra organización que está fuera del Estado: la Alianza Israelita y su grandiosa organización de propaganda, y la especial organización conductora de la Francmasonería (fuertes aplausos).

     Y en todas estas cosas debemos entender que no hay buenos o malos judíos. Aquí cada uno trabaja exactamente de acuerdo a los instintos de su raza, porque la raza, o debiéramos decir la nación y su carácter, como el judío mismo lo explica, radica en la sangre, y esta sangre obliga a cada uno a actuar según estos principios, ya si él es la mente principal en un partido que se llama democrático, o se llama socialista, o bien si es un hombre de ciencia, literatura, o sólo un explotador ordinario. Él es un judío; él trabaja con un solo brillante pensamiento: Cómo consigo que mi pueblo se convierta en la Raza Dominadora.

     Y cuando vemos, por ejemplo, en esas revistas judías, que está especificado que cada judío en todas partes está obligado a luchar contra cualquier anti-judío, dondequiera que éste esté y quienquiera que sea, entonces se sigue por deducción que cada alemán, dondequiera que esté y quienquiera que él sea, se convertirá en un antisemita (ovación y aplausos prolongados). Porque si el judío tiene una determinación racial, nosotros también, y también estamos obligados a actuar en consecuencia. Porque esto parece inseparable de la idea social, y no creemos que pudiera existir alguna vez un Estado con una salud interior duradera si no está edificado sobre la justicia social interna, y por ello hemos unido fuerzas conociendo esto, y cuando finalmente nos unimos, hubo sólo una gran pregunta: ¿Cómo deberíamos realmente bautizarnos?; ¿como un partido? ¡Un mal nombre! Mal reputado, desacreditado en la boca de todos; y cientos nos dijeron: "¿Por qué ustedes se han denominado como un partido? Cuando escucho esa palabra me vuelvo loco". Y otros nos dijeron: "No es necesario que nosotros nos organicemos más estrechamente; es suficiente que el conocimiento científico del peligro que representa la Judería gradualmente se profundice y los individuos, sobre la base de este conocimiento, comiencen a remover a los judíos que están entre ellos". Pero mucho me temo que esta hermosa manera de pensar entera fue diseñada por nadie más que un judío (risas).

     Luego nos dijeron después: "No es necesario que ustedes estén políticamente organizados; es suficiente quitarle a los judíos su poder económico. Sólo la organización económica: aquí está la salvación y el futuro". Aquí, también, tengo la misma sospecha de que un judío sembró esta idea la primera vez, porque una cosa se ha hecho clara: a fin de liberar nuestra economía de esta difícil situación es necesario combatir al patógeno, la lucha políticamente organizada de las masas contra sus opresores (aplausos tempestuosos), ya que está claro que el conocimiento científico carece de valor mientras este conocimiento no sea una base para una organización de las masas para la implementación de lo que consideramos necesario, y está claro además que para esta organización sólo pueden ser consideradas las amplias masas de nuestro pueblo. Como esto nos pone aparte de todos aquellos que hoy son los "salvadores de Alemania", llámense Bothmer o Ballerstedt, es que creemos que la futura fuerza de nuestra gente no debe ser encontrada en los bares Odeon o Bonbonniére [de Munich] sino en los innumerables talleres en los cuales ellos trabajan cada día, ya que es aquí donde encontramos a los millones de personas trabajadoras sanas cuyas vidas son la única esperanza de nuestro pueblo para el futuro (fuerte aplauso).

     Además, comprendimos que si este movimiento no penetra en las masas, para organizarlas, entonces todo será en vano, y nunca seremos capaces de liberar a nuestro pueblo y nunca seremos capaces de pensar en reconstruír nuestro país. La salvación nunca puede venir desde arriba: puede venir y sólo vendrá de las masas, de abajo hacia arriba (aplausos).

     Y cuando llegamos a comprender esto y decidimos formar un partido, un partido político que quiere entrar en la despiadada lucha política por el futuro, entonces oímos una voz: ¿Creen que ustedes siendo tan pocos pueden hacerlo?; ¿realmente creen ustedes que un par de tipos pueden hacerlo?. Porque entendimos que teníamos una inmensa batalla delante de nosotros, pero también que cualquier cosa creada por unos hombres puede ser destruída por otros hombres. Y otra convicción ha surgido dentro de nosotros, y es que esto no puede ser un asunto de si creemos que podemos hacerlo, sino sólo un cuestionamiento de si creemos que es correcto y que es necesario, y si es correcto y necesario, entonces ya no es una cuestión de si queremos sino que más bien es nuestro deber hacer lo que pensamos que es necesario (tempestuosa ovación). No pedimos después dinero y partidarios, sino que decidimos ir adelante.

     Y mientras otros trabajan durante una generación entera, quizás a fin de conseguir una pequeña casa o tener una jubilación despreocupada, nosotros ponemos nuestras vidas en juego y hemos comenzado esta difícil lucha. Si ganamos —y estamos convencidos de que vamos a ganar— aunque podamos morir sin dinero habremos ayudado a crear el movimiento más grande que se extenderá ahora sobre toda Europa y el mundo entero (fuerte aplauso).

     Los tres primeros principios estaban claros, y ellos son inseparables el uno del otro. El socialismo como el concepto final del deber, el deber ético del trabajo, no sólo para uno mismo sino también para el bien del prójimo; y sobre todo en función de este principio: el bien común antes que el propio bien, una lucha contra todo parasitismo y sobre todo contra los ingresos fáciles e inmerecidos. Y estábamos conscientes de que en esta lucha no podemos confiar en nadie sino en nuestro propio pueblo. Estamos convencidos de que el socialismo en el sentido correcto sólo será posible en naciones y razas que sean arias, y allí en primer lugar ponemos las esperanzas en nuestro propio pueblo, y estamos convencidos de que el socialismo es inseparable del nacionalismo (fuertes aplausos).

     Ser nacionalista no significa para nosotros pertenecer a un partido u otro, sino mostrar con cada acción, que uno beneficia al pueblo; esto significa el amor por toda la gente sin excepción. Desde este punto de vista comprenderemos que es necesario preservar la cosa más preciosa que tiene un pueblo: la suma de todos los poderes creativos activos de sus trabajadores, para mantenerlo saludable en cuerpo y alma (aclamaciones). Y esta visión del nacionalismo nos obliga a formar inmediatamente un frente contra su opuesto, la concepción semítica de la idea de nación, y sobre todo contra el concepto semítico del trabajo de duración determinada. Puesto que somos socialistas, también debemos ser necesariamente anti-judíos, porque queremos luchar contra el exacto opuesto que son el materialismo y el mammonismo (ovación).

     Y cuando hoy el judío todavía explica paso a paso, corriendo incluso a nuestras fábricas, y dice: "¿Cómo pueden ustedes ser anti-judíos socialistas?; ¿no están ustedes avergonzados?", entonces llega un momento en el cual preguntaremos: ¿Cómo puede usted no ser un anti-semita siendo socialista?. Llegará un tiempo cuando será obvio que el socialismo sólo puede ser llevado a cabo acompañado por el nacionalismo y el anti-judaísmo. Los tres conceptos están inseparablemente relacionados. Ellos son los fundamentos de nuestro programa, y por lo tanto nos llamamos socialistas nacionales, nacionalsocialistas (aclamación).

     Finalmente, sabemos cuán grandes deben ser las reformas sociales de modo que Alemania pueda recuperarse. Si eso no ocurre, quizás la única razón serán unos esfuerzos demasiado modestos. Sabemos que habrá que cortar profundamente. Si no, no seremos capaces de abordar el problema nacional y el asunto de la reforma agraria, y el problema del cuidado de todos aquellos que, día a día, trabajan para la comunidad, y en su vejez este cuidado no debe ser una miseria, puesto que ellos tienen derecho a que sus días de ancianidad todavía valgan la pena la pena de ser vividos.

     Si deseamos hacer estas reformas sociales, esto debe ir de la mano con la lucha contra el enemigo de toda institución social: la Judería. Aquí también sabemos que el conocimiento científico sólo puede ser el trabajo preliminar, pero que detrás de ese conocimiento debe haber una organización que un día será capaz de ir más a la acción. Y en esta acción permaneceremos firmes, lo cual significa la remoción de los judíos de entre nuestro pueblo (largos aplausos), no porque les envidiemos su existencia —congratulamos al resto del mundo debido a sus visitas (gran hilaridad)— sino porque valoramos la existencia de nuestra propia gente mil veces más alto que la de una raza ajena (aplausos).

     Y ya que estamos convencidos de que este anti-judaísmo científico, que claramente reconoce el terrible peligro de esta raza para cualquier pueblo, sólo puede ser una guía, y las masas siempre percibirán a aquella raza emocionalmente —ya que ellos conocen al judío antes que nada como el hombre en la vida diaria que siempre y en todas partes sobresale—, nuestra preocupación debe ser despertar en nuestro pueblo el instinto contra la Judería, y fustigarlo y enfervorizarlo hasta que ellos lleguen a la decisión de integrarse al movimiento que está dispuesto a asumir las consecuencias (ovación y aplausos).

     Algunas personas nos dicen: Si ustedes tienen éxito depende finalmente de si tienen el dinero suficiente, etcétera. A esto, pienso que se le puede decir lo siguiente: incluso el poder del dinero es de alguna manera limitado; hay un cierto límite más allá del cual, finalmente, no gobierna el dinero sino la verdad. Y somos todos conscientes de que, una vez que los millones de nuestros trabajadores comprendan quiénes son los líderes que ahora les prometen un dichoso reino futuro, cuando ellos reconozcan que en todas partes es el oro lo que está en juego, ellos arrojarán el oro en su cara y declararán: Guarden su oro y no piensen que ustedes pueden comprarnos (aplausos).

     Y no nos desesperamos si nosotros tal vez todavía estamos solos, si hoy, dondequiera que vayamos, vemos a potenciales partidarios, pero en ninguna parte el coraje para unirse a la organización. Eso no nos debería conducir por un mal camino; hemos aceptado la lucha y debemos ganarla. Les he asegurado antes de la elección que ésta no decidiría el destino de Alemania, que después de esta elección no vendría ninguna recuperación y, ya hoy, pienso que la mayoría de ustedes estarán de acuerdo conmigo. Lo predije en su momento, porque yo sabía que el coraje y la voluntad para actuar estaban ausentes en todas partes.

     Hemos proclamado como nuestra plataforma electoral sólo una cosa: que los demás acudan a las urnas hoy, al Reichstag, a los parlamentos y a recostarse en sus sillas de club; nosotros queremos subir a las mesas de las cervecerías y tomar a las masas con nosotros. Hemos mantenido esta promesa y la mantendremos en el futuro. Infatigable y constantemente, mientras tengamos una chispa de fuerza y aliento en los pulmones, saldremos y llamaremos a todo nuestro pueblo; y siempre diremos la verdad hasta que podamos comenzar a esperar que esta verdad ha de prevalecer, hasta que finalmente llegue el día en que nuestras palabras callen y comience la acción (tempestuosa ovación y aplausos duraderos).


(Pausa y discusión). Luego

Comentarios finales del orador Hitler:


     ¡Damas y Caballeros!: No somos tan terribles como nuestro enemigo primario, y no podemos desbaratar a la Judería por nosotros mismos; no imaginamos que sea muy fácil. Sin embargo, hemos decidido no salir con ninguna objeción. Pero una vez que el asunto llegue a una solución, ésta será llevada a cabo, y de manera completa.

     En cuanto a lo que dijo el caballero, que para él no importa, porque toda persona es un ser humano, estoy de acuerdo, mientras aquella persona no se interponga en el camino. Pero cuando otra raza sistemáticamente destruye las condiciones de vida de mi propia raza, digo No, no importa a quién pertenezcan ellos. En ese caso, digo que soy uno de aquellos que, cuando reciben un golpe en la mejilla izquierda, contestan con dos o tres de retorno (aplausos).

     Luego dijo el caballero que nuestro movimiento significaría una batalla que arrastraría a la clase obrera. Sí, sabemos que así como Dios prometió a nuestro pueblo el Reino de los Cielos sobre la Tierra, así lo hicieron los bufones durante cuarenta años, y luego en vez del Cielo ellos tendrán solamente un montón de escombros y miseria, de lo que no participamos. Nosotros no cometeremos aquel error (aplausos). No prometemos ningún Cielo sino una única cosa: que si usted está determinado a realizar este programa en Alemania, quizá una vez más vendrá el tiempo en que usted será capaz de tener una vida. Si usted lleva a cabo la reforma gloriosa que estos señores aquí desean, usted, en un tiempo aún más corto, va a afrontar la necesidad de embellecer esta vida con los mismos decretos que sus líderes Trotsky y Lenin publican ahora. Aquellos que no están dispuestos a luchar por las bendiciones de aquel Estado, mueren.

     Finalmente, él dijo que ellos se opusieron a cualquier capitalismo. ¡Mi estimado auditorio!: Los comunistas han estado luchando hasta ahora simplemente contra el capital industrial, y sólo han colgado a capitalistas industriales. Pero nómbreme a un solo capitalista judío que ellos hayan colgado. 300.000 rusos han sido asesinados en Rusia. El Gobierno soviético mismo admite esto ahora. ¡Entre aquellos 300.000 no hay un solo judío! Pero entre sus dirigentes más del 90% son judíos. ¿Es aquélla una persecución de los judíos o mejor dicho, en el más verdadero sentido de la palabra, una persecución de cristianos?.

     Luego usted dijo que usted luchó tanto contra el capital de préstamo como contra el capital industrial. Pero usted no ha combatido hasta ahora ni a uno ni a otro. Usted no puede luchar contra el capital industrial, sino a lo sumo destruírlo; y luego usted debe comenzar otra vez con un día laboral de 12 horas para reconstruirlo. Y lo otro: ¡usted nunca ha luchado hasta ahora! El capital le paga a usted (aplausos atronadores).

     Luego el segundo orador declaró que la causa de la revolución debería ser buscada en la pobreza. Preferimos plantearlo de esta forma: la pobreza ha hecho que Alemania estuviera madura para aquellos que querían la revolución. Usted puede leer el artículo escrito por su amo y señor que gobernaba entonces Alemania, el señor Rathenau, donde él explicaba exactamente que la revolución tenía un objetivo real y deliberado: el desplazamiento del sistema feudal y su reemplazo por la plutocracia. Esos hombres han sido los financistas de este glorioso movimiento. Si la revolución de ellos hubiera sido siquiera la amenaza más leve para el capital, entonces el Frankfurter Zeitung no habría anunciado triunfalmente el 9 de Noviembre: "El pueblo alemán ha hecho una revolución". Cuando hagamos nuestra revolución, el Frankfurter Zeitung silbará una melodía muy diferente (fuertes aplausos).

     Luego usted dijo después: Antes de la guerra uno no había escuchado nada acerca de los judíos. Es un hecho triste que hayamos escuchado tan poco. Esto no significa, sin embargo, que el asunto no existiera. Pero sobre todo, eso no es verdadero, porque este movimiento no comenzó después de la guerra, sino que ha existido en tanto ha habido judíos. Si usted revisa y lee la historia judía, los judíos gradualmente exterminaron a las tribus originales de Palestina por medio de la espada, de manera que usted puede imaginar que hubo anti-judaísmo como una reacción lógica. Y esto ha existido todo el tiempo hasta este día, y los faraones en Egipto eran probablemente tan anti-judíos como lo somos hoy. Si usted, antes de la guerra, hubiera no sólo leído a sus famosos escritores Moritz, Salomon, y otros —yo ni siquiera menciono a los periódicos que, a priori, llevan el sello de aprobación de la Alianza Israelita—, usted se habría enterado de que en Austria había un enorme movimiento anti-judío, pero también de que la gente de Rusia constantemente intentaba levantarse contra las sanguijuelas judías; que en Galitzia, los polacos gemían y ya no trabajaban, y a veces se alzaron de desesperación contra aquellos locos idealistas que estaban condenados al infierno por enviar a la gente tempranamente a sus tumbas. Lamentablemente, demasiado tarde hemos comenzado a entender esto allí, pero usted dice: Antes de la guerra, uno no había escuchado nada de ello. Pero realmente deplorables son sólo aquellos que lo oyen ahora y todavía no pueden hacerse del coraje para responder a nuestra llamada (aplausos tempestuosos).

     Luego usted declara posteriormente que Lenin cometió algunos errores. Estamos agradecidos de que al menos usted confiese que su Papa ha cometido errores (risas). Pero luego usted declara que usted no cometería esos errores. En primer lugar, cuando 300.000 personas son ahorcadas en Alemania y cuando nuestra economía entera es destruída a partir de su modelo, entonces su declaración de que usted no cometería los mismos errores no es suficiente. Usted parece tener una pobre idea de lo que el sistema bolchevique realmente significa. Él no mejorará la situación, sino que está puesto allí a fin de destruír las razas con estos errores. Cuando usted declara hoy que alguien actuó así en Rusia hasta ahora, ésa es una excusa lamentable; cuando usted quiere exterminar una raza, primero arruina totalmente una economía nacional; y finalmente ese Estado vive prácticamente sólo por la gracia de los oficiales zaristas que son llevados a la fuerza a hacer conquistas para él; entonces, en mi opinión, se trata de una política extraña. Una cosa que sé es que si no tenemos la voluntad de hierro para detener la locura de la guerra —aquel mutuo despedazamiento—, pereceremos.

     Finalmente, usted explica, ya que el capital de préstamo es internacional, no podemos luchar contra ello a escala nacional, porque de otro modo el mundo internacional nos aislará. ¡Ésas son las consecuencias de confiar en la solidaridad internacional! (fuertes aplausos). Si ustedes no nos hubieran dejado tan impotentes, no podría habernos importado menos si el otro mundo es feliz con o sin nosotros. Pero cuando usted mismo confiesa que esta Internacional, que prácticamente domina Gran Bretaña, Francia y Norteamérica, es capaz de aislarnos, ¿cree usted entonces que la lucha contra el capital se está librando allí?. Mientras esta Tierra ha existido, las naciones nunca han sido liberadas por la voluntad y los hechos de otras naciones sino por su propia fuerza, o ellas permanecerían en la esclavitud (aclamaciones).

     Y luego, finalmente, usted también acude a la Biblia, y eso es, después de todo, un buen signo en un comunista (risas). Y usted explica que, debido a una peculiar conformidad de la Biblia con nuestro programa de partido, yo soy un comunista. Lo que usted me está diciendo aquí, ya lo ha dicho el doctor Gerlich, y el señor Hohmann me ha llamado también: Si usted defiende lo que usted tiene en el programa, usted es un comunista. Por otra parte, el "Münchener Post" [periódico socialdemócrata] dice todo el tiempo que yo soy un archi-reaccionario, un retrógrado militarista completamente enfermo.

     (Interrupción: —«El "Post" es el reaccionario»).

     ¿Podría usted confrontar al editor principal con esto y permitir que yo escuche? (grandes risas y aplausos). También el "Kampf" [otro periódico socialdemócrata de Munich] enfatiza una y otra vez que somos el baluarte de la contra-reacción. Entonces recomiendo que usted primero vaya al "Post" y al "Kampf" y les diga que somos comunistas, porque a mí mismo no podría preocuparme menos cómo me llamen, si reaccionario, pan-germánico, un Junker, un gran industrial o un comunista. Soy y seguiré siendo un nacionalsocialista alemán. Tengo mi programa delante de mí y, como dije antes, lo proseguiré hasta la última chispa de mi fuerza y el último aliento en mis pulmones (larga ovación y aplausos).



El Presidente agradece por la numerosa concurrencia
y da por finalizada la reunión.

EL TELÉFONO PERSONAL DEl FÜHRER, VENDIDO POR 243.000 DÓLARES

El teléfono personal de Adolf Hitler, extraído del bunker berlinés del «Führer» tras caer el régimen nacionalsocialista y guardado desde 1945 en un maletín en la campiña inglesa, vio el pasado 19 de febrero la luz en una subasta en EEUU, donde se ha vendido por 243.000 dólares .

La casa” Alexander Historical Auctions” ofreció al mejor postor el histórico aparato en una puja en Chesapeake City (Maryland), un pintoresco y recóndito pueblo de poco más de 600 habitantes lleno de casitas de madera a orillas de un canal regado por el río Delaware.

El teléfono, descrito en el catálogo como «el arma más destructiva de todos los tiempos, que envió a millones (de personas) a la muerte», se puso a la venta en una subasta de objetos militares con un precio estimado de entre 200.000 y 300.000 dólares.

«Se ha vendido por 243.000 dólares. Se adjudicó en una puja telefónica. Es un buen precio. Estamos contentos», confirmó el vicepresidente de Alexander Historical Auctions, Andreas Kornfeld, obviamente judío.

El aparato, fabricado en baquelita por la empresa alemana Siemens, fue a parar a manos de un «coleccionista privado de Norteamérica», agregó Kornfeld, sin aportar más detalles sobre el misterioso comprador.

Hasta el día hoy, el teléfono había descansado en un maletín de cuero que el británico Ranulf Rayner, de 82 años, heredó de su padre, el brigadier Ralph Rayner, quizás el primer militar no soviético en acceder a las profundidades del búnker de Hitler.

El teléfono, que Hitler recibió de las Wehrmacht  y usó durante los dos últimos años de la II Guerra Mundial (1939-1945), era originalmente de color negro, pero se pintó de rojo, como atestigua su agrietada pintura.


En el reverso del aparato, se lee claramente el nombre de Adolf Hitler en letras mayúsculas, grabado junto al águila y la esvástica.

También llama la atención el auricular, que debía rotar casi sesenta grados antes de descolgarse, pues tiene un enganche que le impedía tambalearse en los desplazamientos del usuario.

«Era el artefacto móvil de destrucción de Hitler», subrayó el judío propietario de la casa de subastas, al precisar que posiblemente el líder del Tercer Reich dio algunas de sus últimas órdenes a la desesperada a través del teléfono, antes de suicidarse el 30 de abril de 1945 en el búnker, su refugio antiaéreo en el subsuelo de Berlín.

Tras rendirse las tropas germanas que protegían la ciudad el 2 de mayo de ese año, el Ejército soviético tomó el control de la devastada capital alemana.

Días después, el brigadier Ralph Rayner cumplió una orden del mariscal de campo británico Bernard Montgomery, que aceptó en Luneburg Heath (norte de Alemania) la rendición incondicional de las fuerzas alemanas desplegadas en ese territorio, Holanda y Dinamarca.

Rayner (1896-1977) recibió el encargo de establecer contacto con el Ejército Rojo en Berlín, donde fue finalmente recibido por los soviéticos, quienes le invitaron a visitar el búnker de Hitler.

Como regalo, los militares soviéticos le ofrecieron el teléfono negro hallado en la habitación de Eva Braun, esposa del «Führer», pero el oficial británico declinó la oferta con educación y eligió otro de color rojo situado cerca de la cama de Hitler.

«Le dijo a los rusos que era su color favorito, lo que gustó bastante a los rusos», comentó recientemente a la cadena CNN el hijo del brigadier, quien ha guardado con mimo el teléfono en una casa campestre de Inglaterra hasta la subasta.


El lote del teléfono subastado en Chesapeake City incluye, aparte del maletín de cuero, numerosa documentación sobre la autenticidad del aparato.

Uno de los documentos más destacados es un fax original, algo descolorido, con un mensaje de Rochus Misch (1917-2013), oficial de las SS y operador telefónico en el búnker de Hitler.

El antiguo militar, a quien la familia del brigadier localizó en Berlín años después de la contienda bélica, respondió en 1985 a una carta de un amigo alemán de los Rayner, que le pedía información a fin de conocer la historia del aparato.

«Por la foto -contestó Misch-, estoy de acuerdo en que este fue el teléfono rojo que acompañó constantemente a mi Padre (fórmula reverencial para referirse a Hitler) durante los dos últimos años de la guerra…»